Por Ramón BARRAGÁN REINA

La situación política española es ya insostenible. Cada vez queda menos tiempo, aunque nos da la sensación a los ciudadanos que algunas fuerzas políticas están haciendo todo lo posible en que la insostenibilidad sea total y las nuevas elecciones, por agotamiento de posibilidades y de tiempo, sean inevitables.

El 4 de marzo la investidura de Pedro Sánchez no se pudo consumar. El acuerdo PSOE-C’s apenas concitó adhesiones. Era normal, porque aún quedaba mucho tiempo y el acuerdo en sí mismo parece que no servía para formar un “gobierno del cambio”.

Por Carlos ARENAS POSADAS

El ministro del interior no se explicaba el otro día por qué tras las elecciones y en pleno proceso de investidura para la formación de un nuevo gobierno estaban saltando a los medios y a los juzgados tantos y tan diversos casos de corrupción relacionados con el Partido Popular. Aquella pregunta me pareció una burda añagaza destinada a despistar, escondiendo las razones de tan evidente oleada denunciatoria.

El asombro del ministro es uno más de los típicos recursos al victimismo que los movimientos corporativos construyen para legitimar y perpetuar su poder. Ha sido desde siempre el recurso de la Iglesia católica, más tarde del Ejército, del nacionalismo o, como en este caso, de los actuales dirigentes del Partido Popular. Manifestarse como víctima es un recurso destinado a crear una comunión identitaria con la gente crédula al tiempo que se fabrica un enemigo (generalmente de clase) al que culpabilizar y combatir. Franco, por ejemplo, usó a “los mártires de la cruzada” y el fantasma del comunismo para cimentar su poder durante cuarenta años, mientras levantó un muro de silencio, que hoy todavía persiste, para borrar el recuerdo y el mensaje político de las verdaderas víctimas. Es muy del ministro invocar al santoral y al martirologio, pero esa treta ya no cuela. Hoy la gente está más (aunque tal vez no mejor) informada.

Por Javier ARISTU

Tras el debate y votación de ayer no sabemos si las espadas siguen en alto entre PSOE y Podemos cara a sustentar un gobierno de Sánchez o se está cerrando esta fase parlamentaria y tenemos a la vista elecciones generales. Por las intervenciones de los portavoces antes, durante y después del debate me inclino a pensar que visitaremos las urnas el próximo 26 de junio y que va a ser casi imposible que eso se remedie. Ojalá me equivoque.

Ya he puesto por escrito mi opinión de que ni es posible ni es conveniente en esta fase un gobierno denominado “de izquierda”. No hay fuerza parlamentaria que lo sostenga, no hay fuerza social y cívica suficiente para sustentarlo y, no es lo menos importante, no hay cultura ni programa cohesionado y unitario capaz de llevarlo al éxito. No se puede pasar en cuarenta y ocho horas del antagonismo y la contradicción fundamental al abrazo en la misma mesa de un gobierno. Para ello hace falta un proceso de encuentros y de diálogo que no ha habido tiempo de desarrollar desde que Podemos accedió a la relevancia electoral hace menos de dos años.

Por JAVIER ARISTU

En mi última entrada en este blog cité a Berlinguer y su política de compromiso histórico para referirme a la actual situación española. Solo un lector con escasas dotes o con excesiva mala intención ha podido pensar que con esa referencia me refería a la necesidad de una gran coalición entre PSOE y PP. Nada que ver. Citando al dirigente italiano trataba de rescatar de la historia (1973) una de las reflexiones más lúcidas, poderosas y audaces hecha sobre los cambios culturales en las sociedades occidentales y la necesidad de una política de alianzas de amplio recorrido. Aquella política de compromiso histórico —que supuso uno de los debates más intensos en el interior del PCI— sabemos que fracasó. El asesinato de Moro, la política de la dirección de la Democracia Cristiana y, posiblemente, otras intervenciones ajenas a la política, provocaron que aquella orientación construida por Berlinguer no pudiera llegar a término. Pero muchos de los análisis y reflexiones que este proyectó en sus papeles siguen teniendo una evidente actualidad para gran parte de los países europeos, entre ellos el nuestro. No se trata de quedarse solo con la frase reductora —el “pacto con sectores que no son de la izquierda”— sino de entrar en la médula del análisis berlingueriano y comprender las razones que están tras el mismo. La sociedad italiana (y europea) de aquellos primeros años 70 ya no era la de los años 50. Y hoy sigue siendo una evidencia que esta sociedad de principios del siglo XXI es mucho más compleja y diversa aún que la de entonces. Cojamos, pues, no las hojas del rábano; quedémonos con la esencia y el espíritu de aquel análisis vertebrador de una nueva manera de pensar la política desde posiciones de izquierda.

Por Ramón BARRAGÁN REINA

(La izquierda en su conjunto, acordando o absteniéndose, podría gobernar de facto)

El desenlace, si nadie lo remedia, puede ser frustrante para todos los españoles que creyeron en las posibilidades de un acuerdo de izquierdas, que representase a 11,6 millones de votantes y que sirviese para echar al PP a la oposición y fuese el comienzo de nuevas políticas progresistas (en sanidad, educación, vivienda, salarios, pensiones, impuestos…) para la mayoría social de este país llamado España, sin establecer distinciones entre naciones, nacionalidades o regiones, aunque eso sí, con una clara vocación de buscar el mejor encaje posible de todos y todas, sin humillaciones, ni privilegios, dentro de una nueva Constitución.

Por Javier ARISTU

No son tiempos para segadoras, sierras ni pavimentadoras. Estas son máquinas definitivas, absolutas, no dejan nada tras de sí. Una segadora arrampla con todo y lo que deja son simples ramajes sin uso; la sierra corta, desmocha y convierte en pequeñeces las grandes ramas; y la pavimentadora, qué le voy a decir, arrasa con todo vestigio anterior cubriéndolo con una capa negra de asfalto. Las elecciones del 20D han dado como resultado un panorama que hace imposible propuestas políticas rotundas, radicales, terminantes. No hay fuerza suficiente en ningún partido ni coalición a dos para aplicar un programa de cambio sustancial de la situación. Se imponen, por tanto, acciones de corte fino, sutil, delicado, capaces, aun sin ser radicales, de modificar lo suficiente el actual estado de cosas y abrir para el futuro un escenario más positivo y regenerador. Frente al hacha y el mazo, el bisturí y el martillo de platero. Y mucha precisión, en vez de fuerza bruta.

Por Ramón BARRAGÁN REINA

(Ni en los cielos, ni en los bajos fondos)

ACTO I

¡Albricias! Ya han comenzado las negociaciones para que podamos tener un Gobierno en condiciones en España. Somos muchísimos los que nos alegramos de este feliz acontecimiento, que –por fin– desplaza al PP de tamaña responsabilidad, demasiada pesada para gente tan débil, dada la escasa fuerza moral que les queda.