Por Sebastián MARTÍN

Atravesamos tiempos interesantes. El marco político no había sido tan incierto desde principios de los años 1980. La responsabilidad histórica que recae en las formaciones de izquierda es de notable envergadura. Ninguna de ellas, sin embargo, mantiene un discurso público que registre, sin reparos, las dificultades a la vista, y señale, con tangible concreción, las medidas practicables. Imbuidas de retórica electoralista, las tres formaciones principales de la izquierda estatal juegan a la ocultación. Proyectan a la ciudadanía un mensaje irreal, que nadie puede creerse, salvo que medien grandes dosis de ingenuidad.

Los líderes del PSOE repiten sin cesar que son una «fuerza de gobierno». No quieren ni oír hablar de pactos porque aspiran a obtener una mayoría suficiente para gobernar en solitario. Se siguen presentando como la única formación de izquierdas en España con credibilidad suficiente como para ganar unas elecciones. Apelan a su historia para transmitir la idea de que un partido con más de una centuria no puede ser víctima de una coyuntura pasajera. Rechazan con acritud, enarbolando sus logros pasados, cualquier crítica procedente de otras sensibilidades. Desprecian lapidariamente o ignoran las nuevas alternativas.

Por Carlos ARENAS POSADAS

La presidenta Susana Díaz está cosechando aplausos por las manifestaciones vertidas en su viaje a Cataluña días pasados respecto al encaje de Cataluña en España. De todas ellas, me quedo con una: Andalucía ha demostrado en toda su historia que ha contribuido a la viabilidad del estado español, a que no parezca, y esto lo añado yo, un estado más fallido de lo que realmente es.

Estoy absolutamente de acuerdo. La contribución viene de lejos: desde que los caballeros castellanos derrotaron a los habitantes de Al Andalus en 1212. Ancha es Castilla….por Andalucía, se solía decir. Todavía hay grandes de España que viven de aquella ocupación, cobrando sus buenas millonadas de la Política Agraria Comunitaria sin sembrar un pimiento. Es comprensible, por tanto, aunque no se compartan argumentos falsarios tan usuales en otros nacionalismos, que los herederos de los reconquistados, los jornaleros que han sufrido la humillación de los señores generación tras generación, tengan la convicción de que Andalucía no es España.

Por Pedro E. GARCÍA BALLESTEROS

Foto: FAPAR

Es evidente la existencia de los mismos planes de ajustes y recortes sea cual sea el signo político del gobierno de turno: aumento de impuestos e inmediatos y grandes recortes de la masa salarial de los funcionarios, los cuales en su mayoría pertenecen a la educación o la sanidad. Pero lo que me gustaría comentar no es tanto esos hechos evidentes y palpables sino los discursos usados para su justificación, la retórica política. Hasta ahora, los hechos se iban identificando cada vez más, eran similares pero al menos los discursos pretendían diferenciarse. Creo que es inquietante que hasta los discursos comiencen a parecerse, a tener paralelismos evidentes. Esperanza Aguirre (o la cólera de Dios del Tea Party hispano) anunciaba sus recortes como solidarios, es decir, los funcionarios madrileños debían aceptar sus recortes de sueldos porque de esta forma se evitaba el despido de miles de interinos. Nuestra Consejera de Economía andaluza, antes y después de no negociar absolutamente nada con los sindicatos, los presentaba como injustos pero también apelaba a la solidaridad para no despedir a trabajadores de la función pública.