Por Alain SUPIOT

Foto Flick: Gonzalo Déniz
Foto Flick: Gonzalo Déniz

{anterior] El problema esencial al que se encuentra hoy confrontada la izquierda es el de pensar esta tercera revolución, comprender los resortes con el objeto de aprovechar las oportunidades de su combate por la libertad y la justicia social.  Y este esfuerzo del pensamiento debería conducir a reconsiderar las bases del compromiso fordista, particularmente a su adhesión a la concepción del trabajo que presidió la segunda revolución industrial. En esta expresión cosificada del trabajo se encuentra la de un imaginario social típico de la modernidad industrial de la que Cornelius Castoriadis desveló magistralmente su dimensión potencialmente delirante: “Convertir un hombre en cosa o en puro sistema mecánico no es cuestión de poca monta. Pero más imaginativo que pretender ver en él un búho, ello representa otro grado de hundimiento en el imaginario, pues no sólo el parentesco real de un hombre con el búho es incomparablemente mayor que el que tiene con una máquina; pero nunca ninguna sociedad primitiva aplicó tan radicalmente las consecuencias de las asimilaciones de las personas  a otra cosa como lo hace la industria moderna con su metáfora del hombre-autómata. Las sociedades arcaicas parece que siempre conservan una cierta duplicidad en sus asimilaciones mientras que la sociedad moderna las toma prácticamente al pie de la letra de la manera más salvaje” [Cornelius Castoriadis, L´institution imaginaire de la societé]

 La participación de la izquierda política y sindical en este imaginario del hombre-autómata la ha llevado no solamente a admitir que el contenido mismo del trabajo provino de una organización “científica”, sino también a adoptar el proyecto de este modelo de organización que lo extendió a toda la sociedad. Se sabe que Lenin vio en el taylorismo “un inmenso progreso de la ciencia”, y que la revolución bolchevique, según él, habría conseguido su objetivo cuando “la sociedad en su conjunto fuera un solo despacho, un solo taller” (I.V. Lenin, ¿Qué hacer?] Trentin, por su parte, cita a Gramsci quien afirma que la división del trabajo industrial hacía sentir al proletariado “la necesidad de que el mundo entero fuera como una única e inmensa fábrica, organizada con la misma precisión, el mismo método, el mismo orden que, como constata, es vital en la fábrica donde trabaja” [A. Gramsci. La settimana política. L´operaio di fabbrica. L´Ordine nuevo (febrero de 1920)].

Por Alain SUPIOT

Traducimos la introducción, a cargo del eminente jurista francés Alain Supiot, de la edición francesa del libro de Bruno Trentin La ciudad del trabajo, izquierda y crisis del fordismo.  La edición castellana, realizada por la Fundación 1º de Mayo, ya está circulando por los cuatro puntos cardinales con estudios introductorios de Nicolás Sartorius y Antonio Baylos.  Dada la extensión del trabajo traducido por José Luis López Bulla lo publicamos en tres partes a partir de hoy. Esta publicación se hace conjuntamente con el blog Metiendo bulla.

Foto Flickr por Giampiero Mariottini
Foto Flickr por Giampiero Mariottini

¿Cuáles son las razones profundas de la incapacidad de la izquierda europea para proponer otra vía diferente al ultraliberalismo? ¿Por qué parece condenada a “acompañar” de manera compasiva la degradación de las condiciones de vida y trabajo que ha engendrado la globalización? ¿O bien a refugiarse en un catecismo revolucionario que ha olvidado el fracaso del comunismo real? Bruno Trentin (1926 – 2007) responde a estos interrogantes en su obra maestra, La Città del lavoro, editada en 1997, que ahora ha sido publicada entre los primeros títulos de la colección “Poids et mesures du monde”[1]. Nadie mejor que Trentin para plantear este trabajo crítico.

