Por Abdenour BIDAR

Querido mundo musulmán, soy uno de tus hijos alejados que te mira desde fuera y de lejos -desde este país que es Francia, donde tantos de tus hijos viven hoy. Yo te miro con mis ojos severos de filósofo alimentado desde su infancia por el tacawwuf (sufismo) y por el pensamiento occidental. ¡Yo te miro  pues desde  a partir de mi posición de barzakh, de istmo entre los dos mares de Oriente y de Occidente!

Y ¿qué es lo que veo? ¿qué es lo que yo veo mejor que otros  sin duda  porque justamente yo te miro de lejos, con el alejamiento de la distancia? Yo te veo en un estado de miseria y de sufrimiento que me vuelve infinitamente triste, pero que me vuelve todavía más severo mi pensamiento de filósofo. Porque yo te veo dando a luz un monstruo que pretende llamarse Estado Islámico y al que algunos prefieren dar un nombre de demonio: DAESH. Pero lo peor es que yo te veo perderte- perder tu tiempo y tu honor- en la negativa de reconocer que este monstruo ha nacido de ti, de tus vagabundeos, de tus contradicciones, de tu des-cuartizamiento entre pasado y presente, de tu incapacidad demasiado duradera para encontrar tu lugar en la civilización humana.

En efecto, ¿qué dices frente a este monstruo? Tú gritas “¡Este no soy yo!”, “ Esto no es el Islam”. Tú rechazas que los crímenes de este monstruo sean cometidos en tu nombre (hash-tag:”Not In My Name= No en mi nombre”). Tú te sublevas porque el monstruo usurpa tu identidad, y por supuesto tienes razón de hacerlo. Es indispensable que ante el mundo proclames así, alto y fuerte, que el islam denuncia la barbarie. ¡Pero es completamente insuficiente! Porque tú te refugias en el reflejo de la autodefensa sin asumir también y sobre todo la responsabilidad de la autocrítica. Te contentas con indignarte cuando este momento hubiese sido una ocasión histórica de volver a ponerse en cuestión.¿Y tú acusas en lugar de tomar tu propia responsabilidad: “Parad, vosotros los occidentales y todos vosotros los enemigos del islam, de asociarnos a este monstruo! ¡ El terrorismo no es el islam, el verdadero islam, el buen islam que no quiere la guerra sino la paz!”.

Por Francesco CANCELLATO y Marcello ESPOSITO

Para Nadia Urbinati la violencia de hoy es la furia de los derrotados. ¿La causa? La capitulación de la política.

nadiaPara quien no la conoce, bastaría decir que Nadia Urbinati, nacida en Rimini, es titular de la prestigiosa cátedra de ciencias políticas en la Universidad Columbia de Nueva York. O que fue premiada en 2008 con el título de Comendador al Mérito de la República Italiana, por “haber dado una contribución significativa a la profundización del pensamiento democrático y a la promoción de escritos de la tradición liberal y democrática italiana en el extranjero”. Pocos mejor que ella pueden ofrecernos instrumentos para interpretar cuidadosamente lo que está ocurriendo en esta difícil fase de la historia que, esperando que sea pasajera, seguimos llamando crisis. Y que cuanto más pasa el tiempo más frustración, desilusión y rabia genera.

 Profesora Urbinati, las recientes cargas policiales  contra los obreros de la Thyssen, los choques de Tor Sapienza, la agresión a Salvini [dirigente de la Liga Nord], el asalto a la sede del Partido Democrático en Milán, así como otras muchas protestas en la calle a lo largo de estas últimas semanas… ¿cuál es su lectura de tantos episodios de rabia y violencia durante este reciente periodo?

 No hay nada aparentemente que los una; son hechos independientes unos de los otros, protagonizados por sujetos que representan problemas específicos. Sin embargo, cada uno de ellos, además de denunciar un problema, pone el dedo sobre una política que no es capaz de resolverlo.

 ¿Es acaso la actual política impotente como nunca ?

