Por Antonio LETTIERI

 5. La política de reformas estructurales, en la específica versión de las instituciones europeas, reviste un carácter estratégico. Antes o después las medidas de austeridad habrán culminado su tarea pero los cambios aportados por las reformas habrán introducido un cambio radical en el modelo de relaciones sociales. Los objetivos a largo plazo de las reformas son el drástico redimensionamiento de la intervención del estado en la economía, la reducción y la tendencial privatización de los sistemas de bienestar, la marginación del poder de los sindicatos y de la negociación colectiva.

En otros tiempos, esta política habría sido definida como reaccionaria. De hecho, se ha convertido en el paradigma dominante en la eurozona. La particularidad reside en el hecho de que esta política tiene una connotación de derecha en todos los países democráticos y los gobiernos que la practican deben enfrentarse con una oposición que tiene los colores más o menos pronunciados de la izquierda. En la eurozona, el área económica más grande del planeta tras los Estados Unidos, la diferencia entre derecha e izquierda sin embargo se ha desteñido hasta desaparecer del todo cuando se trata de partidos en el gobierno.

Por Antonio LETTIERI

La victoria de Syriza, con Alexis Tsipras al frente, en las elecciones griegas del 25 de enero ha creado un gran desconcierto en la eurozona. Lo cual no sorprende tratándose de la verdadera primera crisis política de la eurozona tras su nacimiento hace quince años. Hasta ahora estábamos acostumbrados a discutir solo de dificultades económicas.

Sin embargo, la victoria de Syriza era previsible. Es normal que en un país conmocionado por una crisis económica y social que dura ya siete años, pudieran ser derrotados en unas elecciones los partidos de gobierno en favor de los que no han tenido esa responsabilidad. Berlín y Bruselas habían hecho todo lo posible para evitarlo. Angela Merkel había ido a Atenas para apoyar al gobierno de Antonis Samaras. Después, la Comisión europea había enviado a Pierre Moscovici, el comisario francés de economía, para advertir a los griegos sobre los riesgos que corrían si escogían la incógnita de un partido de la izquierda radical.

Pero esta vez las sirenas de la eurozona no han podido encantar al electorado griego. La victoria de Tsipras ha destruido el escenario político griego de los últimos 40 años, constantemente dominado, tras la caída del régimen de los coroneles, por Nueva Democracia y por el Pasok, los dos partidos de las dinastías de los Papandreu y de los Karamanlis. Syriza ha ganado las elecciones con un programa tan audaz como difícil: liberar a Grecia de la política de austeridad y del asfixiante control de la Troika, el arrogante grupo de tecnócratas que representa a la Comisión europea, el Banco central y el Fondo monetario internacional.

Por Pedro JIMÉNEZ MANZORRO

            A vueltas con Grecia. El viernes 27 de febrero hubo una manifestación frente al parlamento griego en la ya archiconocida plaza de Sýntagma. Era nuestra última noche en Atenas y necesitábamos emociones fuertes; una concentración del KKE, coronada por un mitin de Dimitris Koutsoumpas, su secretario general, lo era. Si alguien ha visto el arranque de La mirada de Ulises de Theo Angelópoulos puede guiar su imaginación: lluvia persistente, que no muy recia, caras ensombrecidas y silenciosas recortadas por la luz de unos focos y las consignas de los altavoces [Algún desclasado de palito se hace una selfie.]. De pronto aparece la cabecera de la manifestación; al frente cuatro o cinco líneas de banderas rojas hocimartilladas en amarillo —el mismo color con el que lucen las siglas de la organización—, avanzan en orden coreando eslóganes con una letanía ortodoxa en el fondo y en las formas. Solo para los muy cafeteros. Koutsoumpas lee un abigarrado informe, que ya nos habían entregado unos voluntariosos militantes la noche anterior a la salida del metro de Doukissis Plakentías, que está allí donde Christós se cansó de esperar. Los reproches a Tsipras-Varoufakis van y vienen; vienen y van las recriminaciones a SYRIZA-ANEL, que evocan los aromas de las reconvenciones a NEA DIMOKRATÍA-PASOK. Las medidas que se habían prometido no han llegado y se va a firmar con las Instituciones (la Troika con indoloro lifting facial) otra versión de los acuerdos anteriores que tanto se habían criticado desde la dorada oposición. Nada nuevo bajo el sol en la lluviosa noche de Atenas.