 Trentin –que participó muy joven en la Resistencia, siguiendo las huellas de su padre que fue uno de los pocos profesores de derecho que se exiliaron de Italia para no declararse leal al fascismo– ha sido a la vez una persona comprometida con la acción sindical y política y un pensador de primer orden, cuya formación transcurrió en Francia y en los Estados Unidos antes que en Italia. Él nos habla sabiamente de unos asuntos de los que tiene experiencia, lo cual le ha permitido revertir en este libro, con una erudición exenta de pedantería, la fractura que –desde Marx hasta nuestros días–  ha recorrido la izquierda intelectual y política occidental. Una fractura que no se percibió, incluso hoy tampoco, ya que nos hemos acostumbrado a reducir esta historia a la oposición entre reformistas y revolucionarios y a la victoria final de un reformismo que es, cada vez, menos reformador. Ahora bien, según Trentin la esencia no está ahí. No está en esa oposición donde se encuentran las claves para entender esta incapacidad de la izquierda contemporánea  de pensar el mundo de nuestros días. Pues “comunistas” y “reformistas” han estado, en su mayoría, de acuerdo en confiar a una élite ilustrada la conquista de las palancas del Estado en nombre del mundo del trabajo, cuya organización saldría de una racionalización científico-técnica. El desalojo, en nombre de la ciencia, de la libertad en el trabajo lleva, así, embrionariamente a la reducción de la ciudadanía política a un ritual electoral, lo que es sólo el aplauso  litúrgico a los queridos dirigentes.

Por Maria Teresa COMETTO,

Trabajo con computadoras en Appliance Park, 1951. Foto: GE
Trabajo con computadoras en Appliance Park, 1951. Foto: GE

El declive industrial, con fábricas abandonadas y la producción exportada allí donde la mano de obra cuesta poco mientras sólo quedan en la patria “los servicios”, no es ya el destino ineluctable de los “países avanzados”. Lo demuestra el caso de los EE.UU. donde un número creciente de fábricas americanas está de nuevo repatriando la fabricación de piezas —un fenómeno llamado insourcing, el opuesto al outsourcing[1] de moda en los pasados decenios— y donde además los chinos están aumentando sus inversiones.

Alguno habla ya de “renacimiento” del Made in USA, como la analista Nancy Lazar que ha escrito sobre el asunto un informe de un centenar de páginas para la sociedad de investigación Isi Group.

Futuro

La revista mensual The Atlantic ha dedicado su última portada a al informe «Por qué el futuro de la industria está en USA ».

Y el anuncio de que el Mac de Apple volverá a ser fabricado en los Estados Unidos confirma que la tendencia es real, impulsada por la nueva matemática de la globalización y por las nuevas tecnologías como el Internet industrial, la confluencia entre máquinas inteligentes, software analítico y usuarios que está cambiando también el modo de proyectar fábricas, según general Electric, una de las multinacionales americanas protagonistas del insourcing. «Una empresa global como la nuestra decide dónde localizar producciones y centros de investigación sobre la base de factores que cambian continuamente: la demanda del mercado, del que queremos estar muy cerca, la productividad y especialización de la mano de obra, hoy más importante que el coste del trabajo, por qué se está cerrando gradualmente la brecha entre salarios en EE.UU., Europa y China y otros países emergentes», explica Marco Annunziata, economista jefe de General Electric.

Por Javier ARISTU

Foto: thelotusflower79

No corren buenos tiempos para el PSOE. Desde el año 2010, rubicón que marca un antes y un después en la carrera hacia el precipicio a la que parece convocado ese partido, los datos macroscópicos y los resultados electorales no hacen sino mostrarnos una situación de deterioro en la relación PSOE y voto popular. Las elecciones de 2011, las últimas de Galicia y Euskadi y las previsiones de las catalanas del próximo 25 nos marcan una línea que ya se ha definido como la peor para ese partido en toda la historia de la democracia. De un partido victorioso en 1982, hegemónico hasta lo increíble, ocupante de todas las administraciones del estado, de las autonomías y de los principales ayuntamientos españoles hemos pasado a la secuencia de un partido noqueado, sin presencia importante —salvo la simbólica Andalucía— en el estado autonómico, ausente de los principales ayuntamientos y, lo que  no deja de ser casi más importante, carente de influencia social y de ideas sobre la sociedad española en su conjunto. ¿Está el PSOE condenado como el PASOK griego a la minoría frente a un reforzamiento de sus adláteres por la izquierda? ¿Podemos estar asistiendo al desmoronamiento de la socialdemocracia española?

