Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA

El análisis de urgencia de las elecciones catalanas bien puede esperar su turno en este blog; es forzoso dedicar el comentario de hoy a un suceso más apremiante y más trascendente. Ayer murió en Roma Pietro Ingrao.
El arco de su existencia ha recorrido un siglo completo. El 30 de marzo pasado celebrábamos en estas páginas su cumpleaños número cien. Un dato más para la admiración, en un político que, si no ha marcado con su impronta el siglo, ha sido por una razón nada más: porque la lucidez apenas deja huella en las cosas sobre las que se aplica.
En efecto. Hay políticos que buscan ante todo el bastón de mando, sin más mandangas; otros prefieren el brillo de los entorchados, el adorno de los títulos sonoros que envuelven la personalidad en un aura universal de respeto. Unos y otros saben que lo que importa a la posteridad es sobre todo la erótica del poder. Pero también, y por fortuna, existen científicos de la política, hombres y mujeres comprometidos muy a fondo con las ideas y con las personas que les rodean, pero atentos sobre todo a la verdad sin tapujos; dedicados con preferencia a la misión de observar, de analizar, de investigar de forma minuciosa y sin complacencia los fenómenos sociales, sus causas y sus efectos, las acciones y las reacciones que provocan.

Por Stefano RODOTÀ

El pasado sábado se ha celebrado en Roma la primera reunión de un proyecto denominado “coalición social” impulsado por el dirigente de la Fiom (sindicato italiano de metalúrgicos) Maurizio Landini, ya cononocido y presentado en este blog. La crisis de la política, de los partidos y la actuación del gobierno Renzi han llevado a Landini y otros más a proponer una discusión y un proyecto de articulación social más allá de los partidos con el fin de movilizar una resistencia al neoliberalismo y a las políticas de recortes y proponer nuevas maneras de intervención en la política. Como dice Landini, la política “no es una propiedad privada”. Qué mejor que trasladar ese debate a nuestro país a través de la reflexión de uno de los grandes protagonistas del panorama político alternativo italiano, Stefano Rodotà]

La expresión “coalición social”, ya presente en el debate político, fue oficializada ayer [sábado 14 de marzo] por Maurizio Landini. ¿Cómo, y por qué, se busca una nueva forma de acción política colectiva? En los últimos tiempos se ha ido conformando una relación entre el Estado y la sociedad, o más bien entre el gobierno y la sociedad, marcada por un fuerte reduccionismo, donde el único sujeto social considerado interlocutor legítimo es la empresa. Una versión doméstica de la bien conocida afirmación de Margaret Thatcher según la cual la sociedad no existe, existen solo los individuos. Individuos atomizados, aislados entre ellos: ayer considerados “carne de encuesta”, hoy reducidos apresuradamente a carne de tuit o de slide.

Llevando un poco más allá este análisis, no es arbitrario señalar un retorno a lo que Massimo Severo Giannini, en su reconstrucción de las experiencias históricas italianas, había definido como un Estado “monoclase”, dominado hoy por la dimensión económica y por la reducción del gobierno a “gobernanza”. ¿Se separan Estado y sociedad? Sea cual sea la respuesta, lo que se percibe es un desapego profundo de los ciudadanos hacia partidos e instituciones, testimoniado por el crecimiento y la consolidación de la abstención electoral.

Entrevista a Stefano Rodotà, por Giacomo Russo Spena

Profesor, su último libro tiene el título de “Solidaridad”, ¿es importante reafirmar este concepto en 2015?

Es un antídoto que contraponer a la crisis económica que, con datos en la mano, ha incrementado la desigualdad social y extendido la pobreza. Es una palabra que lejos de estar desgastada permanece históricamente ligada al noble concepto de fraternidad y al desarrollo en Europa de los “30 gloriosos años” y del Estado de bienestar. Después el término ha sido dejado de lado o abandonado. La solidaridad sirve para individualizar los fundamentos de un orden jurídico: encarna, junto a otros principios del “constitucionalismo enriquecido”, una oportunidad para plantear las cuestiones sociales como asuntos que ya no pueden ser obviados. La crisis del estado de bienestar  no puede sancionar el final de la necesidad de los derechos sociales. Estoy también ligado al subtítulo del libro, “una utopía necesaria”; la solidaridad se proyecta en el presente y se utiliza como instrumento de trabajo para el futuro: la utopía necesaria es la visión.