Por Pedro JIMÉNEZ MANZORRO

            Dum spiro spero debía de andar pensando el ministro Varoufakis mientras preparaba las medidas de urgencia que esperaban las autoridades europeas, especialmente las alemanas, que son al parecer las que mayor autoridad tienen en el desconcierto europeo. Mientras hay vida hay esperanza debe de andar pensando el presidente Tsipras mientras cree que no se anuda el lazo de su corbata en estos primeros días de la Cuaresma ortodoxa.

La tradición manda en este país, aunque pocos la siguen a rajatabla, que en Cuaresma no se consuman alimentos con sangre ni procedentes de ellos. No obstante, el diputado de Syriza Manolis Glezos, el partisano que en 1941 arrancó la bandera nazi de la Acrópolis y hoy ocupa el escaño de mayor edad del Parlamento Europeo, se ha declarado públicamente en contra del preacuerdo del gobierno griego con las instituciones europeas.Parece que el ministro Lafazanis y otros personajes de la formación con raíces de izquierdas tampoco están dispuestos a respetar en silencio la fiesta de la abstinencia.

Por Javier ARISTU

Lo que parece que no aciertan a comprender los responsables políticos europeos y de los gobiernos nacionales de las dos principales corrientes políticas es que si finalmente logran derrotar las muy justas pretensiones del gobierno de Alexis Tsipras, para muchos europeos europeístas empezaría a carecer de sentido seguir apoyando la existencia de una UE tan antisocial y poco solidaria.”. Así se expresaba hace unos días Javier Doz, presidente de la Fundación 1 de Mayo, en su blog. Efectivamente, sin caer en lamentos apocalípticos ni en himnos fúnebres, da la impresión de que el proceso abierto a partir de la constitución del gobierno de Tsipras ha adquirido matices y contenidos completamente nuevos que nos obligan a afirmar que, esta vez sí, pasamos por momentos políticos decisivos.

La Unión Europa, el proceso de construcción de un modelo político completamente innovador en la historia de las naciones y de los sistemas políticos, puede encallar según y cómo se resuelva el contencioso griego. La pretensión de zanjar –de forma autoritaria- la cuestión griega a partir de un diktat, no admitiendo ni un cambio de ritmo, ni un aplazamiento de pagos, ni asumiendo el estado de necesidad de una mayoría de la sociedad griega, puede llevar, precisamente, a que una parte muy importante de europeos se planteen si este modelo de UE, esta gobernanza de la Unión, merece ser apoyada y nos trae algún beneficio.

Entrevista con el ministro griego de Finanzas Yannis Varoufakis

Por Marc Goergen y Andreas Hoffmann

Señor Varoufakis, ¿le deja tiempo esta febril diplomacia itinerante para reflexionar sobre su trabajo?
Desearía disponer de más tiempo. Somos un gobierno sin experiencia, y nos ha faltado tiempo para familiarizarnos con el trabajo de nuestros ministerios. En rigor, necesitaríamos algunas semanas para deliberar y diseñar nuestro programa, pero nos está apuntando el cañón de una pistola. Las carreras precipitadas de una reunión a la siguiente, después de noches en blanco, son la muestra de la severidad con que la crisis ha socavado la integridad, el alma incluso de Europa.

