Por Carlos ARENAS POSADAS

La moción de censura que desplazó a Rajoy del poder, el consiguiente relevo en la Moncloa de Pedro Sánchez y la entronación del master Casado al frente del Partido Popular ha hecho reaparecer España preocupantes situaciones políticas ya vividas en el pasado; momentos en los que la derecha ha visto peligrar su hegemonía política sobre un país que, desde tiempos inmemoriales, ha considerado de su propiedad.  Desplazado el PP del poder, el aznarismo vuelve por sus fueros para  introducir una dinámica de confrontación política en la sociedad española, y lo hace a la vieja usanza: elevando a la categoría de insoportables, de desafíos a las esencias patrias, cualquier malestar o conflicto laboral o corporativo que surja; especialmente si afecta a sectores que son sus caladeros de votos. Me refiero en concreto a dos colectivos profesionales: el del taxi y el de los cuerpos y fuerzas de seguridad, hasta no hace mucho llamadas fuerzas del “orden”.

Por Carlos ARENAS POSADAS

El ministro del interior no se explicaba el otro día por qué tras las elecciones y en pleno proceso de investidura para la formación de un nuevo gobierno estaban saltando a los medios y a los juzgados tantos y tan diversos casos de corrupción relacionados con el Partido Popular. Aquella pregunta me pareció una burda añagaza destinada a despistar, escondiendo las razones de tan evidente oleada denunciatoria.

El asombro del ministro es uno más de los típicos recursos al victimismo que los movimientos corporativos construyen para legitimar y perpetuar su poder. Ha sido desde siempre el recurso de la Iglesia católica, más tarde del Ejército, del nacionalismo o, como en este caso, de los actuales dirigentes del Partido Popular. Manifestarse como víctima es un recurso destinado a crear una comunión identitaria con la gente crédula al tiempo que se fabrica un enemigo (generalmente de clase) al que culpabilizar y combatir. Franco, por ejemplo, usó a “los mártires de la cruzada” y el fantasma del comunismo para cimentar su poder durante cuarenta años, mientras levantó un muro de silencio, que hoy todavía persiste, para borrar el recuerdo y el mensaje político de las verdaderas víctimas. Es muy del ministro invocar al santoral y al martirologio, pero esa treta ya no cuela. Hoy la gente está más (aunque tal vez no mejor) informada.

Por Pablo del BARCO

El Ministro de Interior (que tiene o dice tener un interior muy ppulido, católico, limpio y veraz) ha vuelto a mentir, o, expresado en su nomenclatura, a ser transpparente: dijo hace unos días que no se habían utilizado pelotas de goma contra los que pretendía entrar ilegalmente en Ceuta; ahora dice que sí, que se utilizó material antidisturbios, pero que disparaban a veinte metros de los neumáticos o balsas que utilizaban los sudafricanos. Claro que todos sabemos que las balas en el agua toman la velocidad y la dirección caprichosa que ellas quieren y por eso se fueron a empotrar en las superficies de caucho, plástico y goma inutilizando esos artilugios citados llamados vulgarmente, y aquí tan certeros pero inútiles,  salvavidas. Hoy un vídeo de un particular le ha dejado con el culo al aire al transpparente ministro (¿tendrá, él tan católico, que confesarse por esta mentira?), y con la vergüenza (si la tienen) en la boca al director general de la Guardia Civil y al representante del Gobierno en Ceuta. A esta divergencia santificada del PP (Partido Papal) se ha unido el anuncio del tal jefe amenazando con querellas criminales contra los que difundan esas falaces informaciones, que ahora resulta que son verdad. Es decir, que va a tener que ponerle una querella criminal al mismísimo ministro. ¿Lo hará? Dicen ya una mentiras de tal calibre que no las controlan y usan entre ellos como arma arrojadiza para mantener el prestigio, el poco que les queda. En resumen: 15 ahogados ya, nadie se responsabiliza y NADIE DIMITE.

1331464048_0Por Pablo DEL BARCO

“Cualquiera tiempo pasado fue mejor” (Jorge Manrique a la muerte de los padres, lema del Gobierno)

Me levanto agradecido a estos muchachos inconsistentes del Gobierno porque consiguen que no pase el tiempo, que nos sintamos más jóvenes. Con la revisión, -“transtemporalización” dirán ellos, tan brillantes con el nuevo pseudolenguaje que usan para explicar lo que no tiene explicación-,  de la ley del aborto,  nos conducen a nuestra oscura y nada permisiva juventud, nos recuerdan los primeros viajes al extranjero de muchas de nuestra muchachas, barriga incluida. Viajar era desacostumbrado, caro y difícil, pero las escapadas de dos o tres días a Londres estaban a la orden del día; era el único camino del aborto y de abrir los ojos al mundo; para las clases medias, aunque de tapadillo y con extravagantes explicaciones sociales. Las pobres tenían que cumplir su destino hasta el parto.

Por Juan JORGANES Reporteros sin Fronteras (RSF) ha mostrado “gran preocupación” por la destitución de varios periodistas de […]