Habla de “constitucionalismo enriquecido”. ¿Cuáles son las prácticas en las que nos tenemos que basar a fin de reafirmar los derechos sociales en un tiempo de crisis económica, privatizaciones y desmantelamiento del estado social?

Mutualismo, bienes comunes, renta de ciudadanía son los elementos innovadores y constitutivos de un nuevo estado Social, al menos respecto al que hemos conocido y construido en el siglo XX. Durante la Guerra Fría, los sistemas de bienestar fueron el escaparate de Occidente frente al mundo comunista, una función benéfica dirigida a humanizar el capitalismo en respuesta al bloque soviético. Razonar acerca de la solidaridad como principio significa reconocer la historicidad; hoy es necesario enriquecer las perspectiva del estado de bienestar. Por ejemplo la renta, entendida en todas sus fases ligadas a las condiciones materiales, significa inversiones y es posible solo gracias a un pacto generacional y a una lógica solidaria del empleo de los recursos.

Por Francesco CANCELLATO y Marcello ESPOSITO

Para Nadia Urbinati la violencia de hoy es la furia de los derrotados. ¿La causa? La capitulación de la política.

nadiaPara quien no la conoce, bastaría decir que Nadia Urbinati, nacida en Rimini, es titular de la prestigiosa cátedra de ciencias políticas en la Universidad Columbia de Nueva York. O que fue premiada en 2008 con el título de Comendador al Mérito de la República Italiana, por “haber dado una contribución significativa a la profundización del pensamiento democrático y a la promoción de escritos de la tradición liberal y democrática italiana en el extranjero”. Pocos mejor que ella pueden ofrecernos instrumentos para interpretar cuidadosamente lo que está ocurriendo en esta difícil fase de la historia que, esperando que sea pasajera, seguimos llamando crisis. Y que cuanto más pasa el tiempo más frustración, desilusión y rabia genera.

 Profesora Urbinati, las recientes cargas policiales  contra los obreros de la Thyssen, los choques de Tor Sapienza, la agresión a Salvini [dirigente de la Liga Nord], el asalto a la sede del Partido Democrático en Milán, así como otras muchas protestas en la calle a lo largo de estas últimas semanas… ¿cuál es su lectura de tantos episodios de rabia y violencia durante este reciente periodo?

 No hay nada aparentemente que los una; son hechos independientes unos de los otros, protagonizados por sujetos que representan problemas específicos. Sin embargo, cada uno de ellos, además de denunciar un problema, pone el dedo sobre una política que no es capaz de resolverlo.

 ¿Es acaso la actual política impotente como nunca ?

 Podríamos decir que la tensión es la señal de que el compromiso entre trabajo y capital se ha roto; compromiso que, tras la segunda guerra mundial, acompañó al nacimiento de las democracias europeas. En el interior de este contexto, el del Estado-nación, capital y trabajo eran dos actores sociales bien organizados y protagonistas de una negociación que no podía perderse.

 Después llegó la globalización…

 Llegó también el fin de la Guerra Fría, que con sus Muros y sus Telones de Acero, imponía las fronteras del mundo. Mientras estas existieron sobre el mapa, fue posible en el interior de nuestro mundo que el que trabajaba plantease cuestiones y obtuviese respuestas. No era un mundo abierto. No se podía acceder a la fuerza de trabajo a coste cero del cuarto y quinto mundo. Estas fronteras -para los que permanecían dentro del primer mundo, donde había renacido la democracia- crearon, hicieron posible el control y el ejercicio del poder democrático, y el equilibrio entre clases.

Por Carlos ARISTU OLLERO

Igual les suena de algo. Matteo Renzi, Primer Ministro de Italia que asumió las riendas del país bajo la promesa de desmantelar las viejas redes clientelares de poder, ha optado por “ modernizar” el mercado de trabajo por la vía de una amplia reforma laboral. El Jobs Act, un paquete de medidas para incentivar el empleo que presentó bajo la forma de moción de confianza ante el Senado en un procedimiento de dudosa constitucionalidad, ha sido calificado por Ángela Merkel como “un paso importante”. Les recuerdo que en 2010, la canciller alemana describió en términos similares la reforma laboral del gobierno de Rodríguez Zapatero.

