Por Ángel VIÑAS

El año que ahora ha comenzado es muy verosímil que entre en la historia, quizá no en la grande, grande, pero probablemente en la que constate la acentuación de tendencias preocupantes ya existentes en nuestras sociedades, en particular en la Unión Europea.

Hubo una época en que me tocó hacer predicciones. ¿Qué podía ocurrir en relación con ciertos temas? En algunas de las que hice a medio plazo acerté, más o menos, en ocasiones. En las que se referían al corto plazo me equivoqué casi siempre. De aquella época me quedé con dos afirmaciones. La primera se debe a un primer ministro japonés, hoy olvidado, Yasuhiro Nakasone. Venía a decir que en política aventurarse una pulgada hacia adelante equivalía a adentrarse en territorio desconocido. Ni que decir tiene que Nakasone era extremadamente conservador. La segunda afirmación se atribuye, dicen los expertos que sin razón, a otro primer ministro conservador, esta vez británico, Harold Macmillan. Todos los mejores planes, vino a decir, pueden estropearse por obra gracia de acontecimientos imprevisibles. ¡Events!

Naturalmente, de seguir a la letra la metodología implícita en tales afirmaciones podríamos cerrar la tienda. ¿Qué tendrían que ofrecer los expertos en ciencias sociales?

De cara a 2015 podemos, al menos, estar seguros de una cosa. En nuestra Unión Europea de todos los pecados va a haber toda una serie de procesos electorales. Algunos serán muy importantes y podrían tener alcance sistémico. Otros tendrán impactos más bien nacionales y de efecto más reducido.

El próximo domingo, 25 de enero, tendrá lugar el primero: las elecciones generales en Grecia. La prensa, estos días, está llena de artículos que recogen las escaramuzas previas a una contienda electoral de potenciales resultados sistémicos. Unos tratan de amedrentar a los griegos advirtiendo contra un verosímil triunfo de Syriza (aunque no consiga la mayoría absoluta) y sus consecuencias sobre la permanencia de Grecia en el euro. Otros abanderan algunas de sus promesas de renegociar el lastre de la deuda, dado que las políticas de austeridad han hundido a amplios sectores de la población en la indigencia. De la forma en que la Unión Europea trate los resultados de la contienda electoral dependerá la imagen que ofrezca al resto de los países de la zona euro y más allá.