Por Carlos ARENAS POSADAS

El ministro del interior no se explicaba el otro día por qué tras las elecciones y en pleno proceso de investidura para la formación de un nuevo gobierno estaban saltando a los medios y a los juzgados tantos y tan diversos casos de corrupción relacionados con el Partido Popular. Aquella pregunta me pareció una burda añagaza destinada a despistar, escondiendo las razones de tan evidente oleada denunciatoria.

El asombro del ministro es uno más de los típicos recursos al victimismo que los movimientos corporativos construyen para legitimar y perpetuar su poder. Ha sido desde siempre el recurso de la Iglesia católica, más tarde del Ejército, del nacionalismo o, como en este caso, de los actuales dirigentes del Partido Popular. Manifestarse como víctima es un recurso destinado a crear una comunión identitaria con la gente crédula al tiempo que se fabrica un enemigo (generalmente de clase) al que culpabilizar y combatir. Franco, por ejemplo, usó a “los mártires de la cruzada” y el fantasma del comunismo para cimentar su poder durante cuarenta años, mientras levantó un muro de silencio, que hoy todavía persiste, para borrar el recuerdo y el mensaje político de las verdaderas víctimas. Es muy del ministro invocar al santoral y al martirologio, pero esa treta ya no cuela. Hoy la gente está más (aunque tal vez no mejor) informada.

Por Javier ARISTU

Tras el debate y votación de ayer no sabemos si las espadas siguen en alto entre PSOE y Podemos cara a sustentar un gobierno de Sánchez o se está cerrando esta fase parlamentaria y tenemos a la vista elecciones generales. Por las intervenciones de los portavoces antes, durante y después del debate me inclino a pensar que visitaremos las urnas el próximo 26 de junio y que va a ser casi imposible que eso se remedie. Ojalá me equivoque.

Ya he puesto por escrito mi opinión de que ni es posible ni es conveniente en esta fase un gobierno denominado “de izquierda”. No hay fuerza parlamentaria que lo sostenga, no hay fuerza social y cívica suficiente para sustentarlo y, no es lo menos importante, no hay cultura ni programa cohesionado y unitario capaz de llevarlo al éxito. No se puede pasar en cuarenta y ocho horas del antagonismo y la contradicción fundamental al abrazo en la misma mesa de un gobierno. Para ello hace falta un proceso de encuentros y de diálogo que no ha habido tiempo de desarrollar desde que Podemos accedió a la relevancia electoral hace menos de dos años.

Por JAVIER ARISTU

En mi última entrada en este blog cité a Berlinguer y su política de compromiso histórico para referirme a la actual situación española. Solo un lector con escasas dotes o con excesiva mala intención ha podido pensar que con esa referencia me refería a la necesidad de una gran coalición entre PSOE y PP. Nada que ver. Citando al dirigente italiano trataba de rescatar de la historia (1973) una de las reflexiones más lúcidas, poderosas y audaces hecha sobre los cambios culturales en las sociedades occidentales y la necesidad de una política de alianzas de amplio recorrido. Aquella política de compromiso histórico —que supuso uno de los debates más intensos en el interior del PCI— sabemos que fracasó. El asesinato de Moro, la política de la dirección de la Democracia Cristiana y, posiblemente, otras intervenciones ajenas a la política, provocaron que aquella orientación construida por Berlinguer no pudiera llegar a término. Pero muchos de los análisis y reflexiones que este proyectó en sus papeles siguen teniendo una evidente actualidad para gran parte de los países europeos, entre ellos el nuestro. No se trata de quedarse solo con la frase reductora —el “pacto con sectores que no son de la izquierda”— sino de entrar en la médula del análisis berlingueriano y comprender las razones que están tras el mismo. La sociedad italiana (y europea) de aquellos primeros años 70 ya no era la de los años 50. Y hoy sigue siendo una evidencia que esta sociedad de principios del siglo XXI es mucho más compleja y diversa aún que la de entonces. Cojamos, pues, no las hojas del rábano; quedémonos con la esencia y el espíritu de aquel análisis vertebrador de una nueva manera de pensar la política desde posiciones de izquierda.

