Por Javier ARISTU

Sé que hoy toca hablar del Comité federal del PSOE, que celebra su reunión para decidir la posición a tomar en el posible próximo debate de investidura. Pero, antes, y a propósito de un hecho sucedido la semana pasada, me parece importante reflexionar sobre la relación entre poder, y símbolos del mismo, y contrapoder, y símbolos del mismo.

Se ha comentado mucho la noticia de la frustrada conferencia de Felipe González y Juan Luis Cebrián en la Universidad Autónoma de Madrid el pasado 19 de octubre. Hay dos artículos que he leído con mucho interés, publicados uno en Cuarto Poder y otro en Ctxt (Contexto y acción). Y esto por varias razones: una) que el primero está firmado por un amigo, Sebastián Martín, que, además, es persona de criterio valioso y juicioso; dos) que otro de los artículos leídos está “firmado” por uno de los participantes en el boicot a los dos conferenciantes; y tres) porque, en general, no me suelen interesar las opiniones que se vierten en otros medios como La Razón o ABC que, al parecer y siguiendo su línea editorial, han aprovechado el acontecimiento para provocar un ataque desmesurado y manipulador contra Pablo Iglesias, Podemos y los propios estudiantes boicoteadores. Ataque al que se ha apuntado, para no variar su última línea editorial, el periódico El País. No voy, en consecuencia, dedicar estas líneas a descalificar o criticar las plataformas ideológicas o de opinión de esos diarios de la derecha española. El propio artículo de Sebastián Martín, como el de otras personas que han salido a la tribuna pública, aporta sustanciosos argumentos para esa misión.

Por Francisco J. GONZÁLEZ VÁZQUEZ

En los últimos años se ha popularizado la consigna ¡Podemos!.

Es curioso que se olvide que su inventor próximo fue Obama con su ‘Yes, we can‘.

http://www.nytimes.com/2008/01/08/us/politics/08text-obama.html?pagewanted=all

(En donde, por cierto, este eslogan no sólo denotaba una voluntad política abstracta: también enunciaba la posibilidad de llevar a cabo varias acciones políticas concretas)

También es curioso que ahora utilicen el eslogan corrientes políticas pretendidamente más radicales.

El caso es que ‘podemos’ es una etapa en el desarrollo de una acción política. Otras etapas son, por ejemplo: ‘queremos’,’sabemos’, ‘analizamos’, ‘evaluamos’, ‘podemos’ (en esta posición de la lista) , ‘proponemos’, ‘convocamos’, ‘iniciamos’, ‘impulsamos’…

En el contexto de una acción, el uso habitual del vocablo ‘podemos’ aparece en frases del tipo: ¿Podemos hacer la acción X? Si, podemos debido a las razones A, B, C,…. O bien: No podemos debido a… etc.

Pues bien, es imposible hacer una pregunta acerca de si ‘podemos’ hacer algo, y mucho menos contestarla, sin ‘querer’, ‘saber’, ‘analizar’, ‘evaluar’, …

En este sentido, me temo que, para salir de la situación en donde nos ha metido la actual crisis, hace falta que ‘quieran’ unos cuantos sectores sociales fundamentales. Aquí, me voy a referir en particular al caso de la UPE.

Por Carlos ARENAS POSADAS

La mayoría absoluta del PP, la que consiguió en 2011 con celestiales promesas que engatusaron a esa parte de la población que tiene a gala pasar de política, ha producido la última de las cacicadas populares: cambiar por decreto la ley que regula la estructura de los grados universitarios, para que puedan pasar de cuatro a tres años, pasando los estudios de postgrado de uno a dos.

Sin consultar con nadie, se lanza, solo cinco años después de la última reforma en la universidad, a una nueva, con lo que coincidirán el próximo curso estudiantes de tres planes de estudios distintos: los de las extinguidas licenciaturas de cinco años; los de los actuales grados de cuatro y los de los nuevos grados de tres.

Cuáles son las intenciones y las consecuencias  de la reforma:

Una. Recortar el gasto universitario. Haciendo sencillas cuentas, con la reducción de un curso, sobrarán de las universidades un 25 por ciento de los profesores, lo que afectará, como ya lo está haciendo, a personas con muchos años en la carrera docente que tendrán un difícil encaje en el mercado de trabajo.

Dos. Reducir un año el grado universitario supone recortar  en un 25 por ciento la inversión familiar pero también el dinero destinado a subvencionar las tasas universitarias, a pesar de que en España sean unas de las más altas de Europa (recordar que el Estado subvenciona en torno el 80 por ciento del precio real de la matrícula).