Por Javier ARISTU

Xavier Domènech abandona la política en primer plano y el protagonismo consecuente de estar al frente de una organización como los Comuns. Lo ha hecho en un plis plas, de forma repentina aunque al parecer lo ha debido de estar meditando en las últimas semanas. Estas cosas, seguramente, solo salen bien si las haces así, a las bravas, de repente, sin someter la cuestión a la opinión de tus cofrades del partido según el consabido latiguillo de “Presento mi dimisión…”. O dimites, en Facebook, en twiter, de improviso, o se te hace una eternidad porque los tuyos, los que piensan como tú, los que están en tu propio barco y de ti dependen, no te van a dejar marchar. Como se dice en estos casos, confiemos en que si la política pierde una persona capaz y reflexiva (que reflexiona, que piensa) la historiografía gana un buen profesional de la historia del trabajo y de la historia en general.

Por Javier ARISTU

Se han desatado las hostilidades dentro del PP. La guerra ha comenzado pero es, sin duda, un conflicto que necesitaba el partido de la derecha española y que venía posponiéndolo desde hace muchos años. El modelo de partido, y posiblemente de estrategia política, que diseñaron Fraga y, sobre todo, Aznar ha saltado por los aires. El PP de los últimos treinta años está enterrándose y no sabemos qué va a salir de este proceso de elecciones internas pero sin duda lo que salga ya no tendrá nada que ver con el  partido al que hemos estado acostumbrados. El PP ha tenido tres etapas claramente diferenciadas; a pesar de que su base social y electoral ha podido cambiar poco en estos cuarenta años —sí es verdad que esa base se ha rejuvenecido— el estilo o modo de funcionamiento del partido no ha sido exactamente igual: los dirigentes de cada época han moldeado un “estilo de partido” a su propia forma de ser, la del líder.

Por Colectivo SENDA

El pasado día 8 de mayo fuimos invitados por la Asamblea de IU -Distrito Casco Antiguo de Sevilla- a participar en una charla-debate bajo el título “Organizando las Confluencias”.

Las lógicas limitaciones de tiempo nos impidieron poder desarrollar suficientemente algunos aspectos sobre el proceso de confluencia que nos parecían de interés, por lo que, sin pretender agotar la totalidad de aspectos que forman parte del debate abierto, hemos optado por plantear públicamente estas breves notas con el único interés de contribuir modestamente a impulsar el necesario debate sobre un asunto que consideramos crucial para el futuro de la izquierda a corto, medio y largo plazo.

Por Javier ARISTU

En medio del agujero negro de su encarcelamiento durante los años treinta del pasado siglo, el histórico dirigente comunista Antonio Gramsci se planteó desarrollar un trabajo de investigación sobre la historia de su país, Italia. En la celda de Turi, con los pocos libros y revistas que le dejaba usar la administración carcelaria y que su amigo Piero Sraffa le enviaba, Gramsci se propuso estudiar la Italia mussoliniana a partir de la historia del Risorgimento (el periodo de la construcción nacional italiana) y de la República e Imperio de Roma, una época esta que se aleja hasta más de dos mil años antes. El encarcelado –tal y como escribe en su cuaderno carcelario nº 19– se planteaba analizar aquellos elementos históricos que habían podido dar sentido a la moderna nación itálica: 1)el propio sentido que ha tenido la palabra «Italia» a lo largo de la historia; 2) la importancia del cambio geopolítico de la República romana al Imperio a partir de César y la posterior división de este entre Oriente y Occidente; 3) el surgimiento de nuevos grupos sociales a lo largo de la Edad media, grupos nucleares de una nueva sociedad; y 4) las monarquías absolutas y el desarrollo del mercantilismo como factores de una rápida modernización de las estructuras de las naciones europeas.

Por Javier ARISTU

Nuestro amigo Steven Forti ha utilizado una expresión conocida, pero terrible, para definir lo que ha pasado en Italia ayer domingo: terremoto. Efectivamente, la tierra ha temblado y una parte muy considerable del edificio institucional italiano ha sido destruido. En su urgente análisis publicado en Contexto aporta suficientes elementos para comprender la gravedad de lo que ha pasado. Algunos hablan ya de una Tercera República. Los engranajes sobre los que se sustentó en los últimos veinte años la política en esa península están destruidos. Ya antes, con la desaparición de la Democracia cristiana y el Partido comunista, se habían volatilizado las artes políticas que gobernaron y dirigieron Italia desde 1945 hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. Ayer se derrumbaron las de los últimos veinte años. Creo que pocas personas conocedoras de la política estarán en condiciones de saber lo que vaya a pasar a partir de ahora. Un terreno ignoto, desconocido y alarmante se abre. El problema es que analistas y conocedores venían avisando desde hace tiempo de lo que podía ocurrir.

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Nunca la defensa de la democracia durante la transición congregó las multitudes que ahora moviliza la independencia en Cataluña. He visto miradas puras, extasiadas de alegría y esperanza, sintiéndose testigos de la aurora de un nuevo país; masas sonrientes a la luz de las velas cantando Els segadors o La Santa Espina , o marchando ordenadamente, entre un océano de banderas, tras sus autoridades políticas, representando un espectáculo de innegable emotividad: una multitud festiva y aseada que protagoniza una fiesta y no la tragedia que suele ambientar esos actos fundacionales. Un poble en marcha. Un espectáculo más que épico, lírico. Resistencia a lo Gandhi, pero sin desarrapados. Una imagen magnífica de guapa clase media.