Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA

Un recentísimo artículo de Giorgio Pagano en MicroMega invita a releer dos importantes ensayos prospectivos de Vittorio Foa y Bruno Trentin: la Gerusalemme rimandata (“Jerusalén aplazada”) y la Città del lavoro (“Ciudad del trabajo”). El primero data de 1985; el otro de 1997. Los dos pasaron en su momento inadvertidos, casi clandestinos. La gran corriente secular de la sinistra, la izquierda italiana constituida, apuntaba en otra dirección, la de la conquista paulatina del Estado por medios democráticos. El curso de los acontecimientos ha venido a indicar desde entonces que el objetivo perseguido era erróneo, por dos razones: primera, porque no era el Estado sino la vida lo que era necesario conquistar; y segunda, porque el instrumento rectificador del Estado no era tan decisivo como algunos teóricos podían suponer, en el contexto de un poder fáctico transnacional y de unas finanzas globales.

Por Javier ARISTU

 

Noticia 1. Ryanair anunció hoy la cancelación de hasta 600 vuelos en toda Europa los días 25 y 26 de julio ante la huelga anunciada de los tripulantes de cabina (TCP) convocada en España, Bélgica y Portugal para esas dos fechas. Una empresa transnacional que funciona por encima -y por debajo- de muchas normativas nacionales. En concreto, un trabajador de cabina español firma su contrato con la empresa según la legislación irlandesa.

Por Javier ARISTU

Como si fuera una maldición. Los acontecimientos que se vienen desarrollando en toda Europa desde hace varios años están modificando de forma completa la anatomía social y política de las sociedades de este continente. Los antiguos países del Este soviético, especialmente Polonia y Hungría, están pasando por modificaciones de sus estructuras democráticas que cada vez más son instrumentalizadas por gobiernos autoritarios y cuasi totalitarios. Los modelos hasta ahora hegemónicos en referencias democráticas –Alemania, Francia, Países Bajos– contienen en su interior serias amenazas de extrema derecha. Y en los dos países más poblados del Sur –Italia y España– el desarrollo se caracteriza por una potente desestabilización de su sistema político y de partidos. Da la impresión de que se hubiera producido una reunión de todos los males de la historia y que estos se hubieran lanzado sobre nosotros, los europeos. Sin duda estamos ante la mayor crisis política y de convivencia en Europa desde 1936. Cada país, cada Estado, cada sociedad trata de salir por sí misma de la encrucijada compleja en la que están situados cuando, por el contrario, de esta crisis solo se saldrá si se desarrolla una vez más una vigorosa estrategia europea basada en el reforzamiento de la democracia, de los derechos sociales  y se construye un enérgico eje de las fuerzas que siguen creyendo en el futuro de una unión europea más allá de las naciones.

Por Colectivo SENDA

El pasado día 8 de mayo fuimos invitados por la Asamblea de IU -Distrito Casco Antiguo de Sevilla- a participar en una charla-debate bajo el título “Organizando las Confluencias”.

Las lógicas limitaciones de tiempo nos impidieron poder desarrollar suficientemente algunos aspectos sobre el proceso de confluencia que nos parecían de interés, por lo que, sin pretender agotar la totalidad de aspectos que forman parte del debate abierto, hemos optado por plantear públicamente estas breves notas con el único interés de contribuir modestamente a impulsar el necesario debate sobre un asunto que consideramos crucial para el futuro de la izquierda a corto, medio y largo plazo.

Por Javier ARISTU

La acción política democrática, en sentido amplio, no solo aquella que está reducida a la tarea de los partidos políticos y sus grupos parlamentarios, se basa fundamentalmente en la intervención de los agentes sociales sobre la base de su representatividad, se mida esta como se mida, bien por las lecciones, bien a través de órganos reconocidos constitucionalmente o bien, como viene ocurriendo especialmente a partir de estos últimos años de crisis, mediante modos de acción social espontáneos, autónomos o extramuros de los ámbitos anteriores. Quiero decir que siendo tan distintas la acción que puede desarrollar un político en sede parlamentaria a la hora de defender un proyecto de ley y la de un comité cívico que demanda solución a un problema ferroviario en Murcia, ambas –insisto, tan distintas cualitativa e institucionalmente– responden a un nivel de representatividad. Sin representar a algún colectivo o a alguna colectividad ciudadana tanto el político como el miembro del comité cívico no serían nada. La representatividad es consustancial por tanto a la acción democrática.

