Por Juan JORGANES

El fiscal general de Pensilvania presentó un informe que revela el último escándalo de pederastia que involucra a la Iglesia católica. 300 sacerdotes abusaron de menores durante los últimos setenta años, la mayoría adolescentes y preadolescentes. La investigación identificó a más de mil víctimas. Denuncia el “encubrimiento sistemático por parte de altos funcionarios de la iglesia en Pensilvania y en el Vaticano”. Una investigación del Gobierno australiano concluyó en 2017 que el 7% de los sacerdotes católicos había sido acusado de abusos a menores entre 1950 y 2010. La Conferencia de Obispos Católicos de Australia se niega a obedecer las leyes que obligan a los curas a denunciar a la Policía los abusos aunque se enteren en una confesión. El secreto de confesión es un “elemento no negociable de nuestra vida religiosa y encarna una comprensión del creyente y de Dios”.

Por Javier ARISTU

Ayer martes 25 el Papa Francisco I visitó el Parlamento europeo y dio un discurso ante el plenario de diputados. Al comienzo del mismo un grupo de la izquierda unitaria española abandonó el hemiciclo “como protesta contra la presencia de la religión en la esfera pública y política”. Por las redes anda bastante gente revuelta a propósito de este asunto. Unos defienden a los eurodiputados de IU, otros atacan a Pablo Iglesias por quedarse durante la sesión papal y enviar unos tuits elogiosos con el representante del Vaticano. Yo sé que me meto en un charco y que puedo salir manchado de barro,  pero voy a tratar de dar mi opinión sobre este tema porque entiendo que, a pesar de ser anecdótico y que posiblemente se olvidará en una semana, es significativo de algunos de los tics que identifican una forma de pensar y hacer la política en nuestro país. Y, además, como hay personas muy cercanas, amigos y conocidos que se han manifestado con sincera combatividad contra la presencia de Francisco I en el Parlamento europeo me parece necesario expresarles desde aquí mi discrepancia con ellos.

Dijo la eurodiputada Marina Albiol: “El Parlamento Europeo no es lugar para sermones religiosos. La religión pertenece al ámbito privado y ahí debe quedarse. Las instituciones, las escuelas, los espacios públicos no son lugares para la fe y las creencias religiosas”. No voy a oponerme yo a esta reflexión que me parece surgida de la más honda convicción laica. Sí la veo, si quiero ser sincero, desproporcionada en una Europa donde, guste o no, la religión fue en el pasado y sigue siendo hoy asunto de primera importancia política, es decir, cuestión que merece la atención de la política y de los políticos porque afecta a las convicciones e intereses de muchos millones de personas. Afirmar desde un abstracto laicismo la pareja independencia abstracta de la religión respecto de la vida social de las gentes es —así lo digo aun pudiéndome llevar bofetadas dialécticas— vivir en Marte.