Por Pablo del BARCO

Un “gamonal” es un terreno poblado de gamones, plantas liliáceas, con hojas en forma de espadas que se utilizaba antiguamente para curaciones de la piel. Antes se llamaba Gamonal de Río Pico, por un cauce estrecho surcando el lugar y que de niños nos gustaba vadear en invierno, cerca de la iglesia, que iba a parar al río Vena, o tal vez al Arlanzón, el padre de los ríos de Burgos. Hace sesenta años era un lugar despoblado, en el que crecían con abundancia y libertad las plantas que daban origen al nombre, al que acudían los soldados del cuartel de caballería de Burgos para hacer ejercicios de instrucción militar montados en los pencos, desplazados desde el cuartel de caballería, ubicado donde hoy se sitúa el Museo de la Evolución Humana. Junto a Gamonal, salida natural hacia Vitoria, estaba el Capiscol (capiscol= sochantre que dirige el coro popular; también gallo. Nunca supe el significado idóneo), atravesado por la carretera de Logroño, que visitaba a unos kilómetros, con proximidad e ignorancia en aquella época, las célebres cuevas de Atapuerca, en un campo de tiro militar no visitable. Entre ambos espacios nos bautizábamos los burgaleses en el fútbol aguerrido y bravío de aquel tiempo, en campos natural y profundamente embarrados. Había un polvorín entre ambos espacios, al que nos hacían mirar con cierta reserva y miedo. En el Capiscol, sede la primitiva fábrica de Campofrío, viejo emblema de Burgos, se levantó luego un silo para almacenar grano, una remolachera, más tarde una fábrica de cervezas; era el lado del pan y la guerra. Gamonal era el lugar de tránsito, con pocas y humildes casas alineadas en el borde de la carretera; la iglesia, dedicada a la devoción de Santa María la Real y Antigua, era lo más notable de aquel paisaje.