Por Javier ARISTU

¿Es posible volver a situar la política en el centro de la actividad social?

La pregunta parece contradictoria con lo que realmente parece estar ocurriendo dado que las noticias imperantes hoy en las cabeceras de los medios, en los círculos de las redes sociales y en las conversaciones de la gente es la crítica de la política. Como si esta, la política, estuviera marcando la vida de nuestras sociedades. Y, sin embargo, la política está siendo arrinconada por otros tipos de actividades y dedicaciones. Trataré de explicarme a partir de algunos ejemplos que he venido observando en las últimas semanas.

Por Carlos ARENAS POSADAS

En 1980, Ronald Reagan fue elegido presidente de los Estados Unidos de América; su popularidad como político no se debía tanto a su mediocre carrera como actor de películas de serie B, como a su eficaz aparición como anunciante de crecepelos en la televisión. 36 años después, el más devoto de los clientes de Reagan, Donald Trump, ha llegado a la Casa Blanca. Ha usado para ello el mismo poderoso influjo de los medios, esparciendo a la población  el mismo contenido basura que consume cotidianamente en el plasma del saloncito: machismo, xenofobia, discriminación, amenazas, populismo del barato, etc., etc.

Que  toda esa infamia no era más que la carnaza que se le echa a los perros para que laman tu mano, lo demuestra el discurso que acabo de oírle como futuro presidente: la acritud ha dado paso a la bonhomía, la agresividad en el tono al sosiego  y la xenofobia a la unidad de todos los integrantes de la nación americana.  ¡U.S.A! coreaban los presentes en la sala de celebraciones ante la promesa de que la nación americana volverá a pesar en el mundo, de que construirá escuelas y hospitales aunque no se sabe cómo si todos los contribuyentes siguen su ejemplo de evadir impuestos.

Por Javier VELASCO MANCEBO

Un juicio se realiza con la base de muchas ideas. Las ideas en que se basan los juicios deben ser muchas y verdaderas, nunca falsas. Desde que el mercado impera en  nuestras vidas, los juicios adolecen de poca calidad. Los juicios solo necesitan que sean aceptados por el mercado y que se incorporen al llamado sentido común, que, como podemos observar en muchos casos, puede ser un sentido falso, que no se apoya en ideas verdaderas. Lo mismo pasa con los juicios que se producen en el periodismo y en la televisión y, por supuesto, en el mundo político, empresarial o científico; en este último caso, los objetivos de investigación están sometidos, en la mayoría de los casos, al sentido común liberal y competitivo. La confusión con términos como tecnología, innovación, investigación, excelencia, etc., son un ejemplo del desconcierto que subyace en el forcejeo que existe por imponer una precisa interpretación de la realidad.

Entrevista a Luciano Gallino

Luciano Gallino es un sociólogo italiano de primera línea, especializado en asuntos del trabajo. Hace unos meses publicó en Italia un libro muy comentado, Vite rinviate. Lo scandalo del lavoro precario (Vidas aplazadas. El escándalo del trabajo precario, ed. Laterza, 2014) donde analiza los fenómenos que están modificando la naturaleza del trabajo en nuestras sociedades y cambiando la relación de las personas con el mismo y de estas entre sí. Es un libro de combate en el que denuncia la mistificación que la ideología neoliberal hace de la llamada “flexibilidad laboral” como solución mágica al desempleo. Lo que viene a continuación es el extracto de una entrevista hecha al profesor Gallino en el acto de presentación de su libro en Turín.

Pregunta: Profesor Gallino, ¿por qué Vidas aplazadas?

Luciano GALLINO: Porque quien, por alguna razón, por propia elección o por mala suerte, se encuentra con que tiene que trabajar con una larga serie de contratos de corta duración, está obligado a aplazar continuamente decisiones importantes como comprar una casa, tener un hijo o establecerse en una ciudad en vez de en otra. Cuando uno se acerca a los cuarenta o se pasa de esos años se da cuenta de que, prórroga  tras prórroga, toda la vida ha sido aplazada a un futuro que no se sabe ya qué forma adquirirá.

Por Roger MARTELLI

 

Para comenzar: no sirve de nada descubrir la luna. ¿La Unión europea está dominada por el liberalismo, “ultra” o “social”? Se sabe desde hace tiempo. ¿No es un espacio democrático sino el terreno por excelencia de la gobernanza? Hermoso descubrimiento. ¿Está desde su fundación estructurada por el capital, es hija de la guerra fría y de la hegemonía americana? ¡Ajá! ¿Sus promotores han querido siempre  hacer de ella un instrumento contra la transformación radical de las sociedades? Ya es hora de darse cuenta. ¿Los actuales líderes de la Unión, es decir, los responsables de los Estados nacionales, han decidido ir hasta el final de su lógica competitiva, desreguladora, tecnocrática y securitaria? Los que hemos conocido el referéndum francés de 2005 y sus consecuencias no necesitábamos este verano para saberlo.

