Por Javier ARISTU

 Escrita esta entrada me llega muy de mañana la noticia de la muerte de Concha Caballero. Ha sido un impacto emotivo, me ha impresionado. Hace mes y medio Concha y yo nos escribimos a través del correo electrónico para confirmar su presencia en unos debates sobre Andalucía que estábamos organizando desde este blog. Me prometió su asistencia… “si mejoraba su dolor de espalda”. Pensé en males pequeños. No, algo grave la estaba ya rondando y esta noche nos ha dejado. Desde aquí el recuerdo más entrañable para ella.

 Si éramos pocos parió la abuela…nunca el refranero popular fue tan sintéticamente clarificador como ahora en Andalucía. Si en 2015 teníamos pocas elecciones a la vista en España —municipales, catalanas, generales— viene ahora Susana Díaz y nos lanza reclamos para que estemos preparados a las nuestras autonómicas en esta pre-primavera. El idilio PSOE-IU, si alguna vez lo hubo, se ha roto; el cariño, que nunca hubo amor, se acabó. ¡A las elecciones!

De entrada: pienso que  no están justificadas dichas elecciones ni hay elementos como para argumentar su adelanto. Seguramente que la Presidenta tiene los suyos, pero serán razones de su interno, que responden a motivaciones que a lo mejor no coinciden con las de los intereses andaluces. ¿Ganas de convocar? ¿Hastío de tener un socio inoportuno e impertinente? ¿Explicaciones en clave nacional? No voy a especular pero no veo, sinceramente, en las dificultades de cualquier gobierno de coalición nada que pueda ser resuelto en una mesa de negociación o en dos charletas en los pasillos. Así fue en el pasado y así tendría que haber sido ahora…pero al parecer Susana Díaz no puede más con ese socio inoportuno y tocapelotas, con perdón. ¿Qué hay que revisar lo del viaje al Sahara? Pues ya lo ha dicho Valderas, que se aplaza, se revisa y lo que quiera Susana. ¿Referéndum en junio en el interior de IU Andalucía? Seguro que Maíllo tendría posibilidades de reconvertir esa desgraciada decisión del impertinente socio en otra fórmula que permitiera seguir gobernando en coalición.

Por Sebastián MARTÍN

Atravesamos tiempos interesantes. El marco político no había sido tan incierto desde principios de los años 1980. La responsabilidad histórica que recae en las formaciones de izquierda es de notable envergadura. Ninguna de ellas, sin embargo, mantiene un discurso público que registre, sin reparos, las dificultades a la vista, y señale, con tangible concreción, las medidas practicables. Imbuidas de retórica electoralista, las tres formaciones principales de la izquierda estatal juegan a la ocultación. Proyectan a la ciudadanía un mensaje irreal, que nadie puede creerse, salvo que medien grandes dosis de ingenuidad.

Los líderes del PSOE repiten sin cesar que son una «fuerza de gobierno». No quieren ni oír hablar de pactos porque aspiran a obtener una mayoría suficiente para gobernar en solitario. Se siguen presentando como la única formación de izquierdas en España con credibilidad suficiente como para ganar unas elecciones. Apelan a su historia para transmitir la idea de que un partido con más de una centuria no puede ser víctima de una coyuntura pasajera. Rechazan con acritud, enarbolando sus logros pasados, cualquier crítica procedente de otras sensibilidades. Desprecian lapidariamente o ignoran las nuevas alternativas.

Por Carlos ARENAS POSADAS

La presidenta Susana Díaz está cosechando aplausos por las manifestaciones vertidas en su viaje a Cataluña días pasados respecto al encaje de Cataluña en España. De todas ellas, me quedo con una: Andalucía ha demostrado en toda su historia que ha contribuido a la viabilidad del estado español, a que no parezca, y esto lo añado yo, un estado más fallido de lo que realmente es.

Estoy absolutamente de acuerdo. La contribución viene de lejos: desde que los caballeros castellanos derrotaron a los habitantes de Al Andalus en 1212. Ancha es Castilla….por Andalucía, se solía decir. Todavía hay grandes de España que viven de aquella ocupación, cobrando sus buenas millonadas de la Política Agraria Comunitaria sin sembrar un pimiento. Es comprensible, por tanto, aunque no se compartan argumentos falsarios tan usuales en otros nacionalismos, que los herederos de los reconquistados, los jornaleros que han sufrido la humillación de los señores generación tras generación, tengan la convicción de que Andalucía no es España.