Por Javier ARISTU

La actual situación interna del PSOE es un termómetro o radar de lo que está pasando en el conjunto de la socialdemocracia y en el ámbito de la política, lo que, en definitiva, no es sino la manifestación de una profunda, compleja y dilatada crisis de las relaciones sociales en nuestra época. Vayamos por partes.

La lucha por el poder dentro del PSOE y que mañana domingo tendrá una visualización evidente con la confirmación de Susana Díaz como candidata a dirigir el partido ha adquirido un tono de agresividad, competencia y confrontación como nunca lo hubo en los anteriores duelos entre Zapatero/Bono y Rubalcaba/Chacón. Dejemos aparte la larguísima y sinuosa disputa entre González y Guerra que dio forma y sentido a ese partido durante los años 80 y 90. Y obviemos a Patxi López porque no se sabe bien qué papel juega en este escenario guerrero. Lo que hoy se dirime entre Pedro Sánchez y Susana Díaz es algo parecido a las guerras púnicas: duelo de civilizaciones a muerte, hasta el exterminio del adversario. Otros prefieren recurrir a la imagen del duelo del Oeste, dos pistoleros en una calle polvorienta, jugándose la vida a tiros. Prefiero la clásica de las batallas púnicas entre romanos y cartagineses porque en el actual enfrentamiento protagonizado por Sánchez y Díaz se han cristalizado todas las tensiones y contradicciones que han venido inundando lenta pero progresivamente a ese cuerpo político y electoral que es el Partido socialista.

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Yo, que fui tribuno de la plebe (versión sindicalista) en los setenta, conocía ya al patricio Trump cuando, en los ochenta,  era un icono de los jóvenes americanos.Donald era entonces un abanderado de la desregulación y yo, como sindicalista de una empresa nacional, Iberia, expuesta a los rigores de la globalización, defendía que los estados debían regular  el transporte aéreo.Durante décadas los sindicatos nos opusimos a la política de desregulación que propugnaban los neoliberales. Ganaron ellos.

Por Anna COOTE

Jornadas prolongadas y salarios escasos están causando estragos en nuestras vidas. En vez de fijarnos tanto en el crecimiento, la reestructuración de la semana laboral permitiría que la gente prosperara.

El aumento de la presión en el trabajo está haciendo pagar un pesado peaje a la vida del hogar. Los trabajadores dicen que sus jefes les quieren antes en el trabajo que en la familia, y que estén de guardia todo el día. De cada cuatro entrevistados más de uno confirma que trabaja más horas de las que desea, según la última encuesta de YouGov.

Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA
Nunca ha estado del todo clara la utilidad de los sindicatos, ni siquiera en una sociedad organizada a partir del trabajo. Se ha criticado su corporativismo, su visión parcial y en cierto modo egoísta de las necesidades sociales, su vocación defensista, su promoción del conflicto social como método; y de forma más global dentro de la teoría de la izquierda, se ha señalado su carácter subordinado y de alguna manera ancilar (la correa de transmisión) en relación con la primacía jerárquica y la ambición prometeica de los partidos políticos.

Por Javier ARISTU

Ayer, día de comienzo de la campaña electoral, CC.OO. de Sevilla logró reunir en su sede, en acto público informativo, a los cabezas de lista provinciales de cada una de las candidaturas más representativas. Su reclamo era evidente: que cada una de las fuerzas políticas expusieran ante el público sus programas de cara a los asuntos que más pueden interesar a un sindicato como son el trabajo, el empleo, los derechos sociales de los trabajadores o los aspectos relacionados con las reformas laborales.

Considero que es un éxito que un sindicato celebre este tipo de actos convocando a las fuerzas políticas a debatir entre ellas y a explicar públicamente lo que piensan sobre esos asuntos. Como hemos dicho repetidamente en este blog el trabajo está siendo “invisibilizado” en los medios de comunicación, se tiende a crear opacidad alrededor de ese mundo, como si fuese algo marginal, exterior a la sociedad actual. En los medios que manejan la información política priman más aspectos anecdóticos, personales o simplistas de los candidatos que los verdaderos asuntos que hoy padecen los españoles; en cierto modo, mirar un programa de debate político en una televisión —con algunas y notables excepciones— es como ver un programa de estrellas de la canción.

Por Javier VELASCO MANCEBO

Un juicio se realiza con la base de muchas ideas. Las ideas en que se basan los juicios deben ser muchas y verdaderas, nunca falsas. Desde que el mercado impera en  nuestras vidas, los juicios adolecen de poca calidad. Los juicios solo necesitan que sean aceptados por el mercado y que se incorporen al llamado sentido común, que, como podemos observar en muchos casos, puede ser un sentido falso, que no se apoya en ideas verdaderas. Lo mismo pasa con los juicios que se producen en el periodismo y en la televisión y, por supuesto, en el mundo político, empresarial o científico; en este último caso, los objetivos de investigación están sometidos, en la mayoría de los casos, al sentido común liberal y competitivo. La confusión con términos como tecnología, innovación, investigación, excelencia, etc., son un ejemplo del desconcierto que subyace en el forcejeo que existe por imponer una precisa interpretación de la realidad.