 Podríamos decir que la tensión es la señal de que el compromiso entre trabajo y capital se ha roto; compromiso que, tras la segunda guerra mundial, acompañó al nacimiento de las democracias europeas. En el interior de este contexto, el del Estado-nación, capital y trabajo eran dos actores sociales bien organizados y protagonistas de una negociación que no podía perderse.

 Después llegó la globalización…

 Llegó también el fin de la Guerra Fría, que con sus Muros y sus Telones de Acero, imponía las fronteras del mundo. Mientras estas existieron sobre el mapa, fue posible en el interior de nuestro mundo que el que trabajaba plantease cuestiones y obtuviese respuestas. No era un mundo abierto. No se podía acceder a la fuerza de trabajo a coste cero del cuarto y quinto mundo. Estas fronteras -para los que permanecían dentro del primer mundo, donde había renacido la democracia- crearon, hicieron posible el control y el ejercicio del poder democrático, y el equilibrio entre clases.

Por Enrico MORETTI

La «gran divergencia» es uno de los desarrollos más importantes en la historia económica y social de la América de postguerra hasta nuestros días. La diferencia cada vez más marcada entre ciudades en lo que se refiere a nivel de desarrollo económico no es un fenómeno occidental sino el ineluctable resultado de fuerzas económicas con profundas raíces. La economía postindustrial, basada en el saber y la innovación, desarrolla una muy fuerte tendencia intrínseca hacia la aglomeración geográfica. En esta realidad, el futuro viene determinado por el pasado, y el éxito propicia posteriores éxitos mientras que el fracaso condena a otros fracasos. El término usado por los economistas norteamericanos es path-dependency. Ciudades y regiones capaces de atraer trabajadores cualificados y empresas innovadoras tienden a atraer a aquellos y a éstas cada vez más; las comunidades que no arriesgan trayendo trabajadores cualificados y empresas innovadoras, al contrario, pierden cada vez más terreno.

La creciente diferencia entre las distintas ciudades norteamericanas es importante no solo en sí mismo sino también por sus repercusiones sobre la sociedad americana.  Si bien es de naturaleza económica, la brecha está comenzando también a afectar a la identidad cultural, la salud, la estabilidad familiar e incluso a la política. El hecho de que los americanos con un elevado grado de instrucción se concentren en algunas comunidades y los menos instruidos en otras tiende a amplificar y exacerbar todas las posteriores diferencias socioeconómicas. Entre los habitantes de las distintas ciudades americanas se han producido, por ejemplo, notables diferencias en relación con las expectativas de vida, una diferencia que se ha profundizado en los últimos treinta años. Las tasas de divorcio, la criminalidad y la influencia política de las distintas comunidades se han ido también distanciándose. Son dinámicas que están reconfigurando de manera profunda la naturaleza de la sociedad americana, y que también Europa comienza a percibir de forma  creciente.

Por Manuel GÓMEZ ACOSTA

Este artículo hace referencia a la necesidad de la construcción de una estrategia industrial común a nivel europeo, que actúe como instrumento de planificación democrática, factor de innovación competitiva, motor de generación de empleo y de creación de capital humano. Es decir internacionalizar la economía europea para aumentar su presencia en la economía global. Por otra parte considera que el futuro de Europa es irrelevante desde la vertiente económica sin una estrategia energética basada en la seguridad energética, el combate contra el cambio climático y la competitividad económica. Por último, pero no lo menos importante, la construcción de Europa social debe hacerse desde el desarrollo económico y medioambiental sostenible, la oposición frontal al crecimiento desordenado y especulativo, que genera cada vez más costes sociales insoportables, en el combate contra la desigualdad y con el soporte de todos los ciudadanos europeos a partir de su participación a través de los diferentes grupos y organizaciones sociales y políticas involucrados.

 ¿Existe Europa? ¿Es posible una estrategia  industrial y energética  común?

 Mientras tanto, Europa se debate en un confuso movimiento de reconstrucción política, digestión del resultado de las últimas elecciones, nuevo Parlamento, incremento de las corrientes euroescépticas, tensiones nacionales, crecimiento de grupos anti sistemas, reivindicaciones de cambio y transparencia. Se han producido fuertes movimientos telúricos en el ámbito industrial y energético, dos vectores determinantes del escenario económico, que en muchos casos no han merecido la atención que requerían.