En el contexto actual de disputa ideológica generalizada, sin duda el debate sobre el factor trabajo ofrece claves de enorme importancia. La fórmula de “austeridad + flexiseguridad” se prescribe como la única salida amable a la crisis. Como venimos conociendo en España desde 2010, la fórmula conlleva un incremento desmedido de desigualdad salarial y precariedad laboral. Esto se debe, en gran parte, a que las reformas emprendidas confieren al empresario una capacidad ilimitada para modificar las condiciones de trabajo, junto a la importante reducción  de influencia del convenio colectivo como referencia protectora general. A modo de ejemplo, Renzi abandera en Italia la supresión de la readmisión forzosa del trabajador en caso de despido improcedente.

Por Maurizio LANDINI

Nuestra cultura industrial siempre ha pensado que el crecimiento era un bien en sí mismo, mensurable únicamente con índices económicos. Hoy sabemos que no es así, que todo esto tiene costes y afortunadamente está en discusión el mismo concepto de crecimiento. Pero no es un debate ideológico o terminológico el que nos hará salir de la situación en la que estamos; incluso el concepto de crecimiento hay que matizarlo adecuadamente porque no puede existir ninguna isla feliz en un mundo infeliz, con un trabajo que tiene cada vez menos derechos. Es una cuestión de valores, principios y comportamientos; la lógica de consumir por consumir ha producido auténticos desastres. Pero no hay salida al problema sin una confrontación con aquello que lo determina, tanto más hoy, en este permanente riesgo de quiebra global. No estamos frente a una crisis normal, no es solo el resultado de una especulación financiera colapsada hace unos años en Estados Unidos, de algún banquero loco o prepotente que ha perdido el control de la situación; estamos ante la crisis de un modelo y de un sistema del que la modalidad productiva y la concepción del desarrollo son partes integrantes. Terminada esta fase dramática —si alguna vez acaba — no se volverá a la situación precedente, quizás con alguna víctima de más, pero con todos listos para recomenzar sobre un camino conocido y “seguro”. Nada será como antes en el sistema social, económico y productivo, en el sistema industrial europeo. Y todo esto puede generar ansia, miedo a lo desconocido, angustia por no saber dónde acabaremos, con reacciones —individuales y de grupo— de todo tipo. Pero este es el punto de partida y las contradicciones en las que estamos inmersos son el producto de lo que ha ocurrido. Problemas que no se resuelven “cortando cabezas”. No basta con despedir a una clase dirigente. Es verdad que la clase política tiene una gran responsabilidad pero es cierto también que la sociedad civil la ha legitimado durante estos últimos años. La representación siempre es un espejo y esas fuerzas políticas tuvieron votos, no tomaron el poder por un golpe de estado. Todos estamos implicados en este sistema degenerativo —con más o menos grados de responsabilidad, produciéndolo o soportándolo, vencedores o vencidos— y todos estamos llamados a tomar nota de su crisis, para construir uno nuevo, sin esperar que pase la noche y el mundo de antes vuelva a funcionar mejor que antes. Esto vale más aún para el modelo de desarrollo y para las relaciones trabajo/salud y capital/medioambiente.

Por Riccardo TERZI

Con este artículo Riccardo Terzi interviene y concluye el debate sobre la relación entre sindicato y la política que se ha mantenido en el blog Metiendo bulla y que hemos editado en nuestros Papeles En Campo Abierto.

Cuando envié mi escrito a José Luis López Bulla nunca pensé que se abriría esta discusión tan dinámica y de tanto alcance. Por ello estoy agradecido a todos los que han querido intervenir con observaciones críticas puntuales y profundas, sobre todo con una extraordinaria pasión intelectual y civil. Ha sido una sorpresa gratísima para mí, porque estoy acostumbrado en Italia a reflexionar en soledad, sin que haya un lugar para una seria discusión  colectiva.

 Intentaré aclarar mi pensamiento sobre diversos temas que se han suscitado en la discusión. Con una premisa que me parece importante: entre nosotros hay un común transfondo político y cultural, una convergencia muy fuerte sobre las premisas fundamentales, por lo que las diferencias –que, sin embargo, existen–  no son más que posibles articulaciones en el interior de un discurso que tiene su fuerza unitaria, que está  bien enraizado en el gran surco  histórico del movimiento obrero, en sus conquistas y sus derrotas. Procederé por puntos, no siendo necesario reemprender el hilo general  del discurso que ha sido exactamente interpretado en todas las intervenciones.

