Por Javier ARISTU

La ciudad de Sevilla tiene un componente esquizofrénico con el pasado. A esta ciudad a orillas del Guadalquivir la vuelve loca un olor de incienso por las calles que anuncia ya la Semana Santa, la enternece cualquier retablo barroco cargado de oros y angelitos y una fracción consistente de su ciudadanía suele desvanecerse ante la recuperación de una vieja talla de un Cristo crucificado…pero desprecia todo valor histórico que no tenga que ver con ese arquetipo cofrade o religioso. Hoy se estrena en el canal Movistar la serie La Peste que acaba de realizar el sevillano Alberto Rodríguez y que transcurre en la ciudad del siglo XVI: veremos cuáles son las reacciones del senado capillita.

Por Javier ARISTU

[Escrita y publicada esta entrada recibimos un comentario aclaración de Paco Acosta Orge que, por su interés y por precisar algunos aspectos citados en el texto, publicamos a continuación del artículo]

La constancia, la perseverancia que llega incluso a ser rutina, se convirtieron en un valor sustantivo de su manera de entender la actividad social. Jaime Montes nos acaba de dejar, precisamente en los últimos días del año que se ha ido. No quiso esperar para ver cómo se decantaría este año recién comenzado, pleno de expectativas e incógnitas. Su cierto escepticismo y carencia de acaloramiento le harían soltar por su boca alguna expresión no precisamente amable contra parte de esta clase dirigente que nos ha llevado a donde estamos. Pero tampoco se quedaría mudo ante los teóricos representantes de sus ideas de izquierda. Jaime no era precisamente una persona que dejara pasar fácilmente los errores de su propia gente sin replicar.

Su gente estuvo con él en el último instante. Allí estuvieron Eduardo, Pedro Andrés, Jaime, Ángel, Paquito, José Antonio, Pepe, Juan Bosco y tantos más de los primeros años de Comisiones. Vinieron de Cataluña Federico y Quim, compañeros de prisión en Cáceres. Fue precisamente Quim Sempere, uno de sus grandes amigos y confidente, quien leyó la Elejía a Ramón Sijé que Jaime tanto había leído y meditado: No hay extensión más grande que mi herida,/lloro mi desventura y sus conjuntos/y siento más tu muerte que mi vida.

Por Lorenzo CABRERA

Leo con interés los artículos que Carlos Arenas y Javier Aristu han publicado en este blog sobre la Plataforma Ciudadana que, al modo de Guanyem Barcelona, se está empezando a constituir en nuestra capital: Ganemos Sevilla. Su idea es concurrir a las próximas elecciones municipales y, como el nombre de la propia Plataforma advierte, ganarlas y dirigir el Ayuntamiento de la ciudad.

 La propuesta es ambiciosa, pero no disparatada. Quienes estaban en la Asamblea del 3 de abril a la que alude Carlos Arenas forman un grupo variopinto y complejo: aunque no faltaran desencantados –pero no vencidos- de muchas batallas, los más eran militantes políticos a título personal de EQUO, IU, PODEMOS, Partido X, etc. y sindicales  del SAT, CCOO, CGT, etc., gente joven incorporada desde hace años a la acción en movimientos estudiantiles, asociaciones vecinales, culturales, mareas, corralas, etc. y, sobre todo, activistas ciudadanos de los más diversos ámbitos.

 Tienen en adelante mucho por hacer. Y no les será fácil. Los une un rechazo a unas formas corruptas y privatizadoras de utilizar la política, hechas en beneficio de minorías y alejadas de lo que debe ser una práctica transparente y participativa. Hasta ahora se concitan por lo que no les gusta, se trata todavía de un negativo que hay que revelar. Y ese revelado exigirá inteligencia negociadora y cintura política.

Por Javier ARISTU

11 de septiembre de 1973: cae Salvador Allende en La Moneda defendiendo el poder constitucional. ¡Viva Chile!

(Tomo el relevo de Carlos Arenas y continúo hablando de la iniciativa sevillana Ganemos Sevilla)

La primera persona del plural verbal se declina en estos momentos: podemos, ganemos. Es un cambio significativo respecto de las maneras personalistas con que la política se ha venido construyendo en estos últimos años. Frente al “decido” de Rajoy, el “podemos” de la gente anónima. No está mal para comenzar. Solo queda esperar que ese verbo se decline efectivamente en todas sus posibilidades y se pueda articular ese “ganemos” en algo más que un simple deseo de voluntad de cambio.

Acaba de presentarse a la opinión pública una propuesta de cambio para las elecciones de 2015: “Ganemos Sevilla”. De ello quiero hablar; no podría ser de cualquier otra ciudad porque la villa que se moja en la ribera del Guadalquivir es la que conozco (relativamente) y donde habitan mis penas. He asistido hace pocos días a una asamblea de “Guanyem Barcelona” en el barrio de Gracia y tengo que manifestar que salí contento porque lo que vi y escuché allí me sonaba bien, aparecía no solo una ilusión y una voluntad de cambio sino algo más: ideas, proyectos, contenidos capaces de sustanciarse en programa de renovación de la vida barcelonesa. Por eso quiero hablar de “Ganemos de Sevilla”.

Por Carlos ARENAS POSADAS

 El pasado miércoles día 3 asistí, junto a mi amigo Lorenzo Cabrera, a la asamblea constituyente de Ganemos, la nueva oferta política que intenta, siguiendo los pasos del Guanyem Barcelona, hacerse con el gobierno municipal en Sevilla. En un ambiente caldeado por el intenso calor y la pasión de las palabras, el desarrollo de la sesión me resultó, a la postre, un tanto decepcionante.

