Por Gaël Brustier

El balance de las últimas elecciones municipales en Francia es catastrófico para la izquierda. Se desprende de ellas la evidencia siguiente: cada vez es mayor la impotencia de las izquierdas para hacerse elegir, y todavía más para imponer una agenda propia o para luchar contra las representaciones colectivas de la derecha. Los resultados de las elecciones municipales francesas (¡y de las holandesas!) de este mes de marzo lo demuestran.

 Las izquierdas francesas y europeas – radicales o socialdemócratas – hablan de políticas públicas y de buena gestión, mientras las derechas recurren a un universo propio de imágenes, símbolos y representaciones. A nadie puede sorprender, por tanto, que el «socialismo municipal» haya sido laminado por la ola derechista del pasado domingo. Aunque la actividad económica sigue presente en el núcleo de las recomposiciones del imaginario colectivo, éste integra muchas otras dimensiones, incluidas cuestiones cívicas y culturales. Estas dimensiones trascienden la oposición entre lo social y lo societario.