Por Carlos ARENAS POSADAS

A pesar de las bufonadas que se le han descrito; es más, gracias a esas bufonadas, Donald Trump ha conseguido ser presidente de los todavía unidos Estados Unidos de América. No cabe duda de que este individuo, antes master chef de un programa de cazatalentos para empresas sin escrúpulos, ha seguido su propio instinto y el asesoramiento de la gente que ha dirigido su campaña para que 60 millones de norteamericanos se hayan sentido seducidos por el mensaje borde y zafio que el truhán de pelo panocha les ha metido en la cabeza.

El tipo, una vez llegado a la Casa Blanca, que es lo que quería, posiblemente reduzca la zafiedad de su discurso y abandone lo más grosero de su casposo programa; se pondrá en manos, como lo han hecho todos los presidentes anteriores, de los poderes fácticos y aquí paz  -espero- y después gloria. El truhán, desde el primer momento, apelando a la unidad de la nación en contra de la fractura social que preconizaba, ya ha abandonado a los suyos y, tirará a la basura, qué duda cabe, las reaccionarias pero sinceras expectativas de muchos de sus votantes.