Entrevista a Stefano Rodotà, por Giacomo Russo Spena

Profesor, su último libro tiene el título de “Solidaridad”, ¿es importante reafirmar este concepto en 2015?

Es un antídoto que contraponer a la crisis económica que, con datos en la mano, ha incrementado la desigualdad social y extendido la pobreza. Es una palabra que lejos de estar desgastada permanece históricamente ligada al noble concepto de fraternidad y al desarrollo en Europa de los “30 gloriosos años” y del Estado de bienestar. Después el término ha sido dejado de lado o abandonado. La solidaridad sirve para individualizar los fundamentos de un orden jurídico: encarna, junto a otros principios del “constitucionalismo enriquecido”, una oportunidad para plantear las cuestiones sociales como asuntos que ya no pueden ser obviados. La crisis del estado de bienestar  no puede sancionar el final de la necesidad de los derechos sociales. Estoy también ligado al subtítulo del libro, “una utopía necesaria”; la solidaridad se proyecta en el presente y se utiliza como instrumento de trabajo para el futuro: la utopía necesaria es la visión.

Habla de “constitucionalismo enriquecido”. ¿Cuáles son las prácticas en las que nos tenemos que basar a fin de reafirmar los derechos sociales en un tiempo de crisis económica, privatizaciones y desmantelamiento del estado social?

Mutualismo, bienes comunes, renta de ciudadanía son los elementos innovadores y constitutivos de un nuevo estado Social, al menos respecto al que hemos conocido y construido en el siglo XX. Durante la Guerra Fría, los sistemas de bienestar fueron el escaparate de Occidente frente al mundo comunista, una función benéfica dirigida a humanizar el capitalismo en respuesta al bloque soviético. Razonar acerca de la solidaridad como principio significa reconocer la historicidad; hoy es necesario enriquecer las perspectiva del estado de bienestar. Por ejemplo la renta, entendida en todas sus fases ligadas a las condiciones materiales, significa inversiones y es posible solo gracias a un pacto generacional y a una lógica solidaria del empleo de los recursos.