Por Javier ARISTU

Ya está planteado y convocado el día D para la Declaración Unilateral de Independencia: lunes 9 de octubre a las 10 de la mañana. Tiempos cortos decisivos. Entre hoy y el lunes se pueden facilitar o desactivar procesos irreparables y que ocasionarían costos y sufrimientos en la gente común. El diálogo, la negociación, el reconocimiento del otro puede suponer el inicio de una nueva etapa que comience a dar salida a la presión acumulada; el rechazo y el enroque en las propias posiciones daría pie a un ciclo de tensiones y acciones que generarían, repito, sufrimiento y dolor a todos, españoles y catalanes.

Por Javier ARISTU

A causa de la persecución a que fue sometido tras la revolución de 1848 por los diferentes gobiernos reaccionarios de Europa, Carlos Marx tiene que exiliarse en Inglaterra. Allí se ve obligado a subsistir con colaboraciones periodísticas de actualidad. Para Marx, la actualidad social, laboral, la vida en las fábricas de aquellos comienzos de la Revolución Industrial, es materia prima fundamental para sus escritos. En 1853 escribe un artículo titulado La cuestión obrera en el que contesta al periódico The Economist y su análisis sobre el asunto de la pobreza y los bajos salarios en aquel momento[1]. El artículo ya deja ver aquella agudeza y combatividad del mejor Marx polemista. En unos días de huelgas y peleas de los tejedores del Lancashire, Marx comunica que el activista Ernest Jones ha visitado a los huelguistas y les ha dirigido un discurso en el que, entre otras cosas, ha dicho:

«¿Por qué estas luchas? ¿Por qué en estos momentos? ¿Por qué habrá más? Porque las fuentes de vuestra vida están cegadas por la mano del capital, que apura la copa dorada hasta el final y no os deja más que los posos. ¿Por qué al cortaros el paso a las fábricas os cortan el paso a la vida? Porque no tenéis otra fábrica a la que ir ni otro medio de ganaros el pan […] ¿Qué otorga al capitalista tanto poder? Que tiene en sus manos todos los medios de empleo […] los medios de trabajo son, por tanto, los goznes sobre los que gira el futuro del pueblo […] Solo un movimiento masivo de todos los oficios, un movimiento nacional de las clases trabajadoras, puede lograr la victoria […] Dividid la lucha, hacedla local, y fracasaréis. Ampliadla a toda la nación, y seguro que obtendréis la victoria

Disculpad la extensión de la cita pero me parecía necesaria. El hecho ocurrió en 1853. ¿Alguien podrá decir que bastante de los razonamientos de Ernest Jones, y de Marx, están obsoletos? ¿Es acaso una situación ya desaparecida en la historia? Sin duda ya no existen en Inglaterra —ni en Europa— fábricas textiles donde trabajen miles de obreros, ya no se dan las condiciones de trabajo que Marx denunciara en ese artículo (entre otros el trabajo infantil y femenino en condiciones inhumanas, que los hemos trasladado a la geografía asiática y africana). Es evidente que Marx y Jones se dirigen a aquellos trabajadores asalariados a los que la Primera Revolución Industrial había dado vida, aquellos que, provenientes de antiguos oficios artesanales o de los campos ingleses, inundaron Londres y Manchester en aquellos años del siglo XIX. Las transformaciones técnicas incorporadas al proceso productivo industrial se tradujeron, además de otros resultados positivos, en un empobrecimiento generalizado de las masas trabajadoras, en un debilitamiento de su capacidad salarial y, en definitiva en una marginación del progreso social.

Pero el núcleo, el corazón del análisis y de la acusación de Jones-Marx sigue en pie. Han cambiado las condiciones pero permanece la sustancia.

Por Francesco CANCELLATO y Marcello ESPOSITO

Para Nadia Urbinati la violencia de hoy es la furia de los derrotados. ¿La causa? La capitulación de la política.

nadiaPara quien no la conoce, bastaría decir que Nadia Urbinati, nacida en Rimini, es titular de la prestigiosa cátedra de ciencias políticas en la Universidad Columbia de Nueva York. O que fue premiada en 2008 con el título de Comendador al Mérito de la República Italiana, por “haber dado una contribución significativa a la profundización del pensamiento democrático y a la promoción de escritos de la tradición liberal y democrática italiana en el extranjero”. Pocos mejor que ella pueden ofrecernos instrumentos para interpretar cuidadosamente lo que está ocurriendo en esta difícil fase de la historia que, esperando que sea pasajera, seguimos llamando crisis. Y que cuanto más pasa el tiempo más frustración, desilusión y rabia genera.