Algunos ya cantan el fin de este partido y, sin disimularlo, se alegran y festejan el hecho; otros, quizá corriendo demasiado, hablan de una situación a la griega en España, con un partido socialista en situación de mínimos y una Izquierda plural y alternativa hegemónica en el mapa de las opciones progresistas. No vamos desde aquí a adelantar acontecimientos que, muchas veces, han desmentido a los agoreros ideológicos. Vamos simplemente a esbozar algunos presupuestos para que, desde nuestro punto de vista, la izquierda en su conjunto aprenda de lo que está pasando y acometa de verdad un profundo ajuste de su encaje en la sociedad cambiante en esta España de principio del siglo XXI. No se trata por tanto de hablar de qué líder debe dirigir al PSOE a partir de ahora sino de qué necesita hacer la izquierda en su conjunto si quiere recomponer esta deteriorada relación con su país. A nuestro entender lo que no toca hablar en este momento es sólo de “la renovación del PSOE a través de las primarias” sino que lo que urge es lidiar sobre “la renovación de las ideas de izquierda a través del debate social”. Lo primero está en esta fase subordinado a lo segundo.

Por Guido ROSSI

Siguiendo con la reflexión sobre el estado democrático y los poderes (ocultos) globalizados traducimos este artículo de Guido Rossi sobre la función de la transparencia como remedio contra el ejercicio actual del poder. Mafias, organizaciones delictivas, grupos económicos  internacionales y globales, pero también partidos y otras organizaciones surgidas al calor del estado moderno, pretenden evadirse de una norma y control público y universal. Merece la pena reflexionar sobre el valor de la justicia y la norma universal y pública de cara a revitalizar las democracias.

Foto: wvs, en http://www.flickr.com/photos/

La actual situación mundial de incertidumbre económica, política y social parece estar caracterizada por un desequilibrio creciente y evidente entre el poder económico, que aumenta concentrándose en manos de unos pocos, y los sistemas democráticos a los que se les atribuye un frágil poder político. Se añade, además, para romper cualquier posible equilibrio, una realidad evidente: no se pueden hacer muchas cosas en política sin dinero; y esto vale tanto para el éxito individual como para la realización del bien común y de la justicia social, como desearía la democracia.

A nivel de los individuos y de sus éxitos en las elecciones, también antes de la era de la televisión y de la red, se debía recoger dinero para pagar salarios y organizaciones, comunicaciones y publicidad, viajes, cenas electorales, reuniones y conferencias de partido. Estas múltiples actividades hace tiempo que se han venido configurando bajo la rúbrica del “fund-raising”, o recogida de fondos privados, a los que posteriormente se añadían los fondos públicos, donados por el estado. Que esta estructura, convertida en indispensable para el ejercicio de la democracia, haya sido objeto de un espantoso fenómeno de corrupción es el argumento de las cotidianas denuncias, entre las que Italia no aparece estar ausente.

Pero es igualmente evidente que también la política de los Estados está ya dominada económicamente por una elite estrechamente minoritaria, que coincide, gobernándolas, con las fuerzas de la globalización y de los mercados. El caso más innovador, introducido en nuestro marco constitucional y en el de otros países es el principio de equilibrio presupuestario del estado, que sin duda rebaja, cuando no deroga sustancialmente, otros principios fundamentales de rango constitucional.