Durante el presente año, Europa ha sido “invadida” a través de fuertes flujos de capital de “megaempresas” transacionales que se han situado en posición de dominio en diferentes sectores estratégicos del continente, vinculados a las infraestructuras del transporte y de la energía, sectores farmacéuticos, telecomunicaciones…. Pero Europa no solo tiene la urgente necesidad de elaborar una estrategia industrial común para poder competir con los centros de poder económico exógenos a nuestro continente, sino un grave problema de seguridad energética que está condicionando su desarrollo futuro. A ello habría que añadir las repercusiones del conflicto ruso-ucraniano, que presenta dos elementos diferenciados y complementarios. Por una parte la necesidad de EE.UU. de seguir controlando Europa dificultando que la Federación Rusia pueda asumir un rol europeo; y por otra su repercusión en un área de gran trascendencia estratégica como es la geopolítica energética.

Por Alain SUPIOT

La Fundación 1 de Mayo acaba de publicar el discurso que Alain Supiot dio en noviembre de 2012 para celebrar su entrada como profesor en el Collège de France, prestigiosa institución académica francesa, con notable presencia de investigadores sociales. Con el título de Grandeza y miseria del Estado social, Alain Supiot desarrolla una exposición acerca de la situación actual del mismo, tras la crisis industrial de los años 70 del pasado siglo y en pleno caos financiero, analizando sus causas y abriendo vías y perspectivas muy interesantes de las nuevas formas de solidaridad. Recomendamos la lectura del texto completo en el sitio de la Fundación [DESCARGAR] La traducción ha sido realizada por Pedro Jiménez Manzorro y Javier Aristu Mondragón.  Mientras, ofrecemos un breve extracto del mismo.

 

Solidaridad en su sentido más amplio designa eso que solidifica a un grupo humano, sin prejuzgar la naturaleza y la composición del aglutinante que mantiene juntos a los miembros de ese grupo. Tiene así una generalidad y una neutralidad que no poseen ni la noción de caridad (y menos aún su avatar contemporáneo: el cuidado, care), ni  la de fraternidad (que reclama un ancestro mítico). Esta es la razón por la que el concepto de solidaridad, a pesar de un empleo delicado, conserva un gran valor heurístico para estudiar la condición del Estado social en el contexto de lo que, con un término tan impreciso como omnipresente, se llama globalización.

Por Javier ARISTU

Entre 2008 y 2009 una oleada de suicidios recorre la empresa France Télécom, la  sociedad reina de las telecomunicaciones en Francia. En concreto, la justicia constata que  35 trabajadores se suicidaron entre esas fechas. Previamente, entre 2006 y 2008, la empresa había despedido —en las ya famosas “reestructuraciones”— a 22.000 trabajadores y había cambiado las funciones a otros 10.000. Ante tal cúmulo de suicidios, los sindicatos protestan, la inspección de trabajo hace su informe y, finalmente, la justicia interviene: se constata el acoso laboral debido a factores como que “el grupo empresarial ha puesto en marcha métodos de gestión de personal que han dado como resultado debilitar psicológicamente a los asalariados y ha afectado a su salud física y mental”. La investigación judicial llegó hasta su máximo ejecutivo, Didier Lombard, el consejero delegado. Este, ante este drama nacional —porque 35 suicidios de trabajadores de una empresa puede ser calificado de drama si no tragedia— declaró: “Soy consciente de que los trastornos que ha sufrido la empresa han podido provocar trastornos o problemas. Pero rechazo fuertemente que estos planes indispensables para la supervivencia de la empresa hayan podido ser la causa de los dramas humanos citados como apoyo de las denuncias judiciales”. Tras estas palabras, la incógnita que nos queda por aclarar es ¿se suicidaron esos 35 trabajadores por amor? Sabemos que Monsieur Lombard tuvo que dejar su puesto en 2010.  Para conocer un análisis más a fondo de este caso puede consultarse el trabajo de Pino Ferraris en Francia – I suicidi sul posto di lavoro,  traducción  a cargo de la Escuela de Traductores de Parapanda (ETP), con sede en Pineda de Mar.

