Por Carlos ARENAS POSADAS

 Viniendo el viernes  pasado de Barcelona, me desayuno en el avión con la noticia de que, en plena calle, delante del ayuntamiento, los portavoces de Ganemos Sevilla comunican que esta plataforma que nació con voluntad unitaria se retira de la carrera electoral para las municipales, de donde se deduce que, a la izquierda del PSOE, la oferta quede una vez más fragmentada entre grupos y grupúsculos fiera y ridículamente enfrentados entre sí.

Como tantas otras veces, viniendo de Barcelona, la comparación con Sevilla es obligada. Si Ganemos ha tratado de importar el modelo Guanyem, ¿por qué en Barcelona sí y en Sevilla no?

Repasando motivos, y hasta donde alcanzo, se me ocurren de toda índole; algunos metodológicos, otros culturales y otros estructurales, aunque todos ellos broten de una misma raíz .

Por Lorenzo CABRERA

Leo con interés los artículos que Carlos Arenas y Javier Aristu han publicado en este blog sobre la Plataforma Ciudadana que, al modo de Guanyem Barcelona, se está empezando a constituir en nuestra capital: Ganemos Sevilla. Su idea es concurrir a las próximas elecciones municipales y, como el nombre de la propia Plataforma advierte, ganarlas y dirigir el Ayuntamiento de la ciudad.

 La propuesta es ambiciosa, pero no disparatada. Quienes estaban en la Asamblea del 3 de abril a la que alude Carlos Arenas forman un grupo variopinto y complejo: aunque no faltaran desencantados –pero no vencidos- de muchas batallas, los más eran militantes políticos a título personal de EQUO, IU, PODEMOS, Partido X, etc. y sindicales  del SAT, CCOO, CGT, etc., gente joven incorporada desde hace años a la acción en movimientos estudiantiles, asociaciones vecinales, culturales, mareas, corralas, etc. y, sobre todo, activistas ciudadanos de los más diversos ámbitos.

 Tienen en adelante mucho por hacer. Y no les será fácil. Los une un rechazo a unas formas corruptas y privatizadoras de utilizar la política, hechas en beneficio de minorías y alejadas de lo que debe ser una práctica transparente y participativa. Hasta ahora se concitan por lo que no les gusta, se trata todavía de un negativo que hay que revelar. Y ese revelado exigirá inteligencia negociadora y cintura política.

Por Javier ARISTU

11 de septiembre de 1973: cae Salvador Allende en La Moneda defendiendo el poder constitucional. ¡Viva Chile!

(Tomo el relevo de Carlos Arenas y continúo hablando de la iniciativa sevillana Ganemos Sevilla)

La primera persona del plural verbal se declina en estos momentos: podemos, ganemos. Es un cambio significativo respecto de las maneras personalistas con que la política se ha venido construyendo en estos últimos años. Frente al “decido” de Rajoy, el “podemos” de la gente anónima. No está mal para comenzar. Solo queda esperar que ese verbo se decline efectivamente en todas sus posibilidades y se pueda articular ese “ganemos” en algo más que un simple deseo de voluntad de cambio.

Acaba de presentarse a la opinión pública una propuesta de cambio para las elecciones de 2015: “Ganemos Sevilla”. De ello quiero hablar; no podría ser de cualquier otra ciudad porque la villa que se moja en la ribera del Guadalquivir es la que conozco (relativamente) y donde habitan mis penas. He asistido hace pocos días a una asamblea de “Guanyem Barcelona” en el barrio de Gracia y tengo que manifestar que salí contento porque lo que vi y escuché allí me sonaba bien, aparecía no solo una ilusión y una voluntad de cambio sino algo más: ideas, proyectos, contenidos capaces de sustanciarse en programa de renovación de la vida barcelonesa. Por eso quiero hablar de “Ganemos de Sevilla”.

Por Carlos ARENAS POSADAS

 El pasado miércoles día 3 asistí, junto a mi amigo Lorenzo Cabrera, a la asamblea constituyente de Ganemos, la nueva oferta política que intenta, siguiendo los pasos del Guanyem Barcelona, hacerse con el gobierno municipal en Sevilla. En un ambiente caldeado por el intenso calor y la pasión de las palabras, el desarrollo de la sesión me resultó, a la postre, un tanto decepcionante.

Quizás fue el procedimiento: el modelo asambleario de toma de decisiones  tiene virtudes reconocidas porque acrecienta el compromiso de los presentes y les permite manifestar sus opiniones, tanto más cuando el uso  de la palabra, como allí ocurrió, se organiza de forma ordenada y equitativa. Tiene un defecto en cambio: suele hacer difícil la síntesis porque las intervenciones suelen ser una mezcla de asuntos y perspectivas dispersas y confusas. En este caso, se mezclaron las buenas intenciones, las dudas sobre la urgencia o la necesidad del proyecto o el origen de la iniciativa, el ámbito espacial de actuación o las opiniones de quienes ya proponían actuaciones prioritarias a acometer.