Por Alain FRACHON

Probable candidato a la nominación republicana para las elecciones presidenciales de 2016, el americano Mario Rubio repite al periodista el edificante cuento de hadas de su infancia en Miami. El senador de Florida lo cambia un poco según el público pero, en esencia, trata de la historia de una familia de inmigrantes cubanos que, a fuerza de trabajar y de privaciones, envía a sus hijos a la universidad. Y estos alcanzarán así en los años 70 los niveles de la clase media, corazón mítico de América.

Hoy eso ya no es posible, observa el senador. Con sus salarios, él, de camarero, y ella, de oficinista en un hotel, sus padres terminaron perteneciendo a dicha clase media y pagando los estudios a sus hijos. Con los mismos oficios en 2014 ellos no tendrían posibilidad de hacerlo igual, no ganarían lo suficiente. El “sueño americano” ha pasado a estar “fuera de su alcance”, ha dicho Rubio durante los actos de las ceremonias del 50 aniversario de la “Guerra contra la pobreza”, lanzada por el presidente Lyndon Johnson en enero de 1964.

Por Javier ARISTU

De un tiempo a esta parte los medios de comunicación vuelven a incluir en sus primeras páginas noticias relacionadas con la inmigración. Generalmente a partir de accidentes o acontecimientos donde la muerte —del inmigrante— está presente. Lo más reciente lo hemos visto en Lampedusa, la isla italiana más meridional, donde el pasado octubre decenas de polizones procedentes de África perecieron cerca de su costa. Fue una tragedia que sacudió las conciencias y motivó, una vez más, una reflexión sobre las políticas migratorias que Europa gestiona. Pero a veces no son necesarias las muertes para que la primera plana salte de nuevo con el asunto. Sólo hace falta que un ministro del Interior francés, de apellido catalán Valls, y de carnet socialista, se dedique a expulsar del país a rumanos, separando además a la familia, aunque esa niña rumana esté perfectamente integrada en la sociedad, asista a sus escuelas normalizadoras y hable perfectamente francés. O bien tampoco hace falta que muera nadie para que sepamos que en el Reino unido, el país pionero de las libertades civiles, se impide, vulnerando la política europea firmada por ellos mismos y la carta de derechos humanos, firmada por sus gobiernos, que los ciudadanos europeos de origen rumano o búlgaro puedan trabajar en ese país. Son “europeos” pero no pueden trabajar en Europa con los mismos derechos que los demás. Y, finalmente por ahora, la noticia vuelve a saltar cuando a un gobierno español se le ocurre colocar una valla de cuchillas cortantes —las ya famosas “concertinas disuasorias”— pensando que de esa forma va a frenar la llegada de africanos a nuestro país.