¿Funciona la política de la manera que usted esperaba?
Por desgracia en el caso de Europa, sí, funciona así. Nunca tuve unas expectativas muy altas en relación con el proceso político. Salté al ruedo porque me horroriza el estado actual de la democracia europea. Si existe un déficit en esta Europa nuestra, es la falta de democracia. Estamos convirtiendo las instituciones que toman decisiones que afectan a la vida de la gente en zonas carentes de democracia. Y eso beneficia a las fuerzas oscuras que buscan socavar la democracia y los derechos humanos.

Como ministro de Finanzas, una sola palabra suya es suficiente para hacer temblar a los mercados. ¿Qué se siente en esa situación?
Yo no poseo ese poder. Hablando más en general, el poder es algo que no deseo. Puede sonar hipócrita, pero lo digo con toda sinceridad. Y lo mismo vale para muchos miembros de nuestro gabinete. Preferirían vivir en la oposición, después de todo resulta bastante cómodo ser una minoría de izquierdas. (Ríe).

Por Pedro JIMÉNEZ MANZORRO

            El pobre Laocoonte se desgañitaba en las playas de Troya advirtiendo a los habitantes de la inexpugnable ciudad que no se fiaran del enorme caballo que solitario se erguía frente a los muros de Príamo. Los griegos me dan miedo, aunque se presenten con regalos. Hoy los responsables europeos también se desgañitan. Los griegos no nos dan miedo ni aunque se presenten con regalos, porque, la verdad… ¡Vaya mierda de regalos! Pero, al parecer, los griegos andan contentos y orgullosos del caballo en cuyo interior no sabemos a día de hoy si realmente hay algo.

            En verano de 2012 En campo abierto publicó una serie de cuatro crónicas grecianas, que, pasado el tiempo, mantienen algunas de sus esencias, a pesar de lo que ha llovido desde entonces sobre el territorio de nuestros ancestros culturales. En una semana y con la ayuda de Hermes (que no Hermès), volveremos a dejar constancia del ambiente que se respira en Grecia, aunque esta vez desde la capital de los atenienses. Trátase pues de saber aquí qué nos parece que sabemos del sentir griego con las sombras que nos llegan de la caverna de Platón, porque nos da la impresión de que Grecia vuelve a estar de moda, salvo en lo que a corbatas se refiere.

            Hasta hace poco las noticias que tenían que ver con Grecia podían dividirse en dos grandes grupos: aquellas que señalaban que el país era un desastre y las otras, que mostraban que sus ciudadanos estaban de los nervios. Desde que en 2009 el partido socialista griego (PASOC), que acababa de ganar las elecciones parlamentarias nacionales, desvelara que el déficit del país superaba el 12% del PIB asistimos a una acumulación informativa sobre la incapacidad de ese país para pagar sus deudas, organizar su Estado, aplicar ajustes, obtener créditos internacionales, mantenerse en la zona euro y el súrsum corda: la ruptura, en definitiva, de la confianza económica (si alguna vez la hubo). A la vez las páginas de información sobre ese país se jalonaban con el descontento de los griegos, la celebración de manifestaciones, motines y algarabías más y menos violentos, el ascenso de una fuerza política de izquierdas (SYRIZA), la aparición de la derecha admiradora del dictador Metaxás (CHRYSÍ AVGÍ) y el otro súrsum corda: la ruina, en definitiva, de la confianza política. Y ambas familias de noticias iban siempre cogiditas de las manos.

1. Grecia tras las elecciones. No hay riesgo, sino una oportunidad para Europa

Manifiesto de los sindicatos alemanes

Los sindicatos alemanes apuestan por un proceso de negociación entre Grecia y la UE que ayude a que el país heleno salga de su terrible crisis social. Han redactado un manifiesto público que, apoyado por diputados socialdemócratas y profesores de reconocido prestigio, pretende influir en el desarrollo de los actuales acontecimientos, propiciando un nuevo rumbo en la actual deriva neoliberal y tecnocrática europea. La defensa de los valores democráticos, expresados nítidamente en la pasadas elecciones griegas, está en la base de este importante declaración surgida en el interior de la sociedad alemana. Alemania no es solo Angela Merkel. [ver la Página oficial de la declaración, con traducción en inglés, holandés y griego]

El cambio  político en Grecia es una oportunidad no sólo  para este país sacudido por la crisis, sino también para reconsiderar y corregir los fundamentos de las políticas económica y social de la UE.

