Por Manuel ALCARAZ RAMOS

1.- El domingo 24 se produjo el primer acto del cambio político en el País Valenciano con el triunfo de la izquierda. Pero para que ese cambio sea profundo y no mera alteración epidérmica, la misma izquierda ha de convertir esa mayoría electoral en una mayoría social que de un apoyo activo a las medidas de transformación económica y social y en las formas de acción política. Las dos mayorías se requieren pero no pueden identificarse. En la mayoría electoral hay un componente vindicativo, el deseo de castigar a un PP agotado, incapaz de entender muchas demandas, cruel a veces, minado estructuralmente por la corrupción. Buena parte de la ciudadanía ha visto en sus gestos una forma de violencia simbólica. El castigo, así, era una forma de defensa legítima antes que una venganza. Pero, por ello mismo, era relativamente sencillo que ese factor funcionara como amalgama entre diversos enfados y esperanzas. Es una mayoría “celebrativa” que ha expresado su alegría tomando calles, redes sociales y la conciencia de muchos que sólo conocieron gobiernos del PP. Sin embargo la mayoría social deberá tener unas características necesariamente distintas. La primera es su pluralidad, algo valioso para no caer en los pecados de soberbia del PP, pero que complica su construcción y mantenimiento. Carecerá de la expresividad de una noche de fiesta: requerirá de la perseverancia del trabajo y de la renovación constante de una esperanza acosada por las dificultades heredadas. Deberá encontrar fórmulas de articulación y de apoyo, que difícilmente tendrán, en el medio plazo, la forma de movilizaciones callejeras en favor de medidas que no siempre serán fáciles de explicar o/y que no podrán adoptarse a la velocidad deseada. Quedar prisioneros del imaginario de la fiesta política alentaría la frustración.

Por Francisco PALERO GÓMEZ

Aun a riesgo de no ser preciso en el análisis por ver la realidad política andaluza desde la distancia e influido por los voceros – en las tertulias no descubro  analistas – me voy a adentrar, siguiendo la reflexión publicada por Aristu, en el suceso de la no investidura de una Presidenta que apareció en la escena política por mor de la designación a dedo y que pretende hoy repetir, fundada en la razón cierta de representar a la fuerza más votada de Andalucía, pero – al menos eso es lo que trasmite – haciendo caso omiso a la aritmética, esto es, al hecho cierto de que han sido mayoría los andaluces que no le dieron su apoyo en las elecciones por ella convocadas.

El hecho, el suceso – o el insuceso –, me conduce a tres reflexiones enlazadas.

1.- La singularidad andaluza.

Señalemos lo obvio: Andalucía celebra su fiesta el 28 de febrero y – a diferencia de otras comunidades históricas – en conmemoración de una batalla (política) ganada: la que asimiló esta comunidad a las de origen histórico, la que permite a Andalucía elegir sus gobiernos en espacios temporales diferentes al resto de las autonomías y por ello reafirmando su identidad conquistada y sin injerencia dependiente de los avatares de otras realidades políticas.

Por Javier ARISTU

Nunca se arrepentirá lo suficiente Susana Díaz de haber adelantado las elecciones andaluzas al pasado 22 de marzo. Cada día que pasa es un grano en la cuenta de ese error. Antes dependía de una minoría que participaba dentro de un gobierno y ahora tiene enfrente a cuatro partidos que conforman una mayoría de rechazo, ninguno de ellos con posibilidad —de momento— de pactar con ella de forma estable y  que es posible que  nunca vayan a estar con ella en tareas de gobierno. De un gobierno de coalición en 2012, con acuerdo firmado, con tres consejeros de IU, y con un Maíllo y la mayoría de la dirección andaluza de esta formación que estaban a pesar de los pesares por mantener ese pacto de gobierno, Susana Díaz ha pasado a suplicar “que la dejen gobernar” en solitario. Y hasta ahora le han contestado que no.

La candidata socialista y antes presidenta pretendió cambiar, ahora se ve claro,  el ciclo electoral de este año 2015; lo que no se sabe es que con qué finalidad. Desde luego, y a la vista de los resultados, no parece que a pesar de haber mantenido los mismos escaños, lo cual se puede considerar un éxito en los tiempos que corren,  haya conseguido un triunfo político. La aritmética parlamentaria es la que es. Susana Díaz y el PSOE andaluz están ambos peor que antes. Cuando adelantó las elecciones, situándolas dos meses previos a las municipales y autonómicas y medio año de las tan decisivas generales de final de 2015, creía romper un hipotético curso de descenso de su partido y que, con los resultados que esperaba, la situaría en una plataforma inmejorable para gobernar Andalucía e influir a su vez en la política española. Se ha topado con el enorme escollo de que le faltan 8 escaños para tener la mayoría absoluta y, lo que es peor, enfrente tiene cuatro partidos y 62 diputados que están en el lado completamente contrario: no quieren pacto de gobierno de ningún tipo pero tampoco están dispuestos a dejarla pasar de rositas absteniéndose en la investidura “para dejarla gobernar”.

Por Javier ARISTU

 El 16 de abril se celebrará la sesión constitutiva del nuevo Parlamento andaluz nacido de las elecciones del pasado 22 de marzo. Se iniciará así la X legislatura, 33 años después de aquel adánico 1982. Ciertos datos apuntan a que podría haber un gobierno monocolor del PSOE, con mayoría relativa y en un hemiciclo más complicado al estar compuesto, además del partido de la mayoría, por cuatro fuerzas —tres de ellas decisivas para un hipotético gobierno de coalición o para dar la mayoría absoluta. Pero al día de hoy eso no está tan claro, si tenemos en cuenta las declaraciones de las fuerzas parlamentarias decisivas. En resumen, el PSOE no puede constituir gobierno si alguna de esas tres fuerzas (PP, Podemos, Ciudadanos) no se abstiene o vota a favor; y, si eso ocurriera en la sesión de investidura, el PSOE no tiene garantizado el gobierno durante cuatro años si alguna de esas fuerzas no le apoya activa o pasivamente en el parlamento. Las leyes y las propuestas parlamentarias  necesitan mayoría y el PSOE no la tiene de momento. Es el primer partido en voto y en escaños pero…no tiene la mayoría necesaria. O eso lo aprende pronto Susana Díaz o puede cometer errores garrafales.