Por Bruno ESTRADA

La encuesta del CIS con la que se inauguró el  viernes la campaña electoral en Galicia esconde más de lo que muestra. El titular ofrecido por los medios de comunicación en base a los datos del CIS ha sido concluyente: “El Partido Popular  mantiene el gobieno en Galicia con 38 diputados”, sobre un total de 75. Esto, de ser cierto el día 21 de octubre, tendría indudables efectos en el conjunto de la actividad política en España. El PP interpretaría estos resultados como un aval a sus políticas de recortes, se paralizaría el creciente cuestionamiento interno a Mariano Rajoy, pero, lo que es más grave, dejaría a la ciudadanía en general, y en particular a las organizaciones sociales y sindicales que están liderando el rechazo a las suicidas políticas de recortes de derechos, a los pies de los caballos, que están demoliendo a coces el Estado del Bienestar y de paso arrasando con elementos básicos de la convivencia democrática. La izquierda política sumaría una derrota más, pero parece que eso no altera demasiado a sus actuales dirigentes, encantados de haberse conocido.

Pero un análisis más en detalle de los datos provinciales que ofrece el CIS, donde se asignan los escaños, permite tener una visión más optimista. La supuesta mayoría absoluta del PP gallego depende tan solo de un escaño. Las circunscripciones de Orense y Lugo no parece que vayan a modificar su distribución de escaños entre derecha e izquierda, dado el escaso número de diputados a repartir entre ellas, 14 y 15 respectivamente. Aunque como todo el mundo sabe están sobrerrepresentadas, un diputado autonómico en estas dos provincias se obtiene, aproximadamente, con un 40% de votos menos que los obtenidos en A Coruña y Pontevedra.