Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Nunca la defensa de la democracia durante la transición congregó las multitudes que ahora moviliza la independencia en Cataluña. He visto miradas puras, extasiadas de alegría y esperanza, sintiéndose testigos de la aurora de un nuevo país; masas sonrientes a la luz de las velas cantando Els segadors o La Santa Espina , o marchando ordenadamente, entre un océano de banderas, tras sus autoridades políticas, representando un espectáculo de innegable emotividad: una multitud festiva y aseada que protagoniza una fiesta y no la tragedia que suele ambientar esos actos fundacionales. Un poble en marcha. Un espectáculo más que épico, lírico. Resistencia a lo Gandhi, pero sin desarrapados. Una imagen magnífica de guapa clase media.

Por Javier TERRIENTE

3.- Un acuerdo con fórceps

La elección de Pedro Sánchez al frente del PSOE, ha venido acompañada de una propuesta de compromisos por la izquierda, que ha vuelto del revés la estrategia de Podemos de confrontación directa con la Trama y la Trilateral del Sistema. Del Podemos cara a cara frente al bipartidismo, al juntos podemos, sin transición alguna, ¡qué de vueltas da la vida!

Por Javier TERRIENTE

1.- ¡Minorías al poder!

De cómo un partido grupuscular, y crepuscular, en el ocaso de su trayectoria, ha sido capaz de controlar la organización de Podemos en Andalucía y otros lugares, con la inestimable ayuda de la dirección estatal, mientras sus oponentes se fragmentan a su paso,  es digno de figurar en los Planes de Estudios de la Facultad de Sociología de la Complutense  como un clásico de la conspiración política.

 

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Por fin, al alcanzarse los novecientos casos aislados de corrupción en el PP,  Rajoy ha decidido atajar de raíz el problema recordando lo que nos decía el cura “ya que no podéis ser castos, ser cautos”. Ha caído en la cuenta de que lo malo de la corrupción es su conocimiento, porque  el escándalo debilita la autoridad.

En los medios de comunicación ya aparecen voces que nos avisan de que el excesivo celo de la Guardia Civil va a convertir España en un estado policíaco; se establece la Ley Mordaza; se mueven jueces, fiscales y la frontera entre el poder ejecutivo y judicial; renace el término chisme con nuevo significado… y aparece en un horizonte próximo  otro espantajo que nos hará olvidar la corrupción: el separatismo catalán.

Por Javier ARISTU

¿Es posible volver a situar la política en el centro de la actividad social?

La pregunta parece contradictoria con lo que realmente parece estar ocurriendo dado que las noticias imperantes hoy en las cabeceras de los medios, en los círculos de las redes sociales y en las conversaciones de la gente es la crítica de la política. Como si esta, la política, estuviera marcando la vida de nuestras sociedades. Y, sin embargo, la política está siendo arrinconada por otros tipos de actividades y dedicaciones. Trataré de explicarme a partir de algunos ejemplos que he venido observando en las últimas semanas.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Los acontecimientos de la semana pasada han supuesto una crisis tan grave para el PSOE que amenaza con invalidarlo como uno de los instrumentos más importantes  y eficaces que ha tenido la Izquierda en este país desde hace casi siglo y medio.  Y todo ello ocurre en medio de una crisis general que afecta al conjunto del Estado y sus instituciones a su vez enmarcada en la crisis de la Unión Europea y que evidentemente ha tenido una incidencia importante en la propia deriva del PSOE.

Por Javier ARISTU

De toda crisis siempre sale algo bueno, a veces.

De la crisis por la que está pasando el PSOE y que todos hemos visto en vivo y en directo ha surgido un personaje que contradice precisamente dicha crisis: José Borrell. Las dos actuaciones —no he visto otras— que el exministro y ex candidato socialista ha tenido en los últimos días, tanto en la cadena SER con Pepa Bueno como ayer en la Sexta con Wyoming, y al calor de la batalla en el Comité federal, han rejuvenecido y han embellecido la política como ninguna otra intervención. Ningún discurso, ninguna intervención, ninguna iniciativa de ningún político o política española ha podido igualarse con la del exministro. José Borrell identifica como pocos en estos momentos “la nueva política” que necesita este país.

Por Javier ARISTU

Cuando, profesor de literatura en activo, trataba de explicar a mis alumnos  el famoso tránsito español del siglo XIX al XX, la llamada crisis del 98, era inevitable hablar de una generación, un grupo de ilustres escritores que habían sido capaces de interpretar la esencia de España –la crisis de España, más bien— a través de sus ensayos, poemas y relatos. Unamuno, Azorín, Maeztu, Baroja, Valle Inclán eran los autores de aquella nómina. Machado era otra cosa, más a su aire, más autónomo y más interesante. No tengo en estos momentos que escribo las referencias para saber de dónde pudo surgir esa manida y falseada estampilla de “generación del 98” para encuadrar a gente tan distinta y contradictoria en el mismo grupo. ¡Unamuno y Valle Inclán, dos individuos de especies distintas! Creo que ya estudiante de bachillerato me enseñaron en los libros de entonces —mitad de la década del sesenta— ese constructo histórico-literario de una pretendida generación de la crisis de fin de siglo. La influencia de Ortega y de Julián Marías era evidente. Posteriormente, toda una escuela de enseñanza literaria de los años setenta (especialmente el  recordado Lázaro Carreter) prosiguió con esa lectura castellanista, y nacionalista en definitiva, de una pretendida generación del 98. Afortunadamente, años después se ha ido corrigiendo y reorientando esas alineaciones hacia una historia de la cultura española de aquel momento más compleja, diversa y diferente al “paisajismo” castellano.