Por Javier ARISTU

¿Qué hacen los sindicatos? ¿Dónde están los sindicatos? Son preguntas que he venido oyendo a lo largo de estos últimos años, años de crisis de las estructuras intermedias de la sociedad, tiempos de zozobra donde caen instituciones hasta ahora indiscutibles y se levanta un murmullo de crítica indiscriminada contra todo lo que sea ejercer una tarea de representación de la gente. Dentro de ese rumor, muchas veces elevado en el volumen por medios de comunicación muy interesados, los sindicatos aparecen destacados en el descrédito y demérito. Hablo de los sindicatos de clase; los corporativos, amarillos y gremiales no suelen recibir las mismas críticas desde esos círculos del poder mediático, curiosamente.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Parece inexplicable la irresponsabilidad con que las dos principales fuerzas de Izquierdas de este país nos están llevando al abismo de unas nuevas elecciones con su corolario de un más que posible triunfo de las Derechas. Hace 5 meses las Derechas parecían un púgil noqueado incapaz de sostenerse sobre la lona. El electorado progresista estaba eufórico por haberse movilizado con éxito para impedir el acceso al poder del trío derechista reunido en Colón. La absoluta incapacidad mostrada por el PSOE y UP para traducir esta victoria electoral en un Gobierno fuerte que comenzara rápidamente a revertir las lesivas políticas de la Derecha durante los años de crisis y afrontar los graves problemas que tiene planteado este país, las pensiones, Cataluña, la recuperación de los servicios públicos, la sostenibilidad energética, el paro y el subempleo, la emigración… han provocado la decepción en una gran parte del electorado de Izquierdas y la inquietud ante la muy probable posibilidad de tener que pasar otra reválida en forma de nueva convocatoria a las urnas.

Por Javier ARISTU

Si la política italiana merece algún epíteto, el de imaginativa le encaja perfectamente. Se trata de una metodología social y política que, a pesar de sus deficiencias y limitaciones, le ha dado considerables réditos como sociedad civil y como Estado político: viene funcionando en una permanente y aparente inestabilidad institucional y partidaria desde los años cincuenta del pasado siglo pero, salvo contadísimas excepciones, es una democracia parlamentaria consolidada. Sus problemas económicos no le impiden seguir marchando como una economía relativamente avanzada y sus perennes crisis de gobierno no han sido motivo como para que el país deje de moverse de forma relativamente razonable. En los años 70 y 80 del siglo XX Resolvieron la crisis simultánea del terrorismo rojo –bien es verdad que con el pasivo de asesinatos de Estado como el de Moro– y del terrorismo negro, con asesinatos de sindicalistas y masacres ignominiosas; han logrado contener la ofensiva mafiosa (recuerden los asesinatos de los magistrados Falcone y Borselino); en los 90 entró en liza un tiburón depredador como Berlusconi que hoy es un pececillo engullido en una red diferente a la que él diseñó. La última crisis de este verano ha mostrado esa capacidad imaginativa del sistema político italiano para darle la vuelta al calcetín: hace un año Italia estaba en manos de una “coalición de locos”, la formada por el M5S –los populistas antistema– y la Liga –los populistas parafascistas. Italia iba camino de una solución autoritaria y antieuropea de la mano de Salvini.

Por José Luis ATIENZA

Las negociaciones para formar gobierno no se pueden abordar sin asumir lo evidente, que las elecciones del 28 de abril de 2019 lograron movilizar a la izquierda y el sentido común en la España plurinacional por encima de la crispación y del tripartito de la plaza de Colón y cierra España. Por el contrario, el fracaso de la investidura en las dos votaciones del 23 y el 25 de julio ha provocado la desmovilización y la decepción de los votantes de izquierda. Decepción en el qué ha pasado, y en cómo ha pasado.

Por Javier ARISTU

Maquiavelo escribió a propósito del gobernante ideal: «Es preciso, pues, que tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que, como he dicho antes, no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de necesidad, no titubee en entrar en el mal». Parece algo fuerte esta sentencia del florentino pero viene como anillo al dedo a la actual situación española y, muy especialmente, a la posición o actitud marcada por Pablo Iglesias y su grupo. Concretemos.

Por Javier ARISTU

Difícil ponerse a comentar lo ocurrido esta mañana, y los días y semanas pasados, en el Congreso de Diputados. Difícil, porque lo primero que me viene a la cabeza es «sonrojo, vergüenza, perplejidad, enfado, irritación…» y podríamos seguir con términos de esos campos semánticos. Sin embargo, lo ocurrido esta mañana en la carrera de San Jerónimo no tiene nombre: ha mostrado una incapacidad inmensa de las dos fuerzas políticas que se autodenominan de izquierda o progresista a la hora de alcanzar un mínimo acuerdo para sacar adelante la investidura del candidato socialista. No voy a hablar de culpabilidades o de pecados a la hora de negociar, pero es evidente que en política los acuerdos, y los desacuerdos, se consiguen, también, porque los negociadores de una parte o de ambas están capacitados o no dan la talla, no son buenos negociadores. No todo es política en estado puro, también son vicios y virtudes humanas, muy humanas, las que facilitan los acuerdos o las divergencias. Algo más que lo que han dicho hasta ahora tendrán que decir a los españoles, por este orden, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Carmen Calvo o Pablo Echenique. Los dos primeros, al ser responsables políticos máximos de sus fuerzas políticas —y Pedro Sánchez, además, candidato a la investidura—; pero los otros dos, han sido los negociadores del primer nivel. Y creo que no lo han hecho nada bien.

Por Francisco ACOSTA ORGE

Nunca será suficiente y satisfactorio, el análisis de  la acción sindical y el papel de la  clase trabajadora o asalariada en las actuales y complejas formas de las sociedades modernas y desarrolladas, extendidas en la mayoría de las zonas geográficas del planeta. Un tipo de actividad organizada, como es la del sindicalismo, nacida casi a la par del nacimiento del capitalismo y la posterior expansión de la industrialización, tiene por fuerza que, para evitar desaparecer o quedar reducida a una forma testimonial e histórica, configurarse de cara al futuro, sin perder de vista  la fuerza del valor del trabajo, como valor de cohesión social incuestionable y determinante para que  los ideales de bienestar y justicia social, sean mantenidas en el devenir histórico de la humanidad.

Por Javier ARISTU

Dijo Neil Postman  que la invención y aplicación del telégrafo a la vida humana, a mitad del siglo XIX, marcó de forma definitiva el mundo de la información. La noticia, enviada por el cable telegráfico a distancias kilométricas y en segundos, descontextualizó definitivamente el hecho noticiable y, a la vez, convertía lo más nimio e intrascendente en noticia publicable. Con el telégrafo y la prensa que se alimentaba de este sistema de comunicación se producía una “inundación de noticias” que no tenían nada que ver con la gente y ante la que ésta no podía reaccionar ni remover nada. Dejó escrito el teórico estadounidense (Divertirse hasta morir, 1985) que a partir de ese invento, el mundo del periodismo cambió las costumbres de la sociedad americana y, citando las palabras del inventor Morse, convirtió «a la sociedad norteamericana en un vecindario». Desde entonces ese mundo de noticias ha seguido cambiando y evolucionando, en tecnología y en concepto de «vecindario». El último capítulo de esta serie desinformativa se llama Twiter, la red social donde millones de personas vuelcan, volcamos, diariamente nuestras turbaciones.