Por Javier ARISTU

¿Qué hacen los sindicatos? ¿Dónde están los sindicatos? Son preguntas que he venido oyendo a lo largo de estos últimos años, años de crisis de las estructuras intermedias de la sociedad, tiempos de zozobra donde caen instituciones hasta ahora indiscutibles y se levanta un murmullo de crítica indiscriminada contra todo lo que sea ejercer una tarea de representación de la gente. Dentro de ese rumor, muchas veces elevado en el volumen por medios de comunicación muy interesados, los sindicatos aparecen destacados en el descrédito y demérito. Hablo de los sindicatos de clase; los corporativos, amarillos y gremiales no suelen recibir las mismas críticas desde esos círculos del poder mediático, curiosamente.

Por Javier ARISTU

Si la política italiana merece algún epíteto, el de imaginativa le encaja perfectamente. Se trata de una metodología social y política que, a pesar de sus deficiencias y limitaciones, le ha dado considerables réditos como sociedad civil y como Estado político: viene funcionando en una permanente y aparente inestabilidad institucional y partidaria desde los años cincuenta del pasado siglo pero, salvo contadísimas excepciones, es una democracia parlamentaria consolidada. Sus problemas económicos no le impiden seguir marchando como una economía relativamente avanzada y sus perennes crisis de gobierno no han sido motivo como para que el país deje de moverse de forma relativamente razonable. En los años 70 y 80 del siglo XX Resolvieron la crisis simultánea del terrorismo rojo –bien es verdad que con el pasivo de asesinatos de Estado como el de Moro– y del terrorismo negro, con asesinatos de sindicalistas y masacres ignominiosas; han logrado contener la ofensiva mafiosa (recuerden los asesinatos de los magistrados Falcone y Borselino); en los 90 entró en liza un tiburón depredador como Berlusconi que hoy es un pececillo engullido en una red diferente a la que él diseñó. La última crisis de este verano ha mostrado esa capacidad imaginativa del sistema político italiano para darle la vuelta al calcetín: hace un año Italia estaba en manos de una “coalición de locos”, la formada por el M5S –los populistas antistema– y la Liga –los populistas parafascistas. Italia iba camino de una solución autoritaria y antieuropea de la mano de Salvini.

Por Javier ARISTU

Difícil ponerse a comentar lo ocurrido esta mañana, y los días y semanas pasados, en el Congreso de Diputados. Difícil, porque lo primero que me viene a la cabeza es «sonrojo, vergüenza, perplejidad, enfado, irritación…» y podríamos seguir con términos de esos campos semánticos. Sin embargo, lo ocurrido esta mañana en la carrera de San Jerónimo no tiene nombre: ha mostrado una incapacidad inmensa de las dos fuerzas políticas que se autodenominan de izquierda o progresista a la hora de alcanzar un mínimo acuerdo para sacar adelante la investidura del candidato socialista. No voy a hablar de culpabilidades o de pecados a la hora de negociar, pero es evidente que en política los acuerdos, y los desacuerdos, se consiguen, también, porque los negociadores de una parte o de ambas están capacitados o no dan la talla, no son buenos negociadores. No todo es política en estado puro, también son vicios y virtudes humanas, muy humanas, las que facilitan los acuerdos o las divergencias. Algo más que lo que han dicho hasta ahora tendrán que decir a los españoles, por este orden, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Carmen Calvo o Pablo Echenique. Los dos primeros, al ser responsables políticos máximos de sus fuerzas políticas —y Pedro Sánchez, además, candidato a la investidura—; pero los otros dos, han sido los negociadores del primer nivel. Y creo que no lo han hecho nada bien.

Por Javier ARISTU

Dijo Neil Postman  que la invención y aplicación del telégrafo a la vida humana, a mitad del siglo XIX, marcó de forma definitiva el mundo de la información. La noticia, enviada por el cable telegráfico a distancias kilométricas y en segundos, descontextualizó definitivamente el hecho noticiable y, a la vez, convertía lo más nimio e intrascendente en noticia publicable. Con el telégrafo y la prensa que se alimentaba de este sistema de comunicación se producía una “inundación de noticias” que no tenían nada que ver con la gente y ante la que ésta no podía reaccionar ni remover nada. Dejó escrito el teórico estadounidense (Divertirse hasta morir, 1985) que a partir de ese invento, el mundo del periodismo cambió las costumbres de la sociedad americana y, citando las palabras del inventor Morse, convirtió «a la sociedad norteamericana en un vecindario». Desde entonces ese mundo de noticias ha seguido cambiando y evolucionando, en tecnología y en concepto de «vecindario». El último capítulo de esta serie desinformativa se llama Twiter, la red social donde millones de personas vuelcan, volcamos, diariamente nuestras turbaciones.

Por Javier ARISTU

Hablaba ayer de las elecciones municipales y autonómicas en España y comentaba sus resultados. Hoy toca hacerlo respecto de las elecciones europeas celebradas el mismo 26 de mayo. Elecciones europeas, en España y en toda Europa, destinadas a renovar los 751 escaños de su parlamento, y que se han desarrollado simultáneamente en los 27 estados.

Por Javier ARISTU

Dos programas de televisión, domingueros y nocturnos, me animan a escribir esta entrada. Dos programas, además, que vinieron uno detrás del otro. Me refiero a los de ayer domingo: el último Salvados de Jordi Évole, último en todos los sentidos puesto que el periodista de Cornellà deja de presentarlo, y el que vino a continuación dirigido por Ana Pastor, El Objetivo, ambos en La Sexta TV. Los dos programas me parecieron importantes y sugerentes a la vez que indicadores, seguramente, de un nuevo tiempo.

Por Javier ARISTU

Cumpliré años el mismo mes de las elecciones generales de esta primavera. El 28 de abril nos llaman, españoles, a las urnas. Tras barajarse otras opciones, finalmente el presidente Sánchez convoca para ese domingo, justo un mes antes de las elecciones europeas, municipales y autonómicas que serán el 26 de mayo. Una primavera rellenita de tensión. Cumplo años y espero celebrarlo por partida doble.

Por Javier ARISTU

Hacía casi treinta años que no concedía entrevistas a ese diario, El Mundo, según nos dice al comienzo la entrevistadora, Lucía Méndez. Alfonso Guerra ha aceptado hablar con ese periódico tras tres décadas condenándolo. Uno se pregunta si la venta de su último libro y la necesidad de publicitarlo pueden estar en la base de esa extraordinaria decisión del expolítico andaluz. Puede que esta sea la causa, o bien aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, arremeter contra Pedro Sánchez blandiendo un acérrimo españolismo que su luminaria machadiana le afearía en estos tiempos.

Por Javier ARISTU

Madrid, capital del Estado, la economía más poderosa de España, comienza a ser ya un problema para recomponer un modelo de país adecuado a los nuevos tiempos. Madrid absorbe demasiada energía del resto. Madrid pretende seguir siendo el rompeolas de todas las Españas…pero me temo que don Antonio Machado se habría ido de esa capital a la que tanto amaba tras asistir a los acontecimientos que nos están brindando sus políticos capitalinos.

Por Javier ARISTU

En mi entrada anterior escribía: «Un tiempo nuevo acaba de comenzar en Andalucía. Un tiempo confuso, volátil, indefinido y abierto a múltiples posibilidades. Para saber encajar en él hace falta, ante todo, desprenderse de los viejos hábitos y de las antiguas fórmulas.» Bien, pues parece que algunos, o la mayoría de los partidos en liza no han terminado de adaptarse a él. Tanto por la derecha como por la izquierda las cosas siguen en un tran-tran que no nos lleva a buen puerto. Vayamos por partes.