Por Juan JORGANES

Si durante una campaña electoral las palabras se retuercen hasta significados imposibles (el aborto posparto, del que habló Suárez Illana, por ejemplo), en los análisis de los resultados de las elecciones los números pintan realidades increíbles: 2 + 2 pueden ser 4 o 22, o este 2 ha de contarse como 8 por la fuerza del viento en esta provincia ventosa y como 100 en aquella región con lengua propia.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

En las últimas semanas estamos asistiendo a un peligroso ambiente de polarización social que enloda la actividad parlamentaria y hace muy difícil abordar con la necesaria y adecuada serenidad la cantidad de problemas que este país tiene planteados. El lenguaje parlamentario, el de de gran parte de los medios de comunicación y de las redes sociales recuerda a los meses previos a la guerra civil. No es el caso afortunadamente de las condiciones socioeconómicas ni de las FFAA cuya realidad ni por asomo recuerda aquellos años.  No digo por tanto que nos amenace una guerra civil pero este uso irresponsable del lenguaje y la subida de la temperatura política que parece haber convertido a muchos de los dirigentes políticos en verdaderos incendiarios puede confundir a algunos. He leído recientemente la noticia de que un dirigente de los “chalecos amarillos” en Francia, Christophe Chalençon (recibido por cierto por el Viceprimer ministro italiano Luigi di Maio) ha afirmado que “una guerra civil (en Francia) es inevitable” y que si Macron no cedía “corresponde a los militares entrar en acción” (El País 8 febrero). Nunca pensé que semejante cosa se pudiera oír en la Franca republicana. Pero eso nos indica que el problema no es solo de España. Parece que hay un interés de determinados actores (¿Steve Bannon, Putin, Trump?)en elevar la tensión política en Europa.

Por Javier ARISTU

Nunca habíamos asistido a un silencio tan apabullante. La izquierda, las izquierdas andaluzas más propiamente, está callada, muda, sorprendida ante los resultados del 2D y sin saber cómo actuar ante el nuevo marco surgido de aquel domingo que pasará sin duda a la historia de sus desgracias. Desde aquella jornada en que salieron por el tablero de la televisión las cifras que le trajeron la desventura no hemos escuchado ni una sola propuesta operativa desde el PSOE ni desde Adelante Andalucía. Es como si todavía estuvieran noqueados por el impacto. Alelados.

Por Javier ARISTU

Xavier Domènech abandona la política en primer plano y el protagonismo consecuente de estar al frente de una organización como los Comuns. Lo ha hecho en un plis plas, de forma repentina aunque al parecer lo ha debido de estar meditando en las últimas semanas. Estas cosas, seguramente, solo salen bien si las haces así, a las bravas, de repente, sin someter la cuestión a la opinión de tus cofrades del partido según el consabido latiguillo de “Presento mi dimisión…”. O dimites, en Facebook, en twiter, de improviso, o se te hace una eternidad porque los tuyos, los que piensan como tú, los que están en tu propio barco y de ti dependen, no te van a dejar marchar. Como se dice en estos casos, confiemos en que si la política pierde una persona capaz y reflexiva (que reflexiona, que piensa) la historiografía gana un buen profesional de la historia del trabajo y de la historia en general.