Por Javier ARISTU

Hablaba ayer de las elecciones municipales y autonómicas en España y comentaba sus resultados. Hoy toca hacerlo respecto de las elecciones europeas celebradas el mismo 26 de mayo. Elecciones europeas, en España y en toda Europa, destinadas a renovar los 751 escaños de su parlamento, y que se han desarrollado simultáneamente en los 27 estados.

Por Guillaume DUVAL

«No son concebibles nuevas negociaciones», opinaba Sigmar Gabriel, vicecanciller de Alemania y presidente del SPD, el partido social-demócrata socio de los cristianos demócratas en el gobierno presidido por Angela Merkel, tras la victoria masiva del no en el referéndum griego del pasado 5 de julio. «Ni mil millones más para Grecia», titulaba el martes siguiente el gran diario popular Bild  acompañado de una imagen de Merkel con un casco prusiano donde le pedía que actuara como una «canciller de hierro» frente al gobierno de Tsipras.

El referéndum ha llevado al paroxismo los sentimientos anti-griegos que frecuentemente se venían expresando en la política y en los medios alemanes desde hace largos meses. Las profundamente irracionales reacciones que suscita esta crisis en el otro lado del Rhin son, más allá de la cuestión griega, el síntoma de  la gran dificultad de Alemania para encontrar su lugar en el seno de una Europa cooperativa y solidaria. Una dificultad que podría seguramente ser fatal para el mismo proyecto europeo. Si queremos superarla hay que entender los resortes de la misma. Explicación en tres tiempos.

Por Javier ARISTU

  1. Europa, Europa. Casi todo el mundo habla en estos días —bueno, se habla desde hace bastantes meses— del fracaso de Europa como proyecto político de unidad. Algunos dicen que la crisis de la moneda única puede estar llevando al proyecto de Unión Europea al fracaso. Angela Merkel decía en 2012 que “si el euro fracasa, fracasa Europa”. Y en esas estamos. Lo que sin duda ha sido una de las iniciativas más sugerentes y originales de la historia política de los últimos cincuenta años está a un tris de terminar sus días, o al menos de quedar golpeada y tocada durante muchos años. La crisis financiera y el cambio económico global puede significar un golpe decisivo para este proyecto. Es muy recomendable la lectura del libro de Perry Anderson, El Viejo Nuevo Mundo, por el análisis que hace de esa construcción atípica de un proyecto transnacional, y al calor del referéndum griego el politólogo francés Gaël Brustier ha desarrollado en estos días en el diario digital Slate un interesante estudio sobre el actual choque de soberanías.

         Pero hablemos en pocas palabras de la responsabilidad que la izquierda europea ha podido tener en esta situación actual. No vale solo con achacar a los banqueros y los poderes económicos internacionales la responsabilidad de esta crisis europea. La Europa de los mercaderes ha sido seguramente una de las frases más repetidas en las filas de la izquierda pero no sabemos todavía cómo construir esa Europa social que tampoco se sabe muy bien qué quiere significar.