Por Javier ARISTU

Dos noticias han movido la cacerola electoral. La primera viene de Podemos y se refiere a la designación del antiguo JEMAD como candidato de esta formación en Zaragoza. La aparición del general Julio Rodríguez en la escena política a través de Podemos ha significado un aldabonazo, sin duda, y somete a las demás fuerzas competidoras, especialmente al PSOE, a un tour de force, a ver quién puede más a la hora de presentar candidatos estrellas. Pero presentar en una lista electoral al general que presidió el JEMAD no es lo mismo que presentar a un juez o a un empresario. Los militares en este país han significado mucho y el hecho de que Julio Rodríguez —a partir de ahora es eso un nombre y un apellido y ha dejado de ser general— haya decidido dar ese paso marca, en cierto modo, una agenda de cara a la política de defensa respecto a la OTAN y los cambios en Europa. El mismo ha manifestado ya la perspectiva de esos cambios. Que Podemos, además, acepte en sus listas a este tipo de figuras le condicionará sin duda a la hora de construir su alternativa de defensa y de cara al estamento militar español. De momento ya han decidido desengancharse de esas manifestaciones contra la base de Rota que tradicionalmente organizaban las diferentes plataformas de las izquierdas andaluzas. Tengo para mí, sin embargo, que esta decisión de Rodríguez y de Podemos va a suscitar entre los militares un cierto cabreo: no es aceptable para estos que su antiguo máximo jefe se haya ido ahora con los chicos del cambio, con la representación de los peores males de la patria.

Por Jesús CRUZ VILLALÓN

Parece que finalmente la recuperación del crecimiento económico está provocando un cierto impacto de crecimiento del empleo, que esperemos sea sostenido y de mayor intensidad. Sin duda se detectan expectativas positivas, que se orientan hacia una nueva etapa, que definitivamente cierra el ciclo negativo.

Ahora la pregunta que hay que hacerse es cuál es el panorama para el inmediato futuro, tras un periodo tan dilatado y profundo de destrucción de empleo. El interrogante es qué impacto cualitativo ha tenido todo este duro proceso de reajuste y, en particular, cuál es el escenario previsible de evolución del empleo. La cuestión planteada de forma resumida es si todo el proceso sufrido ha servido para depurar el mercado de trabajo, para provocar una catarsis suprimiendo los empleos inviables al tiempo que se han creado los cimientos para a partir de ahora permitir un crecimiento en clave de mayor productividad y calidad del empleo, o bien, por el contrario, nos hemos limitado simplemente a bajar unos cuantos peldaños en la escala de desarrollo económico, reducir los estándares laborales, para situarnos en un panorama de deterioro generalizado del mercado de trabajo.

Por desgracia, todos los indicios presentan un paisaje tras el tsunami de lo más desalentador, donde la respuesta se escora en esencia en la segunda dirección. Es cierto que se aprecian algunos espacios de real cambio estructural, pero la tónica general es la contraria: desde el punto de vista cualitativo, en el mejor de los casos nos encontramos en la casilla de partida, sin haber corregido ninguno de los problemas de fondo.

Por Carlos ARISTU OLLERO

Igual les suena de algo. Matteo Renzi, Primer Ministro de Italia que asumió las riendas del país bajo la promesa de desmantelar las viejas redes clientelares de poder, ha optado por “ modernizar” el mercado de trabajo por la vía de una amplia reforma laboral. El Jobs Act, un paquete de medidas para incentivar el empleo que presentó bajo la forma de moción de confianza ante el Senado en un procedimiento de dudosa constitucionalidad, ha sido calificado por Ángela Merkel como “un paso importante”. Les recuerdo que en 2010, la canciller alemana describió en términos similares la reforma laboral del gobierno de Rodríguez Zapatero.

En el contexto actual de disputa ideológica generalizada, sin duda el debate sobre el factor trabajo ofrece claves de enorme importancia. La fórmula de “austeridad + flexiseguridad” se prescribe como la única salida amable a la crisis. Como venimos conociendo en España desde 2010, la fórmula conlleva un incremento desmedido de desigualdad salarial y precariedad laboral. Esto se debe, en gran parte, a que las reformas emprendidas confieren al empresario una capacidad ilimitada para modificar las condiciones de trabajo, junto a la importante reducción  de influencia del convenio colectivo como referencia protectora general. A modo de ejemplo, Renzi abandera en Italia la supresión de la readmisión forzosa del trabajador en caso de despido improcedente.