Por Javier VELASCO

Foto: Aeternitas
La búsqueda de una explicación plausible para construirme una opinión sobre el origen y  consecuencias de la crisis me está llevando, gracias al tiempo que me  da mi jubilación, a un recorrido de lecturas que cubren un panorama que intento me dé explicaciones múltiples. Así, en el sentido propiamente económico, descubro que franceses y norteamericanos son los que más satisfacen las exigencias de rigor y calidad en esa búsqueda de respuesta. Y me estoy refiriendo a gente que tiene una visión de izquierdas y no. También me ha llevado a lecturas fundamentales, como las que explican el comportamiento y la cultura. Todo lo veo como un conjunto, pero entre ellas el fenómeno que más me llama la atención es el desarrollo tecnológico, que está teniendo consecuencias devastadoras en muchos sentidos. Uno de los blogs que siempre leo es Econfuture, del ingeniero informático y empresario californiano  de Silicon Valley, Martin Ford. Fantástico.
Este ingeniero norteamericano es un luchador infatigable en la batalla por dar a conocer el carácter alienante, embrutecedor y aniquilador de la tecnología realmente existente  para el mundo del empleo y para la condición humana. Aquí os traigo una ¨traducción imaginativa” que he realizado, para que se pueda ver el efecto de la innovación tecnológica sobre la vida de las personas y sobre los sistemas políticos.
De lo que aquí se dice se puede deducir que la crisis tiene su origen en una sobresaturación de la demanda en los países desarrollados alrededor de los años 60, que tuvo como respuesta la aplicación de un modelo basado en las tecnologías de la información y que, al incrementar la productividad y al posibilitar que la actividad económica se situase en todo el planeta, produjo ingentes beneficios a China y otros países del Pacífico, países productores de petróleo y grandes empresas. La enorme liquidez que se obtuvo (apoyada, además, por una política monetaria expansiva en los EEUU)  y el relacionado debilitamiento de la renta de los trabajadores, creó una masa de dinero en busca de colocación lo cual produjo la especulación financiera en los valores de empresas tecnológicas cotizadas en bolsa, primero,  y, visto su fracaso, la especulación en el único sector que quedaba: el inmobiliario. Es, por tanto, el agotamiento del modelo de crecimiento en los países desarrollados en conjunción con una tecnología específicamente hecha para poder salvar el sistema, la causa fundamental de una crisis que, al ser total, solo puede solucionarse totalmente.
Traigo aquí dos experiencias descritas por Martin Ford (aunque yo morcillee un poco, pero sin cambiar el sentido) que nos ilustran el impacto de estas tecnologías y nos ilustran sobre algo que parece obvio con estos ejemplos: la innovación tecnológica que se está produciendo agrava la crisis económica y humana. Hay que cambiar la estrategia tecnológica y hacerla útil a unos fines de mayor igualdad y estabilidad. Pero para hablar de eso hay que dedicar más tiempo y espacio.
Ahora os paso con Martin Ford en un análisis del sector servicios, más concretamente el de comida rápida, y en una reflexión sobre China. Creo que sus observaciones sugerentes.

Robótica en la comida rápida- Una puesta al día

Martin FordEconfuture1 Oct, 2012

En junio pasado, escribí un post que sugería que la automatización de comida rápida podría tener un gran  impacto  en los  empleos de bajos salarios.

Millones de personas tienen salarios bajos, a menudo a tiempo parcial, en  puestos de trabajo situados en  la industria de  comida rápida. Históricamente, los bajos salarios, los pocos beneficios y una alta tasa de rotación, han contribuido a que se abran muchos pequeños negocios  de comida rápida. Estos trabajos, junto con otros puestos de baja cualificación en el comercio minorista, proporcionan una especie de red de seguridad para los trabajadores con pocas opciones de empleo.

Por Jürgen HABERMAS

Ofrecemos a continuación la traducción de un artículo del filósofo Jurgen Habermas acerca de la actual situación en Europa. Desde una perspectiva filosófica del derecho, el profesor Habermas analiza los actuales problemas en la Unión europea que están dañando la soberanía de los estados y la voluntad democrática de los ciudadanos. O dictadura de mercados o mayor soberanía a las instancias políticas europeas, es decir, a la Unión europea. Mientras la política se somete a los imperativos del mercado tomando nota del aumento de la desigualdad social, los mecanismos sistémicos se sustraen cada vez más a la influencia intencional del derecho democráticamente establecido. No se podrá anular esta tendencia—si alguna vez es posible— sin acometer la construcción de una verdadera Unión política europea.

Hoy las necesidades económicas nos sitúan ante la alternativa de dañar irreparablemente la Unión europea o reforzarla.

¿Dañar, con el abandono de la moneda común, el proyecto de unión europea concebido tras la guerra o hacer progresar la unión política —sobre todo en la eurozona— legitimando democráticamente las transferencias de competencias más allá de las fronteras nacionales? No se puede evitar una cosa sin querer la otra.

