Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Una disciplinada muchedumbre de centenares de miles de personas, sin distinción de clases, rostros radiantes de esperanza, familias enteras ordenadas en filas rojo y gualda, formando una uve y unidas al solo grito de in-de-pen-den-cia liderada por sus legítimas autoridades, es algo que acojona… aunque no sea lo que parece.

Por razones biográficas me reconozco hipersensible al nacionalismo: cuando tenía ocho años en la escuela nos daban un libro de historia cuya portada era “España, ¡que grande eres!” lo que, en el año cincuenta, no parecía evidente. El contenido, tan verificable como la portada, nos contaba tan relevantes acontecimientos como el martirio por los judíos del Santo Niño de La Guardia o la intervención de Santiago Matamoros en la batalla de Clavijo. Parte de la adolescencia en un seminario de los dominicanos (canes del Señor) y cinco años cobijado bajo el lema Todo por la Patria (así, sin matices) hicieron de mí un individuo que, bajo los acordes de “El sitio de Zaragoza” y henchido de amor patrio el corazón, buscaba el imperio hacia Dios.

Afortunadamente malas compañías y buenas lecturas me libraron del desvarío y me hicieron un hombre normal, aunque algo (re)sentido en el tema patrio.

Por Javier ARISTU

(El amigo López Bulla me incitaba a continuar tirando pelotas en campo abierto. Tras la pausa veraniega -larga, seguramente- seguimos lanzando bolas. A él va dedicada esta entrada con el propósito de volver a visitarle en su Pineda de Marx)

Razones familiares me han traído a Barcelona estas dos últimas semanas. He paseado por las calles de Barcelona, he gastado tiempo en bares y tabernas como las de antes –que todavía quedan-, he observado y escuchado a la gente por la calle y he leído algunas cosas sobre lo que está ocurriendo en esta tierra en relación con su futuro. He visto esta misma tarde, sobre una azotea de una casa del barrio de Gracia, a un grupo de jóvenes ensayando una sardana; imagino que preparando el 11 de septiembre. No voy a hablar de este proceso político que está provocando ríos de tinta. No me considero con la suficiente capacidad como para opinar, ni quince días viviendo en Barcelona me autorizan a escribir sobre los catalanes. Por eso recurro a un brillante artículo que acabo de leer. Es de Marina Subirats y se titula: Una utopía disponible.La Catalunya independiente. Ha sido publicado en el número 6 de la revista La Maleta de Port Bou. Un resumen de sus ideas se pueden leer también en la entrevista que ha concedido a El Diario.es [Leer entrevista] Marina Subirats es una conocida socióloga y ha formado parte de lo que llamábamos entonces “las fuerzas de la cultura”, es decir, los intelectuales aliados del movimiento obrero catalán y español. Lo que viene a continuación es mi lectura de su artículo. Que me perdone ella si no he captado bien lo que pretende decirnos.