Por Javier ARISTU

Difícil ponerse a comentar lo ocurrido esta mañana, y los días y semanas pasados, en el Congreso de Diputados. Difícil, porque lo primero que me viene a la cabeza es «sonrojo, vergüenza, perplejidad, enfado, irritación…» y podríamos seguir con términos de esos campos semánticos. Sin embargo, lo ocurrido esta mañana en la carrera de San Jerónimo no tiene nombre: ha mostrado una incapacidad inmensa de las dos fuerzas políticas que se autodenominan de izquierda o progresista a la hora de alcanzar un mínimo acuerdo para sacar adelante la investidura del candidato socialista. No voy a hablar de culpabilidades o de pecados a la hora de negociar, pero es evidente que en política los acuerdos, y los desacuerdos, se consiguen, también, porque los negociadores de una parte o de ambas están capacitados o no dan la talla, no son buenos negociadores. No todo es política en estado puro, también son vicios y virtudes humanas, muy humanas, las que facilitan los acuerdos o las divergencias. Algo más que lo que han dicho hasta ahora tendrán que decir a los españoles, por este orden, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Carmen Calvo o Pablo Echenique. Los dos primeros, al ser responsables políticos máximos de sus fuerzas políticas —y Pedro Sánchez, además, candidato a la investidura—; pero los otros dos, han sido los negociadores del primer nivel. Y creo que no lo han hecho nada bien.

Por Julio RUIZ RUIZ

En nuestro país gozamos de una democracia parlamentaria y representativa que, como se ha dicho muchas veces,  es el “menos malo de todos los sistemas conocidos”. Ello quiere decir que las elecciones las gana quien más apoyo parlamentario logre en la cámara y no el partido que más votos y parlamentarios saque del proceso electoral; este será el partido más votado y la minoría mayoritaria de la cámara pero, si no logra sumar los apoyos necesarios para que su candidato pueda ser investido y poder formar gobierno, es obvio que no ha ganado las elecciones. Si hay otro candidato y partido que en coalición o mediante acuerdos con otros partidos consigue los apoyos suficientes exigidos por el sistema para salir investido y formar gobierno, será tan legitimo y democrático como si lo consiguiera el candidato del partido más votado.