Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA

Anabel Díez firma en la sección de Política de elpais un artículo titulado «El PSOE y Podemos cierran las puertas a entenderse aunque fracase Rajoy». No parece que se trate de especulación ni de intoxicación; los hechos que se narran, en particular el cruce de insultos entre algunos diputados en el acto solemne de constitución de las cortes, son tan penosos que renuncio a transcribirlos. Las dos formaciones siguen con los puentes levadizos alzados, y sin la menor intención de bajarlos. Ahora todo se reduce, pues, a un pulso para ver quién capitanea las tareas de oposición durante la próxima legislatura. Si eso es hacer política, que venga Togliatti y lo vea.

Por Pedro JIMÉNEZ MANZORRO

Hacía ya algún tiempo que no me sentía sujeto histórico. Este periodo de desgobierno flanqueado por dos generosas elecciones ha sido divertido y fructífero para el emocionante universo del monólogo. Hagamos un esfuerzo de memoria que no nos deje extenuados.

En el verano de 2015 Iglesias despreciaba a IU (cenizos y pitufos gruñones) y solo quería a Garzón en sus listas. En las elecciones de diciembre las fuerzas políticas y los medios de comunicación silencian la existencia de la coalición y los amigos y deudos la dan por fenecida. IU-UP obtiene algo más de novecientos mil votos y dos diputados; los allegados dan el pésame mientras mordisquean frases contra la ley electoral. Son días triunfales para Podemos, pero no hay forma de pactar gobierno. Empieza a hablarse de una coalición electoral de izquierdas para unas nuevas elecciones. Te enteras de sopetón de que IU —y de camino el PCE— es no solo patrimonio inmaterial  de la Izquierda española sino pilar irrenunciable de su sistema democrático… por lo que no puede acudir coaligada con nadie a ningún sitio decente (PRISA se emplea a fondo en ello). Se produce el acuerdo: Antonio Elorza vuelve a certificar el fin de IU en El PaísRosa Aguilar, ella, lamenta que IU se haya entregado a precio de saldo. Llega la campaña, que se desarrolla con inusitada dureza contra Unidos Podemos; los comunistas ya no son patrimonio irrenunciable de nada sino seres de dudosa ralea y aparecen inevitablemente unidos a los independentistas y a los bolivarianos. Los resultados de la coalición, aun siendo buenos, se antojan insuficientes para igualar las expectativas de la demoscopia. El profesor Errejón echa la culpa (curpa, curpita) de los resultados al pacto con IU, contra la tesis oficial de Iglesias y el Echenique de los gatos cenizos. Ahí estamos.

Por Javier ARISTU

Hace tiempo que no leía un documento tan errático, equívoco y desproporcionado. La política en estos tiempos anda algo inestable; no podía ser de otro modo dado el nivel y la profundidad de la crisis social y cultural por la que pasamos. Desde Hungría hasta Reino Unido, si hablamos de Europa, los factores nacionalistas e identitarios están llenando los espacios que las antiguas concepciones sociales han ido dejando vacíos. El atentado mortal contra la diputada laborista Jo Cox no es una anécdota: viene desde unas concepciones sobre la nación y desde un determinado territorio ideológico.

Por Javier FLORES FERNÁNDEZ-VIAGAS

La lectora, de Fragonard
La lectora, de Fragonard

Toda la polémica suscitada hace un mes a propósito de la intervención de Pablo Iglesias en la Universidad Complutense de Madrid, en la que la emprendió contra un periodista del diario El Mundo, giró en torno a la libertad de prensa y las intenciones del mencionado líder político en relación a este asunto. Al margen de las malas formas y el tono altanero de Iglesias, resultan interesantes sus reflexiones en relación a la libertad de prensa que, como establece la Constitución con la que algunos quieren acabar, debe ejercerse de manera veraz. En este sentido, cabe recordar aquella entrevista del año 2012, en la que el presidente ecuatoriano Rafael Correa ilustraba a una conocida periodista española acerca de las diferencias entre libertad de expresión y libertad de imprenta, esta última mucho más restringida que la primera a la hora de ponerla en práctica, pues depende del capital del que se disponga.

Por Javier ARISTU

Ando sumergido en asuntos del pasado. Los del presente me tienen, ¿cómo decirlo?, algo aturdido y sorprendido, por lo que recurro a la vista atrás, a repasar fotos y mensajes de hace treinta o cuarenta años, intentando encontrar claves y señales que me alumbren algo en estos tiempos de actualidad rabiosa. Para entender el presente, me dicen amigos, hay que leer, al parecer, a Juan Carlos Monedero. Ya habrá momento. Vayamos, por ahora, nosotros a ese tiempo en que la democracia española recién comenzaba después de cuarenta años de dictadura.