Por Javier ARISTU

No soy historiador aunque me apasionan la historia como lector y el historiador como oficio. Interpretar los hechos del pasado para comprender bastante del tiempo presente es una tarea de las más complejas y a la vez de las más útiles para cada uno de nosotros. No soy, por tanto, experto para dilucidar casi nada de lo que pasó hace cuarenta años en nuestro entorno inmediato, en España y en Andalucía, pero me da la espina que algunos se están pasando en su búsqueda de referencias históricas que cubran su carencia de proyecto.

Por Carlos ARENAS POSADAS

El derecho a decidir en España se ha quedado en tan poca cosa que cuando nos referimos a él, todos entendemos que estamos hablando del derecho de los catalanes a la autodeterminación. Y la pregunta es: ¿Y el derecho a decidir del resto de los españoles? ¿En qué momento hemos podido decidir ser españoles? ¿Quiénes y sobre qué contenidos de la españolidad han decidido por nosotros?

Por Carlos ARENAS POSADAS

Me imagino, porque no he tenido curiosidad alguna de ver o leer las noticias del día después, que en el 11 de septiembre varios millones de catalanes se pasearon por la avenida Meridiana de Barcelona para empujar el proceso hacia la independencia.  Resulta muy interesante que, por muchas advertencias que se hacen sobre las repercusiones negativas que, sobre su economía y sobre la paz social, sobrevendrían en una Cataluña independiente, el orgullo, el amor propio y otras expresiones nacidas antes del corazón que de la cabeza persistan como elemento central de tales movilizaciones y expectativas.

Diferentes impulsos han ocasionando tales estados de ánimo; la decadencia del modelo productivo catalán ligado a la industria frente al capitalismo financiero madrileñizado que controla los resortes de poder en el  país, es uno de ellos; la percepción de los costes que tal desequilibrio de fuerzas tiene una parte de la sociedad catalana muy atenta a los balances de caja –“España nos roba”-, es otro;  el hartazgo, compartido con otra mucha gente del resto de España,  de Rajoy y su troupe absoluta convertidos en portavoces de lo más rancio y cutre de una idea de España que creíamos felizmente enterrada, es uno más.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Una de las cosas que me resultan más sorprendentes en relación al conflicto secesionista en  Cataluña es la actitud de la Izquierda, en especial los partidos situados a la izquierda del PSOE y los Sindicatos.

La mayoría de las gentes situadas a la Izquierda del PSOE deploramos en su día la fragmentación de la antigua URSS y de la antigua Yugoslavia sustituidos por un mosaico de Estados, algunos de los cuales subdivididos a su vez, como es el caso de Bosnia-Herzegovina. También lamentamos la secesión de Kosovo al margen del absoluto rechazo que en la mayoría de los casos nos mereciera la impresentable actuación represora de Milosevic.

Yugoslavia era un país que no tenía más que 73 años de Historia en común pues había nacido al terminar la I Guerra Mundial, en 1918 al igual que Checoslovaquia, otro país dividido, o la URSS, nacida en 1922 aunque sus territorios habían formado parte del Imperio ruso desde mediados del s. XVII y comienzos del XVIII según los casos. Sin embargo cuando se trata de la separación de Cataluña, que lleva unida a España 500 años (800 si contamos la parte de España integrada en la antigua Corona de Aragón) la Izquierda, a excepción del PSOE,  opta por permanecer en silencio, un apoyo tibio a la unidad con España cuando no apoya la secesión como lo han hecho muchos integrantes de Iniciativa, como el llamativo caso de Raul Romeva, e incluso del PSC al que este conflicto ha costado la secesión de una gran parte de sus miembros, alguno de los cuales, por ejemplo Germà Bel, figura hoy como  un cualificado integrante de de la lista de “Junts pel Sí”.

Por Carlos ARENAS POSADAS

El pasado viernes el suplemento literario de El País ha incluido un monográfico sobre nacionalismo e independentismo en Cataluña. Por ser más afín a mi formación, me interesó especialmente el suelto del historiador Santos Juliá sobre la diversidad de catalanismos existentes en el pasado, en el que resaltaba el contraste entre un catalanismo anterior respetuoso con la estructura territorial del Estado  y un catalanismo actual, antes minoritario pero ahora dominante, abiertamente independentista.