Quizás fue el procedimiento: el modelo asambleario de toma de decisiones  tiene virtudes reconocidas porque acrecienta el compromiso de los presentes y les permite manifestar sus opiniones, tanto más cuando el uso  de la palabra, como allí ocurrió, se organiza de forma ordenada y equitativa. Tiene un defecto en cambio: suele hacer difícil la síntesis porque las intervenciones suelen ser una mezcla de asuntos y perspectivas dispersas y confusas. En este caso, se mezclaron las buenas intenciones, las dudas sobre la urgencia o la necesidad del proyecto o el origen de la iniciativa, el ámbito espacial de actuación o las opiniones de quienes ya proponían actuaciones prioritarias a acometer.

Por Julián BORREGO

Siempre que se celebra el aniversario del fallecimiento de Antonio Machado a alguien se le enciende la bombilla y propone su repatriación. En esta ocasión ha sido  Luciano Alonso , consejero de Educación, cultura y deporte de la Junta de Andalucía el que le ha visto punta a un entierro al más alto nivel del poeta sevillano. Es una idea  legítima, por supuesto, pero no se yo si acertada. Me explico.

Antonio Muñoz Molina en su excelente ensayo “Todo lo que era sólido” de Seix Barral cuenta  que durante una reunión con Jose Luis Rodriguez Zapatero  éste, hablando de otra cosa, hace mención de pasada a que tiene gente trabajando en la repatriación del poeta. Con esta referencia lo que pretendo indicar es que la cuestión de que los restos del poeta y su madre vuelvan a España lleva figurando en la agenda política oficial muchos años, sin que haya tenido resultados hasta el momento.

Por Javier ARISTU

El lunes 3 de febrero ha comenzado en la sala La Fundición de Sevilla un ciclo de coloquios sobre la sugerente pregunta ¿Quién está pensando en la Sevilla de los próximos 20 años? organizados por la asociación cívica Iniciativa Sevilla Abierta. Hace ya años que esta asociación viene actuando en Sevilla a través de sus debates, intervenciones y propuestas acerca del futuro de la ciudad y de los sevillanos. Tengo la opinión de que este grupo está movido por la buena inquietud del que quiere mejorar su ciudad y, para ello, tiene que romper o al menos superar los lastres que atan esta ciudad a un pasado mágico y en muchas ocasiones completamente deformado y deformador de la realidad. Parto pues de la premisa de felicitar a los organizadores por este ciclo a la par que del deseo de la mejor de las suertes, asunto que en Sevilla, como sabemos, es fundamental.

A propósito de Las sierpesrelato de Carlos Arenas Posadas

Por Javier ARISTU

En enero de 1920 el conocido arquitecto Aníbal González es víctima de un atentado a  las puertas de su propia casa, en la calle Almirante Ulloa, cerca de la Campana, en Sevilla. Sale indemne del mismo. Un periodista del diario El Liberal recoge la noticia y comienza a investigar sobre la misma. Un ayudante llamado Antoñito, enano y de edad indefinida, el habitual recadero de las redacciones de los periódicos de entonces, le acompaña al lugar para averiguar los hechos. Así comienza Las sierpes, el reciente relato de Carlos Arenas Posadas, publicado por la editorial  Atrapasueños con un aclaratorio subtítulo: Memorias de un periodista republicano. Porque de eso se trata, de contar a través de la memoria del narrador hechos ocurridos quince años antes, recurso literario que le permite al autor acometer con objetividad y cierto distanciamiento de historiador los hechos, circunstancias y acontecimientos que jalonan la historia de la ciudad de Sevilla en el bienio 1920-1921, años de primordial importancia para comprender lo que vino después y para poder captar una imagen certera incluso de la Sevilla de hoy. Protagonista y narrador se confunden en una misma perspectiva, la del narrador en primera persona que, como testigo, cuenta los sucesos que pasan por delante del mismo.

¿Cuáles son esos sucesos? El lector los debe examinar por sí mismo pero no soy desleal si resumo los principales que, por otra parte, están en los libros de historia de España. Recordemos que Aníbal González es el arquitecto que da estilo y figura a la Sevilla de la Exposición de 1929, esa Sevilla regionalista que todavía hoy aparece como dominante en la iconografía turística. Tras su atentado se esconden una maraña de huelgas de los trabajadores de la construcción, detenciones masivas y provocaciones policiales contra los mismos, trata de menores para la prostitución donde la buena sociedad sevillana se halla metida, conspiraciones políticas en las que vemos a personajes de nuestra crónica actuar al calor de las presiones sociales por la vivienda, el agua o la tasa de la electricidad recién instalada en los hogares. Anarquistas ingenuos o violentos, sindicalistas protocomunistas, republicanos y masones, arzobispos hipócritas, gobernadores civiles corruptos, aristócratas con apellidos todavía repetidos en las actuales crónicas de sociedad, toreros sin éxito que luego derivarán en carniceros de derrotados rojos, periodistas honrados y periodistas cínicos, capitanes, comandantes y coroneles que luego serán lamentablemente conocidos generales y generalísimos de nuestra desgraciada historia y que deambulan pegando tiros entre las montañas del Rif y marcando figura en los bailes de la sociedad sevillana … en fin, toda una extensa galería de personajes que pobló aquella Sevilla que se modelaba de una cierta manera entre el fin de la primera gran guerra europea y la tragedia de 1936.