Destacamos una vez más las críticas que por  parte de los sindicatos se han venido formulando en  los últimos años: las exigentes condiciones en las que se concede la ayuda financiera a Grecia, ya desde el principio no merecían el calificativo de “reforma”. Los miles de millones que fueron transferidos  a Grecia, se utilizaron  sobre todo para la estabilización del sector financiero. El país se vio sumido en una profunda recesión a consecuencia de una  brutal política de austeridad y al mismo tiempo con la deuda pública más elevada de toda la UE. La consecuencia es una crisis social y humanitaria sin precedentes en Europa: un tercio de la población vive en la pobreza, la cobertura social se ha debilitado masivamente, el salario mínimo se ha reducido en un 22%, se ha desmantelado el sistema de negociación colectiva y otros derechos de los trabajadores en activo, y la población con rentas más bajas han sufrido una carga fiscal adicional.. El desempleo se encuentra actualmente en el 27% e incluso más del 50% entre los jóvenes. Muchas personas carecen de lo necesario para alimentos, electricidad, calefacción y vivienda. Una gran parte de la población ya no tiene seguro médico  y sólo recibe atención médica en caso de urgencia.. El resultado de las elecciones es un veredicto  demoledor de esta errónea política.

Todo ello no tenía nada que ver con reformas que se centraran en los problemas reales de Grecia. Ninguno de los problemas estructurales del país ha sido resuelto, sino que se han creado otros. Se trataba de una política de reducción, no de crecimiento. Reformas estructurales reales que merezcan este nombre son las que abrirían   caminos a  nuevas oportunidades de desarrollo económico en el país, en lugar de expulsar al extranjero a una generación de jóvenes  altamente cualificados. Reformas estructurales reales son las que se toman en serio la lucha contra el fraude y la evasión fiscal. Reformas estructurales reales consisten en combatir el clientelismo y la corrupción en la contratación pública. El nuevo gobierno griego tiene el reto de presentar sus propios proyectos de reconstrucción y desarrollo que deben formar parte de un “Plan Europeo de Inversiones”, como los sindicatos han venido reclamando desde hace tiempo , y crear las condiciones para que este tipo de proyectos pueden dar fruto.

Por Javier ARISTU

Viene siendo ya un latiguillo de estos últimos días: “¡Nos hace falta una Syriza en Andalucía, en España…!”. Son ya muchos los que a través de las redes sociales difunden esa idea para que la firmemos y, de esa manera, se logre convencer a no sé quién de Podemos y a no sé cuántos de IU para formar una candidatura única de la izquierda en las próximas elecciones andaluzas del 22 de marzo que, supongo, sería precedente de la gran eclosión “syriziana” de las elecciones generales de este 2015. Fiat voluntas tua, [hágase tu voluntad] dice el verbo latino. Sin embargo, creo que el devenir del futuro de la izquierda en nuestro país no es cosa de voluntades sino de situaciones, sintonías y procesos; y de intelecto común, vamos.

Veamos antes de todo el proceso de Syriza, cómo y por qué ha llegado a donde está, desplazando al Pasok de “la centralidad de la izquierda” y construyendo una fuerza política capaz de representar a una gran mayoría nacional griega. Para ello, y entre otras apuestas, tuvo que desprenderse y enfrentarse en su momento con el partido comunista griego (KKE, prosoviético en la jerga de entonces), dominante en la izquierda griega durante muchos años. El proceso de Syriza ha pasado por muchas y diversas vicisitudes.