En esa trayectoria de un catalanismo a otro subraya el autor citado la importancia que ha tenido la relación de la economía catalana con el mercado. Es cierto; cualquier aficionado a la historia nota que fue decisiva en tal evolución la estrecha dependencia de aquella economía con respecto al mercado interior español hasta 1986 –y de ahí su respeto a la forma de Estado y su contribución a la gobernanza del país- y, posteriormente, con el cambio trascendental que supuso la entrada en el Mercado Común y la ulterior globalización que, por un lado, ensancharon las posibilidades de actuación pero, por otro, arrebataron las muletas proteccionistas y el favor del Estado que tanto habían servido al desarrollo absoluto y relativo de Cataluña. Puede explicarse por este motivo que algunos observadores contemplen el actual victimismo de los portavoces del independentismo –especialmente en relación a la balanza fiscal- como una actitud mezquina y farisea que por rasgarse las vestiduras en el momento presente, olvidan el ropaje de españolidad con el que se vistieron sus abuelos, por ejemplo, durante la guerra de Cuba, los aranceles proteccionistas de 1907 y 1923, la guerra sucia contra el sindicalismo a comienzos de los años veinte, la entrada de las tropas de Franco en 1939 o el desarrollismo selectivo del país en los sesenta.

Por Manuel GÓMEZ ACOSTA

Las líneas que vienen a continuación están escritas por un catalán nacido en Andalucía. Esos catalanes que lo son porque “trabajan y viven en Cataluña” y que han dado sentido y personalidad a esa sociedad. Están escritas desde la rebelión contra un pensamiento ortodoxo y totalizador, excluyente por nacionalista. Están publicadas en el blog hermano Metiendo bulla y como son de gran interés las reproducimos aquí.

Este artículo está escrito por un internacionalista, que comparte diversas identidades y que solo pretende ser un alegato contra todos los estereotipos: catalanes emprendedores; andaluces clases pasiva, unos trabajan,  otros practican el ocio remunerado… Sea  pues interpretada mi reflexión desde una llamada a la concordia entre todos los  ciudadanos y todos los trabajadores de las naciones y los pueblos de una España federal.

Leo con estupor el artículo de opinión publicado en La Vanguardia del pasado viernes 29 de noviembre titulado “La insolidaria Andalucía” que lleva la firma de Luis Racionerohttp://www.caffereggio.net/2014/11/29/la-insolidaria-andalucia-de-luis-racionero-en-la-vanguardia/

Parto del hecho de que todas las opiniones son respetables, pero que deben hacerse desde el rigor argumental, no desde la descalificación previa, ni desde el desprecio al que se considera gratuitamente inferior. El prolífico autor de obras tan interesantes como “Del paro al ocio” (1983),  “El Mediterráneo y los bárbaros del Norte” (1985 y 1996) hace tiempo que decidió cambiar de bando, migrando desde la reflexión liberal y moderna plena de luz mediterránea en donde apuntaba el liderazgo de la imaginación y la creatividad al mundo de las tinieblas del “hooliganismo”. Desde la Catalunya heterodoxa, hedonista, transgresora, liberal e integradora, abierta y cosmopolita al sectarismo de la exclusión, el patriotismo y las movilizaciones encuadradas , a cada manifestante sus coordenadas, longitud y latitud decididas por el GPS del organizador.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Las alternativas

A.- La reforma federal

            Dejando al margen la solución que parece ser la opción del Gobierno Rajoy, la de “no hacer nada”, de esperar que el otro maquinista detenga el tren en el último momento o que en el choque sea el otro el que lleve la peor parte, parecen plantearse dos posibles opciones que podrían contribuir a resolver el problema, la “solución federal” y el referéndum vinculante, es decir el ejercicio de lo que podríamos llamar el “derecho de autodeterminación” para Cataluña.

            La primera opción, la federal, es la defendida por el PSOE aunque compartida en general con algunas reservas por las fuerzas de Izquierda y nacionalistas. Aunque dista mucho de estar concretada, la opción de reforma de la Constitución en un sentido federal ofrece ventajas apreciables:

  • Por una parte podría clarificarse definitivamente el Título VIII de la Constitución delimitando con mayor claridad las competencias del Gobierno central y los Autonómicos.
  • Se podría completar el proceso de descentralización especialmente en aspectos como los Tribunales de Justicia, lo que podría resolver gran parte de los motivos de inconstitucionalidad de la sentencia del TC sobre el Estatut, origen según muchos del actual enfrentamiento de la Generalitat con el Gobierno central. Si la reforma federal se inspirara en el modelo norteamericano, o el de la I República española, las Comunidades Autónomas podrían configurarse como Estados, con Tribunales propios, que coexistirían con los Tribunales federales. Esta configuración haría inútil la primera pregunta de la consulta
  • También permitiría dotar de sentido al Senado y tendría que posibilitar un sistema de financiación pactado que resultara aceptable para todos, basado en modelos federales ya existentes como el norteamericano o el alemán.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Al fin llegó el 9N. El tan temido choque de trenes no se ha producido… aún. Pero esta historia no ha terminado, en realidad no ha hecho más que empezar. La mayoría de las previsiones daban por hecho que las afirmaciones de Mas acerca de que la consulta se celebraría eran para la galería y que, a la hora de la verdad, Mas acataría la suspensión del TC y convocaría posteriormente elecciones plebiscitarias. Pero Artur Mas ha demostrado ser mucho más “astut”  de lo que muchos pensaban. Siguiendo esa antigua máxima tan usada en España de “se obedece pero no se cumple”, acata formalmente la decisión del TC pero rápidamente sustituye la consulta por un sucedáneo de la misma, el “proceso participativo”, es decir la misma consulta pero sin las garantías formales inherentes a la misma, sin censo previo de votantes, con “voluntarios” en las mesas y en la intendencia del proceso, sin interventores…. El malabarismo del President sorprendió primero a sus aliados del proceso soberanista, que pasaron rápidamente de criticar el proceso a participar de manera entusiasta en el mismo, y más tarde al Gobierno que comenzó “mirando para otro lado”,  esperando que al menos la Generalitat disimulara entregando el control del proceso a los partidos y entidades  colaboradoras y pasó después a impugnar ante el TC  este segundo “proceso” al estar claro que la Generalitat seguía responsabilizándose del mismo. El resultado de todo ello a la vista está; la votación se ha realizado ignorando las decisiones unánimes del TC y todas las advertencias del Gobierno. Artur Mas, que muchos consideraban un “político amortizado”, ha resurgido cual Ave Fénix  como figura exultante y desafiante, asumiendo abiertamente la responsabilidad ante la amenaza de un hipotético enjuiciamiento penal. Ahora está en bastante mejores condiciones de disputarle el encabezamiento de una hipotética lista independentista a Jonqueras que ha proyectado una imagen mucho más plana en todo este proceso. Al menos ha conseguido frenar el deterioro electoral de CiU tras el “caso Pujol”.

Por Manuel GÓMEZ ACOSTA

¿Es el  “dret a decidir”, una exigencia democrática de la sociedad catalana para conocer lo que los catalanes deseamos y queremos? ¿Es solo una brillante estrategia, que permite dejar en la intemperie a quien la discute, acusar al “enemigo común” de antidemocrático y cohesionar al independentismo? ¿Es al mismo tiempo una estrategia de posicionamiento de las fuerzas soberanistas en su hoja de ruta hacia el reparto del poder autonómico?

La no realización del 9N “fetén” es una buena noticia para el independentismo. Del “Madrid nos roba” al  “Madrid no nos deja votar”, permite mantener activada la tensión secesionista y da el protagonismo a las fuerzas más reacias a cualquier tipo de negociación.

Votar en democracia significa hacerlo no solamente desde la legalidad, sino con todas las garantías democráticas. Como apuntaba el profesor Joaquim Brugué, catedrático de Ciencia Política de la UAB, tras dimitir de la “Junta electoral del 9 N” «en las condiciones actuales no se dan las garantías para que su desarrollo sea plenamente transparente y democrático»: inexistencia de un organismo independiente de control del proceso y de resolución de las posibles reclamaciones, carencia de un censo de votantes,  ausencia total de neutralidad de las instituciones convocantes, sin maquinaria legal avalada por los secretarios municipales, sin seguimiento contrastado…

Por Javier ARISTU

Un fin de semana en Barcelona da para poco, o para mucho; depende de cómo lo veas. Si eres capaz de no recorrer la ruta turística de las Ramblas, plaza de Cataluña, el Born y otros enclaves inundados de nórdicos y europeos rubios puedes disfrutar de los barrios barceloneses de toda la vida. Yo, cada vez que voy por razones familiares, he fondeado mi barco en Gracia, el tranquilo, genuino y algo chic distrito de una Barcelona muy diferente a las anteriores.

Ya sabíamos que Gracia es barrio cercano al mundo de ficción y no tan de ficción de Juan Marsé. Es una zona de la Barcelona alta en sentido geográfico, en transición a las calles del Carmel y el Guinardó, barrios emblemáticos de una ciudad mestiza, dotada de diferentes culturas sureñas muy bien armonizadas con la original a lo largo del siglo XX.  En este último viaje  me he enterado de cosas muy peculiares relacionadas con este barrio de Gracia. Una, que contiene, o contenía hasta ahora,  dentro de sí una comunidad gitana trilingüe (ya saben, castellano, catalán y caló) que dio personalidad a la zona. Otra, la más curiosa: aquí nació la rumba catalana de la mano del patriarca de los Pescadillas, Onelo González, padre de Antonio González, el Pescaílla, marido de Lola Flores. La rumba: el himno nacional de una parte de Barcelona tras la difusión mundial obtenida con los discos de Gato Pérez, Los Chichos, Los Chuinguitos y el inolvidable y eterno Peret.