Historia de tres paradojas

Por Javier FLORES FERNÁNDEZ-VIAGAS

            Más de cuatro años después del inicio de la primavera árabe, ya es momento de clamar para que la lechuza de Minerva remonte el vuelo y poder así reflexionar acerca de lo sucedido. Es lo que se pretende con estas líneas en las que se centra la atención en el que pudiera ser el caso más paradigmático: Egipto.

            Las clases medias urbanas protagonizaron los acontecimientos políticos que se produjeron en Egipto durante los primeros meses de 2011. Las movilizaciones populares que precipitaron la caída de Hosni Mubarak se produjeron en las grandes ciudades del país, teniendo como centro neurálgico la plaza de Tahrir en El Cairo.

            La existencia de estas clases medias que exigían la modernización del país y el desmantelamiento del régimen de inspiración nasserista, es el fruto de las más de cinco décadas en las que precisamente ese régimen trabajó por la modernización y el desarrollo económico de Egipto. ¡Primera paradoja! Sin la revuelta de los oficiales libres en 1952, sin Gamal Abdel Nasser, sin la idea de socialismo panarabista y su régimen político, no habría habido desarrollo económico ni independencia política en Egipto, ni tampoco se habrían podido asentar las bases de una sociedad laica (esa clase media urbana) que mantuviera a raya al integrismo islámico.

Por Francisco J. GONZÁLEZ VÁZQUEZ

Amigos y amigas:

 Probablemente como vosotros, he recibido un email con un vídeo en donde se ve a gentes armadas con aspecto árabe asesinando a sangre fría a una mujer porque vestía un paño rojo sobre la chilaba negra.

 Creo que no podemos dejar que estos vídeos circulen irreflexivamente sin pensar un poco sobre su significado.

 Dice Lluís Bassets:

 El infierno está en la Red. (…) La novedad son los grandes infiernos digitales que nos llegan precisamente de la mano de quienes desean reconstruir el remoto califato del islam, con sus amenazas terribles, sus prédicas demenciales y, lo que es peor, esos vídeos insoportables producidos como armas de destrucción masiva que difunden las imágenes de las ejecuciones.

 Son tan evidentes sus objetivos militares que se hace ocioso cualquier debate sobre la oportunidad de su difusión: quien lo hace sabe que contribuye a amplificar el efecto letal de esta nueva arma tan diestramente manejada por los terroristas. Con su violencia sin límites, los guerreros del califato buscan amedrentar a las poblaciones a las que atacan, disuadir a los países que quieren frenarles y acrecentar sus filas con la convocatoria a los asesinos vocacionales de todo el mundo.

http://blogs.elpais.com/lluis_bassets/2015/02/infiernos-digitales.html

Por Tom ANGIER

[Traducimos el siguiente texto de Tom Angier porque, a pesar de estar centrado especialmente en la sociedad británica, aporta algunas reflexiones interesantes sobre la crisis de la izquierda europea. El autor cree que se han abandonado los ámbitos tradicionales de la reflexión y la actividad de la izquierda, como son los estrictamente sociales y de clase, por otros denominados “de identidades” (especialmente los relacionados con las culturas y etnias, los de género y otros): ello ha provocado un colapso en la cultura de izquierda y un abandono de los tradicionales votantes de los partidos socialdemócratas. Frente a planteamientos “policiales y de seguridad” —como el reciente acuerdo antiterrorista del PP/PSOE— ante el reto del Islamismo radical, Angier plantea la necesidad y urgencia de reconstruir una política social europea que pueda resolver los problemas de marginación, pobreza y desigualdad que estarían en el fondo de esa amenaza.]

Con el ascenso de los partidos europeos de extrema derecha y de la izquierda radical los partidos socialdemócratas se enfrentan al reto de conservar su apoyo electoral en varios países de Europa. El primer problema con el que se encuentran los socialdemócratas es que ya no son tan atractivos en los distritos  tradicionales y entre las organizaciones que previamente habían servido para asentar su presencia en las comunidades, tales como sindicatos y cooperativas. Solo volviendo a sus prioridades tradicionales pueden los socialdemócratas tener la esperanza de que este declive se detenga.

Europa se encuentra en dificultades. Esto es evidente en el plano puramente político, en el que el proyecto de la UE provoca la indiferencia o la hostilidad por parte de un número cada vez mayor de los ciudadanos europeos, y la afiliación de los principales partidos ha descendido precipitadamente desde 1980. Es evidente en el plano económico, donde la riqueza se concentra en un pequeño número de manos, manos que no parecen estar unidas a ninguna nación o lugar en particular. Y es evidente a nivel de la sociedad civil donde el tejido social se está desarticulando, entre otras razones por el temor al Islam político, temor que no es atenuado por aquellos que lo reducen, de manera condescendiente, a una forma de locura o “fobia”.