Que por tanto dejen de repetir hasta la saciedad que aquellos que, desde hace años luchan por otra Europa viven en la ilusión de que el marco europeo actual es reformable sin tocar los mecanismos fundamentales. O bien hay que añadir que todos los que luchan dentro de cualquier institución, sea cual sea, comparten la ingenua convicción de que las sociedades de explotación y dominación en la que ellos trabajan pueden transformarse sin cuestionar las lógicas fundamentales que las rigen. Ahora bien, querer actuar dentro de un sistema no significa plegarse ante sus “coacciones”.

Por Javier ARISTU

Me fui de vacaciones y existía Europa, vuelvo de las mismas y Europa ha dejado de existir.

Así lo deduzco tras leer algunos artículos y entrevistas de diversos y distintos dirigentes y líderes de la izquierda llamada radical o alternativa. Europa ya no es terreno de contraste político y social, el marco de la Unión no merece que “la verdadera izquierda” esté en la misma. Salgámonos y creemos, fuera de Europa, la mejor de las sociedades posibles. Antes el horizonte se llamaba Grecia, Syriza y Tsipras. Ahora esos nombres son malditos, nos han traicionado, han tirado por la borda el encargo que desde nuestros países les habíamos asignado a los griegos: resistir, resistir, resistir, incluso a costa de sus propias vidas, pensiones y patrimonios. El antes revolucionario Tsipras ha pasado a ser un  traidor transformándose en el camino en un reformista de medio pelo. Un economista inteligente pero sin ninguna experiencia política llamado Varoufakis ha pasado a ser el nuevo referente de esa izquierda que sin querer nunca gobernar dice cómo hay que gobernar. Varoufakis es recibido de fiesta por un personaje tan indefinible como el ex ministro socialista francés Montebourg. Oskar Lafontaine, un histórico de la socialdemocracia alemana y líder espiritual de la izquierda alternativa de ese país, proclama que hay que romper el euro y volver a un “sistema de monedas europeo” y devolver a las naciones-estado su soberanía. Owen Jones, otra joven esperanza blanca de la izquierda británica (y magnífico ensayista y polemista, por cierto) proclama la necesidad de que la izquierda laborista británica lidere el abandono de la Unión. Garzón, nuestro líder del 4 por ciento, dice que había otras alternativas a lo hecho por Syriza en Grecia. Como la canción de Mina: parole, parole, parole…

Por Tom ANGIER

[Traducimos el siguiente texto de Tom Angier porque, a pesar de estar centrado especialmente en la sociedad británica, aporta algunas reflexiones interesantes sobre la crisis de la izquierda europea. El autor cree que se han abandonado los ámbitos tradicionales de la reflexión y la actividad de la izquierda, como son los estrictamente sociales y de clase, por otros denominados “de identidades” (especialmente los relacionados con las culturas y etnias, los de género y otros): ello ha provocado un colapso en la cultura de izquierda y un abandono de los tradicionales votantes de los partidos socialdemócratas. Frente a planteamientos “policiales y de seguridad” —como el reciente acuerdo antiterrorista del PP/PSOE— ante el reto del Islamismo radical, Angier plantea la necesidad y urgencia de reconstruir una política social europea que pueda resolver los problemas de marginación, pobreza y desigualdad que estarían en el fondo de esa amenaza.]

Con el ascenso de los partidos europeos de extrema derecha y de la izquierda radical los partidos socialdemócratas se enfrentan al reto de conservar su apoyo electoral en varios países de Europa. El primer problema con el que se encuentran los socialdemócratas es que ya no son tan atractivos en los distritos  tradicionales y entre las organizaciones que previamente habían servido para asentar su presencia en las comunidades, tales como sindicatos y cooperativas. Solo volviendo a sus prioridades tradicionales pueden los socialdemócratas tener la esperanza de que este declive se detenga.

Europa se encuentra en dificultades. Esto es evidente en el plano puramente político, en el que el proyecto de la UE provoca la indiferencia o la hostilidad por parte de un número cada vez mayor de los ciudadanos europeos, y la afiliación de los principales partidos ha descendido precipitadamente desde 1980. Es evidente en el plano económico, donde la riqueza se concentra en un pequeño número de manos, manos que no parecen estar unidas a ninguna nación o lugar en particular. Y es evidente a nivel de la sociedad civil donde el tejido social se está desarticulando, entre otras razones por el temor al Islam político, temor que no es atenuado por aquellos que lo reducen, de manera condescendiente, a una forma de locura o “fobia”.