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Nunca la defensa de la democracia durante la transición congregó las multitudes que ahora moviliza la independencia en Cataluña. He visto miradas puras, extasiadas de alegría y esperanza, sintiéndose testigos de la aurora de un nuevo país; masas sonrientes a la luz de las velas cantando Els segadors o La Santa Espina , o marchando ordenadamente, entre un océano de banderas, tras sus autoridades políticas, representando un espectáculo de innegable emotividad: una multitud festiva y aseada que protagoniza una fiesta y no la tragedia que suele ambientar esos actos fundacionales. Un poble en marcha. Un espectáculo más que épico, lírico. Resistencia a lo Gandhi, pero sin desarrapados. Una imagen magnífica de guapa clase media.

Por Javier ARISTU

Sé que hoy toca hablar del Comité federal del PSOE, que celebra su reunión para decidir la posición a tomar en el posible próximo debate de investidura. Pero, antes, y a propósito de un hecho sucedido la semana pasada, me parece importante reflexionar sobre la relación entre poder, y símbolos del mismo, y contrapoder, y símbolos del mismo.

Se ha comentado mucho la noticia de la frustrada conferencia de Felipe González y Juan Luis Cebrián en la Universidad Autónoma de Madrid el pasado 19 de octubre. Hay dos artículos que he leído con mucho interés, publicados uno en Cuarto Poder y otro en Ctxt (Contexto y acción). Y esto por varias razones: una) que el primero está firmado por un amigo, Sebastián Martín, que, además, es persona de criterio valioso y juicioso; dos) que otro de los artículos leídos está “firmado” por uno de los participantes en el boicot a los dos conferenciantes; y tres) porque, en general, no me suelen interesar las opiniones que se vierten en otros medios como La Razón o ABC que, al parecer y siguiendo su línea editorial, han aprovechado el acontecimiento para provocar un ataque desmesurado y manipulador contra Pablo Iglesias, Podemos y los propios estudiantes boicoteadores. Ataque al que se ha apuntado, para no variar su última línea editorial, el periódico El País. No voy, en consecuencia, dedicar estas líneas a descalificar o criticar las plataformas ideológicas o de opinión de esos diarios de la derecha española. El propio artículo de Sebastián Martín, como el de otras personas que han salido a la tribuna pública, aporta sustanciosos argumentos para esa misión.

Por Javier ARISTU

Cuando, profesor de literatura en activo, trataba de explicar a mis alumnos  el famoso tránsito español del siglo XIX al XX, la llamada crisis del 98, era inevitable hablar de una generación, un grupo de ilustres escritores que habían sido capaces de interpretar la esencia de España –la crisis de España, más bien— a través de sus ensayos, poemas y relatos. Unamuno, Azorín, Maeztu, Baroja, Valle Inclán eran los autores de aquella nómina. Machado era otra cosa, más a su aire, más autónomo y más interesante. No tengo en estos momentos que escribo las referencias para saber de dónde pudo surgir esa manida y falseada estampilla de “generación del 98” para encuadrar a gente tan distinta y contradictoria en el mismo grupo. ¡Unamuno y Valle Inclán, dos individuos de especies distintas! Creo que ya estudiante de bachillerato me enseñaron en los libros de entonces —mitad de la década del sesenta— ese constructo histórico-literario de una pretendida generación de la crisis de fin de siglo. La influencia de Ortega y de Julián Marías era evidente. Posteriormente, toda una escuela de enseñanza literaria de los años setenta (especialmente el  recordado Lázaro Carreter) prosiguió con esa lectura castellanista, y nacionalista en definitiva, de una pretendida generación del 98. Afortunadamente, años después se ha ido corrigiendo y reorientando esas alineaciones hacia una historia de la cultura española de aquel momento más compleja, diversa y diferente al “paisajismo” castellano.