Por José GARCÍA

Hace casi dos décadas se editaba “Breve historia de la euforia económica”, de John Kenneth Galbraith, obra que hace un recorrido sobre las “burbujas especulativas” más significativas en la historia económica y sus causas, estableciendo los elementos comunes y como éstos en infernal espiral inducen a un estado de euforia que se retroalimenta hasta hacer explotar dichas “burbujas”. El autor viene a demostrar que estas crisis especulativas se repiten con cierta frecuencia y apunta de forma general  dos  conclusiones  al respecto.

*Nadie se responsabiliza de la situación.

*Buscan culpables en un hecho menor.

La primera “burbuja” tuvo lugar en 1630 Amsterdam, y el objeto de especulación fueron los Tulipanes, conocida como “Tulipomania”, desde entonces la historia se repite con cualquier otro valor tangible o intangible que despierte el interés financiero y especulativo de algunos.  Así pues, y desde mi ignorancia sobre economía – financiera, cabria preguntarse en pura lógica, si la historia se repite, por qué participan una y otra vez en éstas circunstancias, por qué está fuera del control democrático.

La obra, en su respuesta, lo argumenta con lo siguiente: “Cuando la “burbuja” está creciendo y los que están involucrados se hacen cada vez más ricos, todos quieren pensar que es a causa de su inteligencia superior. La especulación compra la inteligencia de las personas, en el sistema capitalista el dinero es la medida del éxito y el índice de poseer una inteligencia superior”. En resumen, el episodio eufórico está protegido y sustentado por la voluntad de quienes participan en él, con objeto de justificar las circunstancias que los están enriqueciendo. Y asimismo protegido por la voluntad de ignorar, exorcizar o condenar a aquellos que expresen sus dudas.