Por Carlos ARENAS POSADAS

Mi amigo y cobloguero Javier Aristu ha dedicado tres entradas de En Campo Abierto a glosar el libro de Alberto Garzón “La Tercera República”. Desde el respeto, pero también desde la perplejidad, Javier se manifiesta crítico con algunas de las tesis expresadas por el joven parlamentario de Izquierda Unida. Digo desde la perplejidad porque no acaba de entender que un miembro cualificado del PCE como Garzón haga de la “República” el objetivo estratégico de la izquierda, y de los “ciudadanos” el sujeto colectivo revolucionario, en detrimento del “comunismo” como meta final y de la “clase obrera” como el grupo social que debería conducir la sociedad a un mundo mejor.

Vivimos en una encrucijada histórica en la que existen fuertes incertidumbres sobre lo por venir. Es lógico, por tanto, que se manifiesten inquietudes y dudas acerca de nuevos movimientos políticos de izquierda que apuntan ideales que apenas se concretan en fórmulas alternativas de gobernanza y que, por tanto, comunican una cierta sensación de conducirnos al vacío, a lo desconocido. En estas circunstancias, es lógico que se apueste por el “déjà vu” y se resalten las posibilidades que aún tienen, eliminando los vicios propios de la “casta”, los instrumentos  de transformación social que han usado las izquierdas de inspiración socialdemócrata o eurocomunista en las últimas décadas: la democracia parlamentaria –antes que la democracia directa-, la participación en las instituciones vigentes para transformarlas desde dentro –antes que destruirlas-, la conservación y ampliación del Estado del Bienestar.

Por Javier ARISTU

Seguimos con las lecturas de los resultados de las pasadas elecciones europeas. La influencia y repercusión que los mismos están teniendo sobre las fuerzas políticas españolas, especialmente en la izquierda, es colosal. En cierto sentido podemos hablar ya de un antes y un después de las elecciones europeas de 2014.

Uno. El PSOE está sometido a un proceso de elección de su secretario general por todo el conjunto de su militancia. Algo inédito en la historia de ese partido y de cualquier otro en España. Los candidatos son tres jóvenes diputados que se disputan el timón de ese partido sin que hasta el momento hayamos podido saber cuáles son los objetivos políticos y los cambios estratégicos  —o no— que piensan proponer si triunfan. Predominan las lecturas internas, propias de un partido con claves  ocultas que sólo dominan los militantes experimentados de esa formación. Pero todos hablan de tiempo nuevo aunque no es posible distinguir por sus discursos lo que separa a uno de los otros. Es significativo que un histórico dirigente y protagonista de otra anterior fase renovadora como Josep Borrell transmita su escepticismo sobre los dos candidatos con más posibilidad de salir elegidos (“Sánchez y Madina no tienen un perfil ideológico propio e identificable” dice el ex ministro) y, en todo caso, dé su apoyo precisamente a Pérez Tapias, el representante de la corriente Izquierda socialista (véase El País del domingo 6 de julio). Veremos lo que puede ocurrir en Andalucía el próximo día 13 si triunfase Madina como se deduce como posibilidad de la encuesta de El País; como se sabe y es público y notorio el aparato, la estructura orgánica y de poder que dirige al PSOE andaluz ha optado nítidamente por Sánchez.