Por Gaël BRUSTIER et Jean-Philippe HUELIN

¿Por qué en toda Europa los partidos de izquierda se muestran impotentes para capitalizar la mayor crisis desde la segunda guerra mundial? Esta es la cuestión que se plantean dos socialistas franceses, Gaël Brustier et Jean-Philippe Huelin, que ya en su libro publicado en 2011 Voyage au but de la droit (Viaje al fin de la derecha, ed. Mille et Une Nuits) desarrollaban este  asunto. A continuación reproducimos un extracto de la introducción a dicho libro.

Hemos asistido al nacimiento de una burguesía financiera transnacional  despegada de aquellas preocupaciones que fueron las de la burguesía nacional industrial. Y este fenómeno, observable en Francia, atraviesa toda Europa. En consecuencia, la geografía social de nuestro país ha cambiado también, pero es sobre todo a nivel de las ideas, de las representaciones colectivas,  de las organizaciones políticas y de la vida intelectual donde la mutación se ha dejado notar. Cuando investigamos el movimiento de las ideas, y los movimientos electorales, al recorrer el paisaje político europeo y occidental, nos interesa comprender el fenómeno de derechización que parece actuar como un torbellino político y afectar, una tras otra, todas las sociedades occidentales. ¿Quién ha sido el más afectado electoralmente? ¡Las socialdemocracias!  En cuanto la crisis da una oportunidad a las izquierdas occidentales la protesta pasa a la derecha! Para comprender el sorprendente movimiento de derechización de las sociedades occidentales, y en particular el de Francia, no hace falta convocar a una improbable batalla de «la modernidad» contra los enemigos encarnados por «la derecha».

 Le Nouvel Observateur: Usted acaba de publicar un resumen de «El capital en el siglo XXI». Es tanto un libro de historia como de economía, en el que usted escribe también que Balzac o Jane Austen describen fielmente los problemas del reparto de la riqueza y el patrimonio. ¿Es esta una forma de decir que la economía es incapaz de suministrar por sí sola las buenas respuestas al estudio del capital?

Thomas Piketty: Sí, por supuesto. En ese libro trato de escribir la historia del capital desde el siglo XVIII, y de sacar las lecciones para el futuro. Para conseguir algunos progresos en cuestión tan compleja es evidente que hay que proceder con pragmatismo y utilizar métodos y enfoques propios de los historiadores, de los sociólogos y de los politólogos más que de los economistas. En ese trabajo, primero busqué reunir la serie más completa posible de fuentes históricas sobre la dinámica de los ingresos y patrimonios, relativa a tres siglos y más de veinte países. Eso me permitió retomar el hilo de las grandes controversias sobre estas cuestiones, desde Marx a Kuznets, pasando por Malthus y Leroy-Beaulieu, pero con muchos más datos.

Por Javier ARISTU

Carlos París falleció el pasado fin de semana. Con él desaparece una figura muy importante de la filosofía española y de la generación de intelectuales españoles que desde el temprano franquismo intentaron reencontrar zonas de contacto con  el pensamiento anterior, el de la república, y con  el europeo. Carlos París, nacido en 1925, vive sus primeros años escolares en la II República pero tendrá que pasar por la universidad franquista, por aquella facultad de Filosofía y letras donde, según nos cuenta, el escolasticismo y el dogmatismo anacrónico debían campar por sus respetos. París simboliza, como otras figuras ya muertas y otras todavía afortunadamente en nuestra presencia, esa generación, o esas generaciones, que no tuvieron la posibilidad de crear su pensamiento en plena libertad y democracia. Fueron generaciones de resistencia, de dura resistencia frente a la intolerancia, la dictadura y la represión. Y así y todo crearon pensamiento que permanecerá por mucho tiempo.