Verschuren_1132Por Javier VELASCO

florimontEl miércoles pasado tuve la satisfacción de tomar una cerveza con Joannis Van der Meer, inefable personaje que me había presentado mi amigo Javier Aristu en la época en que daba clases en la Escuela Europea de Uccle a chavales que , como mi hijo, vivían un mundo aparte y aparentemente feliz.

Me lo encontré en la Brasserie Verschueren, cervecería de  izquierdas, si es que existe eso, cuyo propietario tiene una librería comunista sin complejos en una calle cercana. La librería se llama Aurora, bellísimo nombre, y él se llama Florimont de Witte, nombre aristocrático que sugiere un cambio de trinchera. La atmósfera, como podeis ver, es maravillosa: un sitio donde  puedes leer durante horas sin que el camarero venga a presionarte para que consumas, un ambiente art-deco que te indica austeridad y control del tiempo que pasa; un dueño, lo podeis observar, que es claramente de los nuestros,  y una librería que hoy puede ser catalogada como actual. En la vitrina todos los libros que forman parte de nuestra historia individual: Poulantzas, Althusser, Marcuse, Lenin, Fanon, Harvey, Anderson, Hobsbawn, Arrighi, etc., sin que falten bustos de todos los fundadores, por supuesto con Marx a la cabeza.

Diario de un flamenco/3

Por Joannis Van der MEER

El mar, visto desde La Muela
El mar, visto desde La Muela

18 de diciembre. Tras las lluvias de esta semana me dedico a recorrer algunas zonas de la comarca de La Janda que hace años que no visitaba. Subiendo desde Vejer, he dejado el coche en una pequeña venta junto a la carretera de La Muela y me he dedicado a caminar por esos cerros. Poco tiempo después alcanzo una pequeña cumbre desde donde diviso, al fondo, la playa de El Palmar y el pueblo de Conil de la Frontera, blanco, extendido a lo largo de la lámina del mar. El Atlántico se nos presenta esta mañana como un espejo, el sol le hace brillar y casi molesta a los ojos. El espectáculo de estos parajes intensamente verdes tras el agua caída y el fondo del litoral de la playa me traen a mi recuerdo la imagen de la costa de Ostende, en mi tierra natal. ¡Qué diferencia de luz y de tonalidades! Gris, brumosa, metálica la de mi tierra, refulgente y clara la de este sur andaluz.

Al regresar a la casa, cuando ya el sol anuncia su ocaso, me encuentro con cartas de amigos belgas y franceses con noticias de esos países. Todo el mundo me habla de la decisión del actor Gérad Depardieu de trasladar su residencia a Bélgica a fin de no pagar los impuestos en Francia. El gran actor francés se ha “exiliado” a Néchin, un pueblecito belga justo al lado de la frontera francesa entre la ciudad belga Tournai y la francesa Lille, y conocido por ser refugio de fortunas que, al ser residentes en Bélgica, pagan mucho menos impuestos que en sus países. El primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, ha acusado a Depardieu de ser un mal francés y le ha lanzado la invectiva: Je trouve cela assez minable… Se podría traducir por: “Su actitud me parece muy…”. Recurro al diccionario para ver qué expresión española le puede venir mejor y me encuentro con éstas: chapucero, chillón, cutre, dejado, de mala calidad, de mala muerte, de oropel, desaliñado, estridente, extravagante, guarro, horrible, lamentable, llamativo, malucho, mezquino, ordinario, rebajado, sarnoso, sórdido, sucio, y muchas más. Depardieu ha contraatacado enviando una carta abierta furiosa al Primer ministro. Merece la pena leerla para saber de qué pasta están hechos nuestros dioses del espectáculo. Gerard Depardieu me ha parecido siempre un soberbio actor, un extraordinario artista del espectáculo — ¡qué interpretación la suya en Germinal!—pero, al mismo tiempo, un terrible ciudadano expuesto siempre a espectáculos a veces poco edificantes ante la ciudadanía. Éste es uno más.

Encontramos a Joannis Van der Meer en el Grand Café, en Gante, junto a la Ópera flamenca. Sentado en una mesa al lado del ventanal, está leyendo la Gazet Van Antwerpen, el periódico local de la ciudad amberina. Sobre la mesa, un café americano y un Iphone que muestra todavía los últimos twits que le han llegado al veterano profesor de la ULB (Université Libre de Bruxelles). Habíamos quedado el día anterior por teléfono a fin de hablar de lo que está pasando en Europa y de los últimos acontecimientos relacionados con la Huelga general en los países sureños.

Gante. Foto: Inés Saraiva

En Campo Abierto: Profesor, ¿Qué le parece la convocatoria de huelga general en el mismo día para los países del sur, Portugal, España, Grecia e Italia? ¿Cree que esto puede significar una nueva fase en la respuesta social ante la política que están desarrollando los gobiernos europeos?

Joannis Van der Meer: Es evidente que esto significa un cambio de fase, una apertura a una dinámica distinta a la que venía siendo hasta ahora. De un activismo puramente nacional pasamos a un activismo de corte medio-europeo o ligeramente intereuropeo. La paradoja de esta crisis —paradoka que ya venía apuntándose desde hace años— es que las políticas que han ido construyendo un determinado modelo de Europa se han venido haciendo desde instancias “europeas”, es decir, continentales (Comisión europea, Consejo europeo, no hablemos del Parlamento europeo que ha jugado un papel muy subordinado en toda esta dinámica) mientras que la respuesta social, fundamentalmente sindical, ha seguido pautas nacionales. Ha funcionado la CES (Confederación Europea de Sindicatos) pero lo que podemos llamar “acción de respuesta” ha sido de carácter nacional. Salvo alguna que otra manifestación europea en Bruselas y alguna acción simbólica podemos concluir que hasta el 14 de noviembre los sindicatos establecían su respuesta a nivel nacional mientras que la ofensiva neoliberal y capitalista se hacía a partir de plataformas europeas y, lo que es más paradójico, con el peso de la ley, la normativa europea. Es una lucha desigual: frente a un capitalismo brutalmente neoliberal pero que utiliza todas las armas de la internacionalización —la primera de ellas la del capital transnacional— lo que hay es una sociedad que sigue encerrada en sus fronteras nacionales, estatales. Y algunas incluso, como en el caso de vuestro país con el caso catalán y vasco, con una muy fuerte tendencia a crear más minifundios sociales bajo el mito de las “banderas nacionalistas”.