Por Manuel ALCARAZ RAMOS

La genealogía de la izquierda está atravesada por el ideal de la unidad. En símbolos, himnos y retórica la unión es una pieza mágica que obrará milagros. Es lógico: en los orígenes de la izquierda hacer frente común contra los explotadores era cosa de vida o muerte, a veces literalmente. Y sin embargo la realidad es que la izquierda nunca ha estado unida. No es preciso apelar a insolencias, liderazgos absorbentes o traiciones: la lucha por la emancipación también ha exigido, y exige, una imaginación fértil, adaptativa, que permita sobrevivir en un medio hostil: eso diversifica la especie. Dice Walter Benjamin que la historia de la cultura se escribe con documentos de barbarie, y debe ser verdad, si lo sabría él. Contra esa barbarie la izquierda se alzó con maneras necesariamente distintas, incluyendo la distinción indigna de bárbaro verdugo. El arco iris de sensibilidades enriquece y empobrece a la izquierda, pero es lo que hay. Se llama dialéctica. Pero a veces la izquierda sufre más y pone en el centro de su corazón herido, otra vez, la nostalgia por la unidad que nunca fue: así, en nuestras sociedades democráticas la necesidad de unión se incrementa cuando se rompe la cohesión social. O sea, que cuando la unión es más necesaria es cuando más difícil es de construir, porque duelen más las viejas heridas y siempre hay viejas heridas, viejas cuentas que saldar. Téngase en cuenta, porque peor que las diferencias son tremendas las diatribas que en nombre de la unidad usan para insultarse los hermanos. Son muy aburridas.

Por Paco DURÁN LAGO

Hace 34 años que el pueblo andaluz aprobó en Referéndum su primer Estatuto de Autonomía (28 de Febrero 1980). Dos años antes, el pueblo andaluz junto al resto de españoles aprobaron la Constitución Española el 6 de diciembre 1978.

En su ya larga historia aquellos fueron dos momentos  de una enorme transcendencia e importancia para la vida de los andaluces/as  ya que  la Andalucía de aquella época era una región de  las más pobres y  atrasadas en España

El segundo Estatuto andaluz se aprueba en el año 2007, 27 años después del primero, tiempo suficiente para adecuarlo a los cambios que se habían producido en Andalucía. Uno de los párrafos del preámbulo dice lo siguiente: “si durante el último cuarto de siglo se han producido transformaciones intensas en el mundo, estos cambios han sido particularmente acentuados en Andalucía, donde en ese periodo hemos pasado del subdesarrollo económico y cultural a un panorama similar al de las sociedades más avanzadas, como ejemplifica la inversión de nuestros flujos migratorios”.

Por Javier ARISTU 

Foto por OregonDOT
Foto por OregonDOT

UNO. Los partidos llamados de izquierda siguen viviendo en un mundo de imágenes del pasado. Una cierta nostalgia invade a las organizaciones que representan al pueblo de izquierda. Banderas, colores, siglas, eslóganes y cantos de una izquierda del siglo pasado… para realizar a veces una política conservadora o simplemente no realizar ninguna. En una parte de esa izquierda se ha sustituido la política por el uso del poder por el poder; en el otro lado, una liturgia repetitiva y de himnos se combina con la ineficacia del que grita mucho pero no influye. La derecha política, desde la gran operación Fraga-Aznar de finales de los años 80, ha sabido encontrar un camino que combina el populismo —léase representación de intereses de sectores populares— con un programa neoliberal y de enorme dureza social. Los jóvenes, y no tan jóvenes, cachorros de la derecha han aprendido de Thatcher pero también de Berlusconi; de Sarkozy y de la derecha nórdica; de Hayek pero también de Blair. Es una formación que, proveniente de la cultura política y de las redes asociativas del franquismo, ha evolucionado hacia un modelo de partido de masas, popular, que compite y triunfa en casi todos los caladeros electorales, incluso en aquellos donde la izquierda había sido hasta ahora dominante. Pruebas: las elecciones de 1993 demostraron que eran capaces de vencer al invencible hegemonismo del PSOE (recordemos la frase de Felipe González en los años 80 diciendo que el líder de la derecha todavía estaba estudiando COU. Pocos años después, Aznar le ganaba las elecciones). Las elecciones de 2011: el PP alcanza resultados desconocidos nunca en la democracia española. Andalucía 2012: la tierra prometida del socialismo y de la izquierda en su conjunto pasa a ser tierra conquistada por el PP. No olvidemos que este partido de la derecha andaluza, dirigido por Arenas, a pesar de no tener la mayoría absoluta —por muy poco— fue el ganador en votos y escaños en estas últimas elecciones. En resumen: la derecha ha sabido adaptarse —popularizar su discurso que de rancio y elitista ha pasado a interclasista y populista hasta hacerlo hegemónico— mientras que la izquierda o bien se ha instalado en la burocracia del poder —perdiéndolo poco a poco precisamente por no tener discurso social— o bien ha seguido relatando historias del siglo pasado, nostálgica y melancólica.