Por Lorenzo CABRERA SÁNCHEZ

Aparecía escrito en una pancarta o en uno de esos carteles de fabricación casera que portan en solitario los indignados en sus manifestaciones: “Mientras la prima sube, nuestros derechos bajan”. Me temo que esa va a ser la tónica a partir de ahora y que ni siquiera tendremos que esperar a que la prima de riesgo suba para comprobar que hemos entrado en una fase de demolición de derechos democráticos fundamentales. Como el de manifestación, entre otros.

 El actual Secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Ulloa, declaró con motivo de la reunión en Barcelona del Banco Central Europeo, para justificar, supongo, un despliegue policial de 8.000 efectivos (entre agentes de refuerzo y mossos d’Esquadra) que “sólo con seguridad vamos a conseguir salir adelante de esta situación crítica”. Una lectura atenta de sus palabras nos produce, independientemente del contexto en que se emitieran, un algo de perturbación, la verdad. Antes, el mismo representante policial había comentado que no podíamos permitirnos que “por la broma de la piedra o del cóctel molotov suba la prima de riesgo”. Para la derecha producen más desasosiego las escenas que reproduce la televisión en las que se ve a los griegos manifestándose con ira que las causas que les hayan impelido a ello. Transmiten una imagen tan incómoda a los ojos del poder y provocan, al parecer, tal alteración en la confianza hacia ese país de los llamados mercados, que muchos pueden inclinarse a pensar que hace bien nuestro Gobierno en “cerrar filas bajo el imperio de la ley y el orden”. Todo sea por impedir que la prima de riesgo –y con ella los intereses de nuestra deuda- siga subiendo.