Por Javier ARISTU

Si la política italiana merece algún epíteto, el de imaginativa le encaja perfectamente. Se trata de una metodología social y política que, a pesar de sus deficiencias y limitaciones, le ha dado considerables réditos como sociedad civil y como Estado político: viene funcionando en una permanente y aparente inestabilidad institucional y partidaria desde los años cincuenta del pasado siglo pero, salvo contadísimas excepciones, es una democracia parlamentaria consolidada. Sus problemas económicos no le impiden seguir marchando como una economía relativamente avanzada y sus perennes crisis de gobierno no han sido motivo como para que el país deje de moverse de forma relativamente razonable. En los años 70 y 80 del siglo XX Resolvieron la crisis simultánea del terrorismo rojo –bien es verdad que con el pasivo de asesinatos de Estado como el de Moro– y del terrorismo negro, con asesinatos de sindicalistas y masacres ignominiosas; han logrado contener la ofensiva mafiosa (recuerden los asesinatos de los magistrados Falcone y Borselino); en los 90 entró en liza un tiburón depredador como Berlusconi que hoy es un pececillo engullido en una red diferente a la que él diseñó. La última crisis de este verano ha mostrado esa capacidad imaginativa del sistema político italiano para darle la vuelta al calcetín: hace un año Italia estaba en manos de una “coalición de locos”, la formada por el M5S –los populistas antistema– y la Liga –los populistas parafascistas. Italia iba camino de una solución autoritaria y antieuropea de la mano de Salvini.

Por José Luis ATIENZA

Las negociaciones para formar gobierno no se pueden abordar sin asumir lo evidente, que las elecciones del 28 de abril de 2019 lograron movilizar a la izquierda y el sentido común en la España plurinacional por encima de la crispación y del tripartito de la plaza de Colón y cierra España. Por el contrario, el fracaso de la investidura en las dos votaciones del 23 y el 25 de julio ha provocado la desmovilización y la decepción de los votantes de izquierda. Decepción en el qué ha pasado, y en cómo ha pasado.

Por Javier ARISTU

El día más frío, de momento, en Andalucía nos viene acompañado de la publicación del Estudio General de Opinión Pública en Andalucía que publica el Centro de Análisis y Documentación Política y Electoral de Andalucía de la Universidad de Granada. El documento completo se puede descargar aquí. El Egopa suele ser un estudio serio y no sujeto a veleidades de marketing político. Más que las previsiones electorales —siempre caprichosas y volubles amén de no ser siempre certeras— lo que interesa de este tipo de estudios, como el del CIS, son los datos de fondo que aportan, las corrientes sumergidas que circulan por nuestras sociedades y que son las que de verdad se imponen al final. Ya tendremos más ocasión de comentar estas. De momento, glosemos algo de lo que parece más relevante de cara al mercado político. Un resumen aparece también en Eldiario.es.

Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA

Anabel Díez firma en la sección de Política de elpais un artículo titulado «El PSOE y Podemos cierran las puertas a entenderse aunque fracase Rajoy». No parece que se trate de especulación ni de intoxicación; los hechos que se narran, en particular el cruce de insultos entre algunos diputados en el acto solemne de constitución de las cortes, son tan penosos que renuncio a transcribirlos. Las dos formaciones siguen con los puentes levadizos alzados, y sin la menor intención de bajarlos. Ahora todo se reduce, pues, a un pulso para ver quién capitanea las tareas de oposición durante la próxima legislatura. Si eso es hacer política, que venga Togliatti y lo vea.

Por Ramón BARRAGÁN REINA

La situación política española es ya insostenible. Cada vez queda menos tiempo, aunque nos da la sensación a los ciudadanos que algunas fuerzas políticas están haciendo todo lo posible en que la insostenibilidad sea total y las nuevas elecciones, por agotamiento de posibilidades y de tiempo, sean inevitables.

El 4 de marzo la investidura de Pedro Sánchez no se pudo consumar. El acuerdo PSOE-C’s apenas concitó adhesiones. Era normal, porque aún quedaba mucho tiempo y el acuerdo en sí mismo parece que no servía para formar un “gobierno del cambio”.