Por Javier ARISTU

Andalucía está aportando a la cultura política contemporánea española algunos elementos y valores que no son precisamente halagüeños a la hora de pensar un futuro de pluralidad estable. Los meses transcurridos bajo el gobierno -ahora y todavía provisional- de Susana Díaz no inspiran al optimismo. Desde la toma de posesión de la actual Presidenta, por renuncia voluntaria de José Antonio Griñán, hasta estas semanas de juegos postelectorales y de intentos de formar gobierno las acciones y comportamientos expresados por Susana Díaz no muestran precisamente una actitud política coherente y lo que podríamos denominar seria. Desde el momento en que concibió las elecciones anticipadas como forma de reasignar su poder en Andalucía y fuera de Andalucía, hasta estos momentos en que parece jugar con otras nuevas elecciones que, cree ella, la llevarían a la mayoría absoluta, única forma al parecer de ser Susana, el comportamiento de la encargada de proponer gobierno no expresa sino un conjunto de pasos destinados a crear mayor inestabilidad en nuestra Comunidad.

Por Paco DURÁN LAGO

Hace 34 años que el pueblo andaluz aprobó en Referéndum su primer Estatuto de Autonomía (28 de Febrero 1980). Dos años antes, el pueblo andaluz junto al resto de españoles aprobaron la Constitución Española el 6 de diciembre 1978.

En su ya larga historia aquellos fueron dos momentos  de una enorme transcendencia e importancia para la vida de los andaluces/as  ya que  la Andalucía de aquella época era una región de  las más pobres y  atrasadas en España

El segundo Estatuto andaluz se aprueba en el año 2007, 27 años después del primero, tiempo suficiente para adecuarlo a los cambios que se habían producido en Andalucía. Uno de los párrafos del preámbulo dice lo siguiente: “si durante el último cuarto de siglo se han producido transformaciones intensas en el mundo, estos cambios han sido particularmente acentuados en Andalucía, donde en ese periodo hemos pasado del subdesarrollo económico y cultural a un panorama similar al de las sociedades más avanzadas, como ejemplifica la inversión de nuestros flujos migratorios”.

Por Carlos ARENAS POSADAS

El presidente Griñán en reunión con 22 empresarios de Andalucía
El presidente Griñán en reunión con 22 empresarios de Andalucía

El presidente Griñán, y no Pepe Griñán como quiere que se le llame, ha hecho público un mensaje de buenas intenciones tal y como corresponde a las fiestas navideñas. Un mensaje que contiene lo que ha llamado un Pacto por Andalucía, que ha concretado en ocho líneas estratégicas de acción política y económica. Ningún reproche a las intenciones. Andalucía representa poco más o menos el 17 por ciento de la superficie española y el 18 por ciento de la población, y no hay ninguna variable de las que se utilizan para dimensionar (convencionalmente) el desarrollo económico y social -PIB, ahorro de las familias, densidad empresarial, stock de capital, inversión en formación, y en I+D+i, etc.-, que alcance ni de lejos esos porcentajes con respecto a la media española. Por el contrario, somos líderes en todo aquello que supone atraso, incertidumbres, malestar -a la cabeza, una tasa de desempleo de más del 30 por ciento-. Bienvenido sea cualquier pacto que sirva cambiar tan desagradable balance.

No obstante, me caben serias dudas de que las buenas intenciones vayan acompañadas de la necesaria voluntad política y, especialmente, del rigor intelectual y coherencia necesarios para que las propuestas sea creíbles y  los resultados fructíferos.