Por Javier ARISTU

Anda el patio andaluz revuelto de nuevo a propósito de la constitución de una comisión de investigación sobre el asunto de los EREs. Ya fue tema de actualidad en la pasada legislatura aunque frustrado en su culminación al no querer el partido del gobierno, con mayoría absoluta, la tal comisión ni ninguna investigación parlamentaria. Aquellos bastos han derivado hoy en copas que le obligan, la minoría relativa y la coalición con IU mandan, a aceptar la misma en esta legislatura. Dicen que quieren que antes de las vacaciones esté liquidado el asunto, al menos en sede parlamentaria porque en sede judicial la cosa-causa parece que va para el Supremo, es decir, para largo.

Mientras tanto, el PP, en boca de su portavoz nacional Carlos Floriano, juguetón él y con doble vara de medir, como siempre, afirma que ”el bipartito andaluz hace un flaco favor a la transparencia si no permite que todo el que pueda tener una responsabilidad política en el caso de los ERE comparezca en la comisión de investigación”. No tiene empacho en, por otro lado, rechazar la constitución de una comisión de investigación en el Parlamento nacional a propósito del caso Bankia y la hecatombe financiera española, con dimisión del mismo presidente del Banco de España incluida.

¿En qué país vivimos? ¿Hasta cuándo van a seguir considerando estúpido al ciudadano? ¿Cómo es que una comisión sobre los EREs en Andalucía es necesaria pero no lo es sobre Bankia y el rescate bancario donde se juegan miles de millones de euros de nuestra economía?

Y Caín habló con su hermano Abel…

Por Javier ARISTU

Caín dijo después a su hermano Abel: «Vamos al campo.» Y cuando estaban en el campo, Caín se lanzó contra su hermano Abel y lo mató [Génesis, 4]

Hablar de la izquierda en Andalucía es hablar de historias bíblicas. De Caín y Abel.

Desde tiempos inmemoriales, más de 80 años, las dos formaciones de izquierda que han constituido la historia política de los andaluces durante el siglo XX –no nos referimos a los cuarenta años de antipolítica y de dictadura pero que sin duda pesan como una losa todavía– se han comportado como los hijos de Adán, labrador uno, el otro pastor, enemigos ancestrales y eternos adversarios. Si uno no ha matado al otro es porque el electorado, cruel y generoso a la vez, ha salvado a cada uno de ellos en los momentos decisivos. A uno lo ha venido castigando en sucesivas convocatorias sin que, pudiéramos pensar, eso le hiciera recapacitar y reflexionar sobre los cambios habidos en este mundo. Al otro, premiándole desde siempre con mayorías absolutas o casi, ha venido, milagrosamente y contra todo pronóstico, a sacarle del infierno en la última de marzo; queda por saber si eso también lo hará recapacitar o simplemente lo considerará un traspiés. Tras el 25-M ambos se necesitan. Caín y Abel.

¿Acaso una maldición bíblica ha recorrido esta tierra, como un poblado tras cien años de soledad, para haber impedido antes esa solución de gobierno y de colaboración política? ¿Por qué no ha sido posible hasta ahora ese gran acuerdo de gobierno? No es, a lo mejor, el momento de hablar de eso. Hay bastante literatura y prensa escrita sobre esta desgracia: el anticomunismo visceral del socialismo español; el antisocialismo endógeno del comunismo español. Historias para no dormir, impregnadas de la retórica cultural del pasado siglo.

Que 30 años no son nada…

Por Javier ARISTU

Desde el referéndum autonómico de 1980, la aprobación del estatuto de autonomía de 1981 y la constitución del primer gobierno autónomo tras las elecciones de 1982, Andalucía ha recorrido un camino lineal, aunque no exento de vericuetos y derrapes, en la conformación de su proyecto como región autónoma. Como no se han cansado de reiterar expertos y especialistas en la materia, el referéndum de 1980 rompió el modelo autonómico que la UCD y la derecha nacionalista podía tener previsto e inició una vía, la del estado autonómico, que, sin embargo, hoy día sigue generando rechazo en una parte de la derecha –véanse las declaraciones de Esperanza Aguirre y otros líderes del PP- y en el nacionalismo catalán. Hoy nadie negaría esta evidencia.

Por Javier ARISTU

Frente a tales mutaciones, sin duda hay que inventar inimaginables novedades, al margen de anticuados modelos que todavía conforman nuestras conductas y nuestros proyectos. Nuestras instituciones lucen un destello que se parece, hoy día, al de las constelaciones de las que los astrofísicos nos enseñaron antaño que ya estaban muertas desde hacía tiempo.

Michel SERRES, Pulgarcito

Es un soniquete oír desde la filas de la derecha autoritaria y “estatal-noliberal” que los sindicatos están caducos, que son vestigios de un pasado ya muerto. Uno podría estar de acuerdo si a esa formulación se incorporan las organizaciones empresariales. Porque ambas son vestigios de un mundo donde la negociación y el acuerdo social eran condición estructural. Si recorremos el visor en panorámica podríamos encontrarnos con otros actores sociales que a lo mejor tampoco gozan de buena salud en cuanto a credibilidad y eficacia social. Podríamos hablar –¿por qué no?- de los partidos como vehículos de representatividad y legitimación social (¿quién defendería hoy sino sus propios dirigentes que son instituciones sociales que están al día?). También podríamos incluir, por ejemplo, a las instituciones políticas representativas de nuestra democracia, exponentes hoy de la profunda brecha y divorcio existente con aquello  que dicen representar.  Y podemos seguir hablando de obsolescencia –no sé si programada- si miramos a la escuela, una hermosa y decisiva institución que emite hoy destellos de supernova. Y, sin embargo, nadie en su sano juicio –aunque vivamos en un mundo de locos- tiraría en un punto limpio a los partidos políticos, ni a la escuela ni al parlamento… ni siquiera a las organizaciones empresariales. Ni tampoco a los sindicatos, para que quede claro. Aunque todas y cada una de esas instituciones estén mostrando brillos que son reflejo del pasado esos brillos son marcas que todavía nos ayudan a ver en la noche de este tiempo difícil de vivir y apasionante para  pensarlo.

1 de mayo de 2012. Miles de personas salen a la calle a manifestarse por la dignidad del trabajo y para protestar contra las medidas que se están tomando desde los gobiernos.

Una vez más, una llamada crisis económica pretende ser la excusa para reajustar de forma brutal las correlaciones sociales conseguidas, poco a poco y con no pocos esfuerzos, durante las últimas décadas. De nuevo, los pocos y poderosos quieren transformar la actualidad para diseñar un futuro donde su poder y su beneficio son sus vectores de conducta.