Por Stefano RODOTÀ

En su libro sobre La crisis de la conciencia europea de 1680 a 1715, Paul Hazard definió Europa como “un pensamiento jamás satisfecho”. Hoy, prisionera de una crisis sin precedentes, la Unión europea se complace con políticas económicas restrictivas, casi una frontera insuperable. Esta es la Europa que estamos viviendo en la que parecen débiles los intentos de superar el déficit democrático señalado por Jacques Delors. Y se desliza hacia un déficit de legitimidad, que es lo está en el fondo de la creciente desconfianza de los ciudadanos, de las distintas derivas hacia la renacionalización, del abandono de los valores y principios de la Unión, como está ocurriendo en Hungría.