profGeremekEncuentro con Bronisław Geremek

«Es más fácil unir las economías y las administraciones que unir las memorias. Los nuevos países miembros de la UE tienen una memoria diferente»

Bronisław Geremek nació en 1932 en Varsovia. Una parte de su infancia la pasó en el gueto de esa ciudad, de donde su madre y él lograron escapar en 1943. Diplomado en historia por la Universidad de Varsovia en 1954, continuó sus estudios en Paris, en la École Pratique des Hautes Etudes. Medievalista, especializado en el estudio de la pobreza y la marginalidad en Europa, en 1962 se hizo cargo de la dirección del Centro de civilización polaca creado en la Sorbona.
Militante del comunista Partido Obrero de Unificación Polaco, Bronisław Geremek se distanció del mismo tras la invasión de Checoslovaquia en 1968. Convertido en una de las figuras prominentes de la oposición polaca desde 1970, apoya en agosto de 1980 las grandes huelgas de Gdansk y se convierte en uno de los consejeros del movimiento sindical Solidarność (Solidaridad).
Abogado de la causa de la ampliación de la UE a sus vecinos de Europa central y apasionado actor de la construcción europea, , Bronisław Geremek no cejó en sus compromisos políticos desde 1989. Ejerció de forma notable sus funciones de diputado en el parlamento polaco (Sejm), fue Ministro de Exteriores desde 1997 a 2000 (él firmó en representación de Polonia el tratado de adhesión de su país a la OTAN de 1999), diputado europeo de 2004 a 2008 y desde 2006 Presidente de la Fundación Jean Monnet por Europa.
Aziliz Gouez et Katarzyna Biniaszczyk lo entrevistaron en la primavera de 2008 en su oficina del Parlamento europeo en Bruselas. El 13 de julio de ese año Bronisław Geremek murió en un accidente de automóvil.
 
 

¿Cómo podemos definir a Europa Central?

Europa Central es la nostalgia de Europa. Es el sueño de los pueblos que tenían el sentimiento de haber sido erradicados de su entorno natural, es decir, el de la cultura europea y todo lo que ella representa. El sueño de Europa Central era simplemente volver a encontrar a Europa.

¿En qué se ha convertido ese sueño?

Desapareció puesto que era un sueño de liberación. Ahora que Europa Central forma parte de la Unión europea es un horizonte que ya no moviliza. El 1 de mayo de 2004 vimos con emoción nuestro sueño realizado: Enfin voilà le retour en Europe! La visión de la bandera de la Unión europea izada sobre la plaza Piłsudski de Varsovia, a medianoche, nos impresionó mucho. Desgraciadamente ese fue un gran momento solo para nosotros, para los países que venían hacia Europa. No fue un  momento de felicidad y de alegría en el lado occidental.

¿Tenemos hoy un nuevo sueño europeo para reemplazar al de aquella época de división de Europa en bloques? No estoy seguro…

 

Verschuren_1132Por Javier VELASCO

florimontEl miércoles pasado tuve la satisfacción de tomar una cerveza con Joannis Van der Meer, inefable personaje que me había presentado mi amigo Javier Aristu en la época en que daba clases en la Escuela Europea de Uccle a chavales que , como mi hijo, vivían un mundo aparte y aparentemente feliz.

Me lo encontré en la Brasserie Verschueren, cervecería de  izquierdas, si es que existe eso, cuyo propietario tiene una librería comunista sin complejos en una calle cercana. La librería se llama Aurora, bellísimo nombre, y él se llama Florimont de Witte, nombre aristocrático que sugiere un cambio de trinchera. La atmósfera, como podeis ver, es maravillosa: un sitio donde  puedes leer durante horas sin que el camarero venga a presionarte para que consumas, un ambiente art-deco que te indica austeridad y control del tiempo que pasa; un dueño, lo podeis observar, que es claramente de los nuestros,  y una librería que hoy puede ser catalogada como actual. En la vitrina todos los libros que forman parte de nuestra historia individual: Poulantzas, Althusser, Marcuse, Lenin, Fanon, Harvey, Anderson, Hobsbawn, Arrighi, etc., sin que falten bustos de todos los fundadores, por supuesto con Marx a la cabeza.

Foto Flickr: por Landahlauts
Foto Flickr: por Landahlauts

Por CARLO FORMENTI

¿Qué será de los millones de personas que van por ahí conduciendo automóviles o camiones cuando, de aquí a un cuarto de siglo, sus profesiones hayan desaparecido debido a la multiplicación de vehículos capaces de guiarse solos, según el modelo que está experimentando Google?

Así comienza un largo artículo sobre los escenarios del desempleo tecnológico aparecido en la edición digital del Washington Post que, un poco más adelante, se pregunta: ¿estamos dispuestos a vivir en un mundo en el que el 50% de la gente no dispondrá de un empleo?

