Entrevista con el filósofo Franco Berardi “Bifo”, por Monica Pepe

En la época de la “precariedad integral” y del final del mundo del trabajo tal y como lo hemos conocido, Franco Berardi “Bifo” reconstruye el proceso de transformación de la sociedad que nos ha llevado  a la actual situación, las responsabilidades del Pci ayer y las del Pd hoy en relación con los trabajadores y trabajadoras italianos.

Las tecnologías como ocasión fallida de renovación estratégica del país, al incapacidad de los trabajadores para reinterpretar —como diría Marx— “la emancipación de la clase trabajadora como obra de la clase trabajadora misma”, que ha puesto las bases del desmoronamiento de la fe y de la capacidad de intercambio solidario entre los seres humanos. En un momento de cambio histórico al que, por incrédulos testimonios, podremos mirar con las palabras de Samuel Coleridge: “Luego vino la tormenta; y fue violenta y tiránica: nos golpeó con sus increíbles alas y nos echó hacia el sur “.

¿Cuál ha sido el momento crucial que ha marcado el punto de inflexión respecto de los derechos de los trabajadores?

En los últimos años, son incontables las agresiones contra los derechos de los trabajadores. La abolición del art. 18, por lo doloroso que significa en el plano  simbólico, no ha hecho sino culminar la precarización y sistemática violación de todo derecho. Para encontrar el momento crucial que abrió el camino al absolutismo capitalista hay que irse, en mi opinión, al momento en el que, a comienzos de los años 80, gracias a las tecnologías se hace posible reducir de forma drástica el tiempo de trabajo necesario, y este desarrollo se transformó, paradójicamente, en una derrota obrera. Lo que la inteligencia colectiva había creado para el enriquecimiento social se convirtió en medio de empobrecimiento. La reducción del tiempo de trabajo necesario abrió el camino a los despidos en masa porque el movimiento obrero no fue capaz de imponer el otro camino, el de la reducción de la jornada y la redistribución del tiempo de trabajo.

Solo algunas minorías tuvieron el coraje de decir: “Trabajar menos y trabajar todos”. Los sindicalistas se limitaron, al contrario, a defender el puesto de trabajo de los ya ocupados. Era el momento de echar abajo el muro de las 40 horas, de abrir un proceso estratégico de reducción de la jornada, de desengancharse del chantaje de la supervivencia a través del salario. Pero al movimiento obrero le faltaron entonces los instrumentos culturales y conceptuales para hacer posible esta transición. Y se terminó oponiéndose a la tecnología, en vez de utilizarla como instrumento de liberación del trabajo. De esta forma el frente del trabajo perdió su naturaleza progresiva y su fuerza, de esta manera los derechos del trabajo no se basaron ya en la realidad de la correlación de fuerzas entre las clases.