 Profesora Urbinati, las recientes cargas policiales  contra los obreros de la Thyssen, los choques de Tor Sapienza, la agresión a Salvini [dirigente de la Liga Nord], el asalto a la sede del Partido Democrático en Milán, así como otras muchas protestas en la calle a lo largo de estas últimas semanas… ¿cuál es su lectura de tantos episodios de rabia y violencia durante este reciente periodo?

 No hay nada aparentemente que los una; son hechos independientes unos de los otros, protagonizados por sujetos que representan problemas específicos. Sin embargo, cada uno de ellos, además de denunciar un problema, pone el dedo sobre una política que no es capaz de resolverlo.

 ¿Es acaso la actual política impotente como nunca ?

 Podríamos decir que la tensión es la señal de que el compromiso entre trabajo y capital se ha roto; compromiso que, tras la segunda guerra mundial, acompañó al nacimiento de las democracias europeas. En el interior de este contexto, el del Estado-nación, capital y trabajo eran dos actores sociales bien organizados y protagonistas de una negociación que no podía perderse.

 Después llegó la globalización…

 Llegó también el fin de la Guerra Fría, que con sus Muros y sus Telones de Acero, imponía las fronteras del mundo. Mientras estas existieron sobre el mapa, fue posible en el interior de nuestro mundo que el que trabajaba plantease cuestiones y obtuviese respuestas. No era un mundo abierto. No se podía acceder a la fuerza de trabajo a coste cero del cuarto y quinto mundo. Estas fronteras -para los que permanecían dentro del primer mundo, donde había renacido la democracia- crearon, hicieron posible el control y el ejercicio del poder democrático, y el equilibrio entre clases.

(A la memoria de José Miguel Domingo, víctima del sistema)

Por Carlos ARENAS POSADAS

Dale duro (al desahucio). El Raval, Barcelona.. Foto: Linera_68

Por jacobina entiendo a toda minoría que se haya erigido o se erija en redentora de los pueblos sin los pueblos, sean déspotas ilustrados,  miembros de la montaña, putchistas decimonónicos, líderes socialdemócratas, leninistas, padres de las patrias y otros niños del Palau, profesionales de la política, y economistas de la corriente económica principal para quienes, ceteris paribus, ya no queda por delante más historia que una repetición sine die de lo que hoy acontece. Una característica común a todos ellos es que aprovechan las ilusiones colectivas que contribuyen a crear para conducirlas en beneficio propio.

Aquí y ahora, los jacobinos de derecha y de izquierdas están de capa caída. Todavía en los años ochenta, la ofensiva neo liberal de la derecha se arropaba en principios que ponían en manos de los empresarios, que ya no al Estado, la  alternativa a los problemas del paro y de la recesión: favoreciendo el enriquecimiento de la minoría de plutócratas y empresarios –se decía-, se favorece la inversión y, por tanto, el empleo; la iniciativa privada es más eficiente que la pública, etc.  Hoy treinta años después, tras comprobar amargamente qué ha sido del empleo y del bienestar bajo su mandato, en plena debacle del sistema que contribuyeron a crear, los neo-liberales han sustituido sus viejos argumentos por otro más rudo y racial: “por la cara”, y todo aquel que se atreva a cuestionar el fraude, sean parados, pensionistas, enfermos, padres de alumnos, desahuciados a los bancos será considerado como “antisistema”, y deberá atenerse a las consecuencias sin que las imágenes salgan por la televisión.

Por Carlos ARENAS

De las falacias que adornan la “ciencia” económica convencional , quizás la más estridente de todas sea aquella que considera que las decisiones tomadas por los agentes económicos, empresarios, inversores, etc., son perfectamente racionales en todo tiempo y lugar. No sólo no es así, sino que, por el contrario, la ceguera parcial o total (de la que se dio cuenta Saramago en su ensayo), la desinformación, la fuerza bruta, la ambición desmedida o el pánico, como tantas otras manifestaciones de la irracionalidad, han presidido la historia de los hechos económicos desde que el capitalismo existe.

Aún más; a partir de los años ochenta, derrotadas las fuerzas que proponían una manera regulada de entender el capitalismo,  se ha otorgado a esa irracionalidad patente de corso, que no es otra cosa que la conocida economía de la oferta, y la sumisión abyecta hacia los  “mercados”.  Desde que el capital financiero tomó el timón del barco capitalista, el casino en el que se ha convertido la economía mundial ha alcanzado tal extremo de imprevisión que, más que arriesgada –como presumía Beck-, la existencia se ha convertido en un manicomio;  un manicomio que sirve para varias cuestiones fundamentales: para que los menos locos de los parqués ganen ingentes sumas a costa de la ruina (y de la ruindad) de la manada de pequeños y medianos capitalistas populares a los que conducen a su antojo; y, sobre todo, para recordar y consolidar la “superioridad” del capital sobre el factor trabajo, condenado en última instancia a pagar por la vía de las reformas laborales, el desempleo, los recortes de los derechos sociales, la involución política, etc.,  los platos rotos de la irracionalidad financiera.