El debate acerca de los efectos que las nuevas tecnologías, robots, ordenadores y software sobre todo, tendrán sobre el empleo en los próximos decenios ha venido a ser, en las últimas  semanas, particularmente vivaz en los medios de comunicación americanos. En los países europeos, por el contrario, se habla curiosamente poco, a pesar de que las páginas de los periódicos están llenas de titulares alarmantes sobre el aumento del paro provocado por la crisis, como si la técnica fuese un factor extrínseco, relativamente poco influyente en la evolución del sistema económico.

En esta diversa actitud influye, probablemente, la mayor atención que la cultura americana ha dedicado siempre a la tecnología, hasta hacer de ella un objeto de culto, unida a la profunda conciencia del hecho de que la hegemonía económica y militar de los EE.UU. se basa en gran medida en la supremacía tecnológica, y que la posibilidad de conservar esa hegemonía depende, a su vez, de la capacidad de mantener tal supremacía. Pero, para volver al mencionado artículo, su anónimo autor (se trata de de un texto tomado de la agencia Associated Press) diseña tres escenarios posibles: 1) después de la crisis la economía volverá a generar puestos de trabajo con independencia de los efectos de la automatización sobre un creciente número de tareas o trabajos; 2) la economía volverá, sí, a generar empleo pero se tratará en su mayoría de empleos de bajo nivel y cualificación; 3) debemos resignarnos ante el hecho de que las nuevas tecnologías están inevitablemente destinadas a generar fenómenos cada vez más grandes de desempleo de masas.

Por Alain SUPIOT

Trabajadores en la planta  Kenworth, Seattle, 1934. Foto del Museum of History and Industrie, Seattle.
Trabajadores en la planta Kenworth, Seattle, 1934. Foto Flickr, propiedad del Museum of History & Industrie, Seattle.

[viene de anterior] Ahora hay nuevos riesgos tras la ruptura del pacto fordista y que con las nuevas formas de organización del trabajo generadas por la revolución digital precipita a muchos trabajadores a la inseguridad económica. En el universo fordista el trabajador estaba privado de la experiencia específicamente humana del trabajo. En él corría el peligro de perder su salud física y, a veces, su vida, estando expuesto al embrutecimiento, pero no peligraba su razón. El análisis jurídico permite datar con mucha precisión el nacimiento y extensión de este nuevo riesgo. Aparece por primera vez en el código francés del trabajo en 1991 y es en el año 2010 cuando los problemas mentales y de comportamiento se introdujeron en la lista de enfermedades profesionales de la OIT.  Los médicos del trabajo, a finales de los noventa, han empezado a informar de suicidios en las fábricas. Su número ha aumentado en los últimos años, no sólo en los países occidentales sino también en las empresas de los países emergentes  que importan los mismos métodos, especialmente en China. Un caso especialmente difundido [además de los tristemente célebres de Télécom France, JLLB] es el del mayor fabricante mundial de componentes electrónicos, la empresa Foxconn Technology, subcontratista de Appel, Dell y Nokia, en la que once jóvenes trabajadores se suicidaron durante el primer semestre de 2010 (Libération, 3 de junio de 2010).  Este fenómeno de los suicidios apareció en un contexto de aumento del estrés y depresiones nerviosas relacionadas con las condiciones de trabajo.

 Estas nuevas formas de deshumanización del trabajo no son una fatalidad ni el rescate inevitable del progreso técnico. Al contrario, las nuevas tecnologías de la información pueden ser un formidable instrumento de liberación del hombre cuando le permiten concentrar las fuerzas de su espíritu en la parte más creativa de su trabajo, es decir, la más poética en el primer sentido del término. Pero estas posibilidades son ignoradas cuando se concibe al trabajador siguiendo el modelo del ordenador como medio de humanizar el trabajo. Sometido en el tiempo real de la informática, absorbido en una representación virtual del mundo y evaluado en términos de los indicadores de rendimiento sin relación con las condiciones de su ejecución, el trabajo no es la manera esencial de la inscripción del ser humano en la realidad del mundo. Por el contrario, le bloquea en un sistema de significantes sin significados que le exige una capacidad de reacción sin límites al tiempo que le priva de toda capacidad de acción real, esto es, de la capacidad de obrar libremente a la luz de su experiencia profesional y en el seno de una comunidad de trabajo relacionada con la tarea que debe cumplir. Allá donde el taylorismo puso en marcha la total subordinación de los trabajadores a una racionalización que les era externa, tuvo que construir su programación,  es decir, extender al espíritu aquella disciplina que, hasta entonces, estaba reservada al cuerpo usando masivamente la disciplina psicotécnica.