Por Michel AGLIETTA y Nicolas LERON

Desde su entrada en el Elíseo, Emmanuel Macron se ha encontrado sobre la mesa de su despacho con la cuestión que ha venido obsesionando a sus predecesores: ¿Cómo actuar con Alemania? Esta cuestión se convierte hoy en claramente política al estar en trance de desaparecer la protección de Europa bajo hegemonía americana. Esto es lo que parece haber comprendido el presidente francés, a tenor de sus primeros pasos en la escena europea; a su vez la canciller alemana da señales de apertura ante las propuestas francesas de un ministro de finanzas y de un presupuesto de la zona euro.

Por Javier ARISTU

Comienza a ser llamativo, si no preocupante, la relación especular que mantienen algunos dirigentes políticos andaluces con Cataluña. Mantengo desde hace tiempo que la tradicional e histórica relación que ha mantenido Andalucía con Cataluña, o los andaluces con los catalanes, ha pasado en los últimos años a una nueva dimensión. Durante gran parte  del siglo XX los andaluces fueron a Cataluña a poner su fuerza de trabajo al servicio de la empresa y del capital catalán. Especialmente durante la mitad del pasado siglo esa oleada migratoria se convirtió en un fenómeno cultural y político de primer orden y ha dado sentido a la actual Cataluña, por mucho que les pese a las actuales élites dirigentes catalanistas de aquella comunidad. Hoy es muy difícil entender la Cataluña de 2017 omitiendo las realidades geográficas, sociales y culturales que están presentes en poblaciones como Hospitalet, Santa Coloma, Cornellá, Badalona, El Prat, Sant Adriá y muchos barrios de la propia Barcelona, donde la población de origen andaluz inunda sus casas y calles. Muchos cientos de miles de ciudadanos de origen andaluz (y de otras regiones españolas)  se han integrado en esa multiforme y plural sociedad catalana, colaboran diariamente en la vida y existencia de esa comunidad política y aportan su trabajo y su valor para mantener el prestigio que hasta ahora ha tenido Cataluña. No estoy seguro de que la actual dinámica segregadora de la élite directiva catalana esté reconociendo ese papel fundamental que jugaron y han jugado esas comunidades de sureños, charnegos o andalusos, como se quieran llamar. No es casualidad que sea Ciudadanos, ese partido escorado hacia el conservadurismo político en el conjunto español, quien pueda estar recogiendo en Cataluña las expectativas y frustraciones de la comunidad catalana de origen andaluz. Ya ocurrió así en las elecciones de 2015 cuando el partido de Inés Arrimadas se colocó como fuerza primera entre las opositoras del bloque soberanista, por delante de socialistas y de la izquierda de Catalunya Si que es Pot (actual Comunes). Los sondeos electorales siguen confirmando esa posición.

 

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Por fin, al alcanzarse los novecientos casos aislados de corrupción en el PP,  Rajoy ha decidido atajar de raíz el problema recordando lo que nos decía el cura “ya que no podéis ser castos, ser cautos”. Ha caído en la cuenta de que lo malo de la corrupción es su conocimiento, porque  el escándalo debilita la autoridad.

En los medios de comunicación ya aparecen voces que nos avisan de que el excesivo celo de la Guardia Civil va a convertir España en un estado policíaco; se establece la Ley Mordaza; se mueven jueces, fiscales y la frontera entre el poder ejecutivo y judicial; renace el término chisme con nuevo significado… y aparece en un horizonte próximo  otro espantajo que nos hará olvidar la corrupción: el separatismo catalán.

Por Santiago CARRILLO MENÉNDEZ

Sin lugar a dudas, estas elecciones presidenciales han sido el primer acto de un proceso que concluirá con las legislativas de junio y que convendrá analizar una vez haya concluido. Algunas enseñanzas/conclusiones se pueden sacar de este primer acto que ha venido a sancionar la descomposición del sistema político francés. Soplan vientos preocupantes, no solo en Francia, que tienen que ver con los profundos cambios sociales que han ido transformando nuestras sociedades, dejando a un lado sectores cada vez más importantes de las mismas que se sienten abandonados y perjudicados por el sistema.

Por Javier ARISTU

Se ha levantado alguna, o mucha, polvareda en relación con el asunto de la concesión de la medalla de oro de la ciudad de Cádiz a la Virgen del Rosario. La polvareda incluye a políticos en activo, periodistas, comentaristas de ocasión y, en resumen, a casi todo el mundo que se asoma por las ventanas de la opinión pública. Se ha convertido en un asunto de primer orden. Yo no sé si en verdad es un asunto social de primer o de cuarto orden pero dado que la polvareda es real y que en ella han participado, a veces con opiniones y juicios incomprensibles e incluso alucinantes, políticos nacionales de primera fila, me atrevo a entrar por alguna rendija del asunto y manifestar mi criterio. Por si sirve de algo. Pero antes de entrar en harina, me gustaría hacer un breve comentario sobre las últimas declaraciones de Pablo Iglesias acerca del pasado histórico de Cádiz. Literalmente contesta así a la pregunta del periodista: «En una ciudad como Cádiz, con esa tradición anarquista y liberal, esa Virgen, tan vinculada a las cofradías de pescadores, no va unida al conservadurismo que nos podría parecer desde fuera». La frase está repleta de esos tópicos y creencias que, sin haber sido contrastados, se van repitiendo una y otra vez hasta constituirse en “verdad indiscutible”. ¿Cádiz de tradición anarquista y liberal? Pues según y cómo se vea. Si repasamos la “reciente tradición” política de la ciudad, esta no representa precisamente los valores anarquistas: desde 1979 hasta 1995 (16 años, cuatro legislaturas) fue gobernada por el PSOE; a partir de 1995, con Teófila Martínez, Cádiz fue regida por la derecha, el PP, hasta 2015 (20 años, 5 legislaturas). Durante 36 años de democracia —un tercio de siglo— la “ciudad anarquista” ha dado su voto a los partidos del sistema bipartidista. Solo recientemente la preside un alcalde que es una combinación de valores antisistema y otros de religiosidad popular.

Por Juan JORGANES

La UDEF calcula en 70 millones los beneficios de la familia Pujol en Andorra. Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat, confesó en 2014 que disponía desde 1980 de una fortuna sin regularizar en el extranjero. Procedería de una herencia de su padre. “Su conciencia y su cargo le empujaban a rechazar esta herencia”, pero la aceptó para respetar la voluntad de destinarla a su esposa y sus siete hijos. “Lamentablemente”, no había encontrado el momento de ponerse al día con la Hacienda pública. Con toda la familia involucrada en procesos judiciales, se ha publicado una nota manuscrita de la matriarca, Marta Ferrusola. Se identifica ante el presidente de su banco andorrano,  como “madre superiora de la congregación”. Le pide al “mosén”, que “traspases dos misals de la meva biblioteca a la biblioteca del capella de la parroquia, ell ja li dirà a on s’ha de colocar”. Su cuenta registra entonces, diciembre de 1995, un movimiento de dos millones de pesetas.