Propuestas y alternativas desde la socioecología

Por Manuel CALVO SALAZAR

Quizás la palabra “alternativas” sea una de las más utilizadas por el movimiento transformador desde los años que siguieron a los acontecimientos de mayo del 68 hasta la actualidad. Entonces ya se sabía que el modelo económico capitalista estaba en decadencia y que el sistema pretendidamente comunista de los países del bloque soviético ya no era un modelo válido a seguir.

Desde entonces, se han ido conformando una serie de teorías provenientes de ideas más o menos articuladas que han dejado entrever las posibilidades de caminos alternativos de organización política, social y económica. Pero estos desarrollos, por más que se ha perseguido, no han conseguido poner encima de la mesa un modelo claro que pudiera sintetizarse mediante ideas fuerza, algo intensamente deseable con vistas a su comunicación social.

Ahora, cuando se vislumbra claramente por un porcentaje nada desdeñable de la ciudadanía la insensatez de nuestro sistema económico capitalista, basado fuertemente en el capital financiero y especulativo, es un buen momento para trabajar en el desarrollo de líneas de pensamiento que diluciden estas alternativas, de manera que logren hacerse evidentes y deseables por el grueso de la sociedad.

Por Javier VELASCO

Todos los argumentos en que se basan las medidas llamadas de austeridad tratan de legitimarse en base al crecimiento económico que se producirá una vez que la economía pública y privada esté saneada. Esto significa que la crisis es diagnosticada como una contingencia originada por la irresponsabilidad conjunta de los compradores de vivienda y de los prestadores de dinero. Así, los consumidores, que querían afanosamente tener un piso, se encontraron con unos bancos que no dudaron en prestarles dinero, obviando toda prudencia financiera. De esos polvos, estos lodos. La autoridad del sistema queda salvada y los culpables señalados: la población consumidora que compró lo que no tenía que comprar y los bancos que prestaron lo que no tenían que prestar. Ellos nos habrían llevado a la ruina y, por eso, tienen que pagar. Eso sí, más la población que los banqueros. Todos sabemos por qué. Pero la cosa es más complicada, y sobre ella hablaré en este y en sucesivos comentarios del blog. Una es la causa principal, varias las secundarias. La crisis financiera aparecería más bien como una consecuencia que como una causa. Un epifenómeno del origen: el fin de una época. Algunos rasgos de lo que serán comentarios futuros de este blog:

Por Javier ARISTU

Frente a tales mutaciones, sin duda hay que inventar inimaginables novedades, al margen de anticuados modelos que todavía conforman nuestras conductas y nuestros proyectos. Nuestras instituciones lucen un destello que se parece, hoy día, al de las constelaciones de las que los astrofísicos nos enseñaron antaño que ya estaban muertas desde hacía tiempo.

Michel SERRES, Pulgarcito

Es un soniquete oír desde la filas de la derecha autoritaria y “estatal-noliberal” que los sindicatos están caducos, que son vestigios de un pasado ya muerto. Uno podría estar de acuerdo si a esa formulación se incorporan las organizaciones empresariales. Porque ambas son vestigios de un mundo donde la negociación y el acuerdo social eran condición estructural. Si recorremos el visor en panorámica podríamos encontrarnos con otros actores sociales que a lo mejor tampoco gozan de buena salud en cuanto a credibilidad y eficacia social. Podríamos hablar –¿por qué no?- de los partidos como vehículos de representatividad y legitimación social (¿quién defendería hoy sino sus propios dirigentes que son instituciones sociales que están al día?). También podríamos incluir, por ejemplo, a las instituciones políticas representativas de nuestra democracia, exponentes hoy de la profunda brecha y divorcio existente con aquello  que dicen representar.  Y podemos seguir hablando de obsolescencia –no sé si programada- si miramos a la escuela, una hermosa y decisiva institución que emite hoy destellos de supernova. Y, sin embargo, nadie en su sano juicio –aunque vivamos en un mundo de locos- tiraría en un punto limpio a los partidos políticos, ni a la escuela ni al parlamento… ni siquiera a las organizaciones empresariales. Ni tampoco a los sindicatos, para que quede claro. Aunque todas y cada una de esas instituciones estén mostrando brillos que son reflejo del pasado esos brillos son marcas que todavía nos ayudan a ver en la noche de este tiempo difícil de vivir y apasionante para  pensarlo.