Por Ramón BARRAGÁN REINA

(La izquierda en su conjunto, acordando o absteniéndose, podría gobernar de facto)

El desenlace, si nadie lo remedia, puede ser frustrante para todos los españoles que creyeron en las posibilidades de un acuerdo de izquierdas, que representase a 11,6 millones de votantes y que sirviese para echar al PP a la oposición y fuese el comienzo de nuevas políticas progresistas (en sanidad, educación, vivienda, salarios, pensiones, impuestos…) para la mayoría social de este país llamado España, sin establecer distinciones entre naciones, nacionalidades o regiones, aunque eso sí, con una clara vocación de buscar el mejor encaje posible de todos y todas, sin humillaciones, ni privilegios, dentro de una nueva Constitución.

Por Javier ARISTU

No son tiempos para segadoras, sierras ni pavimentadoras. Estas son máquinas definitivas, absolutas, no dejan nada tras de sí. Una segadora arrampla con todo y lo que deja son simples ramajes sin uso; la sierra corta, desmocha y convierte en pequeñeces las grandes ramas; y la pavimentadora, qué le voy a decir, arrasa con todo vestigio anterior cubriéndolo con una capa negra de asfalto. Las elecciones del 20D han dado como resultado un panorama que hace imposible propuestas políticas rotundas, radicales, terminantes. No hay fuerza suficiente en ningún partido ni coalición a dos para aplicar un programa de cambio sustancial de la situación. Se imponen, por tanto, acciones de corte fino, sutil, delicado, capaces, aun sin ser radicales, de modificar lo suficiente el actual estado de cosas y abrir para el futuro un escenario más positivo y regenerador. Frente al hacha y el mazo, el bisturí y el martillo de platero. Y mucha precisión, en vez de fuerza bruta.

Por Ramón BARRAGÁN REINA

(Ni en los cielos, ni en los bajos fondos)

ACTO I

¡Albricias! Ya han comenzado las negociaciones para que podamos tener un Gobierno en condiciones en España. Somos muchísimos los que nos alegramos de este feliz acontecimiento, que –por fin– desplaza al PP de tamaña responsabilidad, demasiada pesada para gente tan débil, dada la escasa fuerza moral que les queda.

Por Javier ARISTU

Han pasado 37 días desde la celebración de elecciones. Todavía no hemos visto los españoles ninguna mesa de negociación para alcanzar un gobierno. A lo más, asistimos a declaraciones unilaterales, retiradas tácticas y  trampas contra el adversario.  Partamos de la base de que cualquier opción de gobierno capaz de salir adelante parlamentariamente es incómoda, por no decir hostil, para cada uno de sus protagonistas. Veamos algunas.

Por Francisco DURÁN LAGO

Soñar no cuesta dinero, así que me acuesto todas las noches, desde el 20D, ilusionado, contento de que por fin la derecha ya no gobierna España, que se ha terminado la gran pesadilla de los recortes, de la degradación de la democracia, que la reforma laboral ha desaparecido, que la sanidad y los medicamentos que pagan los jubilados junto con la educación y las pensiones son algo del pasado, que los que quieren trabajar van encontrando un puesto de trabajo con salarios dignos, es decir, para finalizar mi sueño, que vamos de nuevo a vivir en un país donde la ciudadanía recobra su sonrisa dejando atrás el autoritarismo, el rodillo de la mayoría absoluta de esta derecha dirigida por un gran servidor de los poderes más reaccionarios de España, Mariano Rajoy, y que las fuerzas de izquierdas, y del centro habían formado gobierno.

Por Juan JORGANES

He perdido las elecciones con el peor resultado de mi partido desde 1977 y la enfollonadora de guardia de mi partido ya se ha colocado los galones de enfollonadora jefe, aunque solo sea porque arrastra más tropa que nadie.

Así que puedo quedarme en una esquina agitando banderines, banderas y otros trapos que me vayan pasando los míos mientras la ola de la política del 20 D pasa por encima de mí y del partido.

También podría tomar la iniciativa, cabalgar la ola del 20 D, liderar un proyecto para una legislatura que represente una alternativa al que presenta la derecha, el PP, a quien ha presidido el Gobierno que ha favorecido la desigualdad social, ha empobrecido a la mayoría, ha expulsado de España a los mejores estudiantes, presidente de un partido corrupto…