Por Javier ARISTU

Se han desatado las hostilidades dentro del PP. La guerra ha comenzado pero es, sin duda, un conflicto que necesitaba el partido de la derecha española y que venía posponiéndolo desde hace muchos años. El modelo de partido, y posiblemente de estrategia política, que diseñaron Fraga y, sobre todo, Aznar ha saltado por los aires. El PP de los últimos treinta años está enterrándose y no sabemos qué va a salir de este proceso de elecciones internas pero sin duda lo que salga ya no tendrá nada que ver con el  partido al que hemos estado acostumbrados. El PP ha tenido tres etapas claramente diferenciadas; a pesar de que su base social y electoral ha podido cambiar poco en estos cuarenta años —sí es verdad que esa base se ha rejuvenecido— el estilo o modo de funcionamiento del partido no ha sido exactamente igual: los dirigentes de cada época han moldeado un “estilo de partido” a su propia forma de ser, la del líder.

 

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Por fin, al alcanzarse los novecientos casos aislados de corrupción en el PP,  Rajoy ha decidido atajar de raíz el problema recordando lo que nos decía el cura “ya que no podéis ser castos, ser cautos”. Ha caído en la cuenta de que lo malo de la corrupción es su conocimiento, porque  el escándalo debilita la autoridad.

En los medios de comunicación ya aparecen voces que nos avisan de que el excesivo celo de la Guardia Civil va a convertir España en un estado policíaco; se establece la Ley Mordaza; se mueven jueces, fiscales y la frontera entre el poder ejecutivo y judicial; renace el término chisme con nuevo significado… y aparece en un horizonte próximo  otro espantajo que nos hará olvidar la corrupción: el separatismo catalán.