Por Alberto ASOR ROSA

Nota previaEuropa está sufriendo las consecuencias derivadas de unos procesos de mutación social extraordinarios. Los ajustes económicos, el reordenamiento de la economía mundial, los procesos tecnológicos y el predominio de la economía financiera están dando como resultado una sociedad que está transformándose, produciendo dolorosos efectos sobre la gente. La política no se queda al margen. Los sistemas políticos de los países europeos están también sufriendo serias conmociones, especialmente en los países más afectados por la crisis. No es casualidad que el sur europeo dé los ejemplos más extremos de estos cambios políticos. Italia viene siendo una muestra emblemática de todo esto desde hace años pero a partir de las elecciones de 2013 más aún. La izquierda italiana padece un problema de identidad y de representatividad. El artículo que presentamos a continuación, cuyo autor es Alberto Asor Rosa, un reputado intelectual del “clásico PCI”y de la izquierda postcomunista, refleja creemos que muy bien el pasmo y asombro de la sociedad cultural de izquierda ante la proclamación de  Matteo Renzi como nuevo líder del PD,  y sus posteriores  actuaciones. Una de ellas ha sido pactar con Berlusconi la nueva ley electoral. La reflexión de Asor Rosa nos plantea una propuesta útil para nuestro país también: recrear una cultura política de izquierda, anclada en la tradición (todo lo que hay de bueno en el mundo tiene un pasado y una historia) y al mismo tiempo moderna, modernísima. Veremos. Javier Aristu

Antes de entrar en la sustancia de la delicada materia política a la que este artículo quiere referirse, debo confesar una personal dificultad mía, o histórico disgusto, que podría hacer que todo lo que viene a continuación sea altamente discutible. Me refiero a esto: cuando el disenso político se convierte en abismal, se transforma en una diferencia antropológica que lo fundamenta y justifica. En lo que a mí respecta es así como yo miro a Matteo Renzi, el nuevo y brillante líder de la izquierda italiana. Es como si él y yo perteneciéramos a mundos distintos, incomunicables. Por eso hablo de mi dificultad para construir un discurso racional sobre el mismo. Sería como si al marciano de Flaiano se le pidiera que formulase un cauteloso juicio político sobre los habituales parroquianos de los cafés de Via Veneto, o también viceversa (en su tiempo, se entiende: ahora es completamente diferente)[1]

Un grupo de intelectuales y figuras públicas italianas [ver la lista al final]  acaba de publicar un llamamiento de cara a las próximas elecciones europeas del 25 de mayo. Su propósito es hacer posible una lista que se sitúe en las coordenadas de la izquierda europea liderada por Alexis Tsipras, el representante de Syriza y candidato del partido de la Izquierda Europea para la presidencia de la Comisión. Dicha lista se aparta, por tanto, del marco de apoyo al Partito Democratico italiano y propugna una basada en otra Europa distinta a la actual, diferente a las actuales correlaciones y políticas propugnadas por sus instituciones.

No sabemos el éxito que tendrá y la capacidad de convocatoria de dicho llamamiento pero lo publicamos porque nos parece que coincide básicamente con otras propuestas que van más allá del status quo y pretende transformar el actual marco de la austeridad económica y social.

Europa está en una encrucijada y sus ciudadanos deben volver a impulsarla. Los cultivadores de la inmovilidad dicen que sólo hay dos respuestas al mal que durante estos años ha corroído el proyecto de unidad nacido en Ventotene durante la última guerra,[1] ha agotado las esperanzas de sus pueblos, ha despertado los nacionalismos y el equilibrio de potencias que la Comunidad debía suprimir. La primera respuesta es la del que se complace: paso a paso, con ajustes mínimos, la Unión se está recuperando gracias a las políticas de austeridad. La segunda respuesta es catastrófica: una comunidad solidaria se ha revelado como un imposible, urge recuperar la soberanía monetaria  desconsideradamente sacrificada y salir del euro. Estamos convencidos de que ambas respuestas son conservadoras y proponemos una alternativa de tipo revolucionario. Tenemos la convicción de que la crisis no es solo económica o financiera sino esencialmente política y social. El Euro no resistirá si no se convierte en moneda de un gobierno democrático supranacional y de políticas no elaboradas desde lo alto sino discutidas y aprobadas por las mujeres  los hombres y europeos. Estamos convencidos de que Europa debe seguir siendo el horizonte porque los estados individuales ya no están en condiciones de ejercer soberanía, a no ser que cierren sus fronteras, finjan que la economía-mundo no existe, se empobrezcan cada vez más. Solo a través del proyecto Europa los europeos pueden convertirse en dueños de sí mismos.