Consideremos en primer lugar el trasfondo histórico. Para una República Federal Alemana con la pesada carga moral y política que soporta, el impulso de la unificación europea era recomendable por razones de inteligencia política, para poder recuperar la reputación internacional destruida con sus propias manos. A su vez, la inclusión en Europa ha sido el contexto en el que se ha formado su autocomprensión liberal la República Federal. Sobre esta base, tras la reunificación (con 17 millones de ciudadanos provenientes de otra socialización política) se ha instaurado la costumbre de una cierta normalidad de Estado nacional. Ahora ésta es desafiada. El eco del papel-guía que por motivos demográficos y económicos toca hoy a la RFA no sólo despierta espectros históricos sino que implica también para nosotros la tentación de un bricolaje nacional. La respuesta a todo esto ha sido el mantenimiento de la política de cauta cooperación practicada en la vieja República Federal: “Alemania en Europa”.

Hace unos meses publicamos en este blog la traducción de un artículo de Zygmunt Bauman sobre la globalización: El futuro entre mercado y naciones-estado. Haciendo zapping por la prensa europea nos topamos ahora con esta entrevista al sociólogo polaco realizada hace tres días. Aunque repite algunas de sus ideas ya formuladas en aquel artículo creemos interesante publicar la traducción de esta entrevista por algunas reflexiones paralelas que contiene.

J.A.

«La razón de esta crisis, que al menos desde hace cinco años afecta a todas las democracia y a sus instituciones y que no se sabe cuándo ni cómo acabará, es el divorcio entre la política y el poder ». Zygmunt Bauman no se anda con rodeos. No por casualidad posee el don de lo que Charles Wrigt Mills llamaba la imaginación sociológica, la capacidad de condensar en una frase, en una idea, la realidad de toda una época, y el gran estudioso polaco lo ha conseguido con su metáfora de la “Vida líquida” y de la “Modernidad líquida” (¿qué hay más inaprensible o evasivo que el agua y sus flujos?) para describir con genial claridad la precariedad y la inestabilidad de la sociedad contemporánea.

Él, líquido no lo es en absoluto; más bien es un hombre de hierro, un octogenario que da vueltas por el mundo sin descanso (¡viaja en torno a cien días al año entre conferencias y debates!). En esta ocasión lo tenemos en Mantua donde ha intervenido en el marco de Festivaletteratura en un debate sobre educación. No hay signos de cansancio en su austero físico o en el enjuto y marcado rostro reavivado por ojos centelleantes, mientras habla en una sala de la Logia del Grano unos días después de la publicación italiana de su nuevo libro Cose que abbiamo in comune (Cosas que tenemos en común), editado por Laterza.

Por Zygmunt BAUMAN

Zygmunt Bauman. Foto UOC_Universitat

Si el debate sobre el modelo de una sociedad justa ha perdido mucho de su fervor y de su impulso, se debe principalmente a la falta de un sujeto creíble capaz de actuar con la voluntad y la capacidad necesarias para llevar a cabo ese proyecto. Todo viene del divorcio cada vez más evidente entre el poder -el poder para llevar a la práctica un proyecto- y la política -la capacidad de decidir qué hacer o no hacer. Como resultado de la globalización, estas dos facultades, unidas durante varios siglos en el Estado-nación, tienen hoy día dos ubicaciones diferentes: para utilizar los términos de Manuel Castells, el «espacio de flujos» y el espacio de «lugares». El poder ha transmigrado en gran medida del Estado-nación a un espacio transnacional global.

En cambio, la política es aún hoy local, relegada a los confines  de la soberanía territorial de los Estados. Nos encontramos frente a dos tipos de poder: por un lado, el primero, libre y fluctuante, fuera de cualquier orientación o supervisión política, y por otro, el de los organismos políticos, limitados y ligados al territorio, mortificados además por un déficit permanente de poder. Los primeros, los «grandes poderes» tienen, como sospechamos, sus buenas razones para no estar interesados ni dispuestos a reformar el statu quo. Mientras que los segundos serían incapaces de emprender y menos aún de llevar a buen término una reforma por más deseada que esta fuese.