Por Thomas PIKETTY

¿Debemos tirar a la hoguera el Mayo del 68? Según sus detractores, el espíritu de mayo habría contribuido al triunfo del individualismo, por no decir del ultraliberalismo. Pero son tesis que no resisten un análisis riguroso. El movimiento de Mayo del 68, por el contrario, supuso el inicio de un periodo histórico de fortísima reducción de las desigualdades sociales en Francia que posteriormente perdió impulso por razones diversas. La pregunta es importante porque condiciona el futuro.

Por Michel AGLIETTA y Nicolas LERON

Desde su entrada en el Elíseo, Emmanuel Macron se ha encontrado sobre la mesa de su despacho con la cuestión que ha venido obsesionando a sus predecesores: ¿Cómo actuar con Alemania? Esta cuestión se convierte hoy en claramente política al estar en trance de desaparecer la protección de Europa bajo hegemonía americana. Esto es lo que parece haber comprendido el presidente francés, a tenor de sus primeros pasos en la escena europea; a su vez la canciller alemana da señales de apertura ante las propuestas francesas de un ministro de finanzas y de un presupuesto de la zona euro.

Por Santiago CARRILLO MENÉNDEZ

Sin lugar a dudas, estas elecciones presidenciales han sido el primer acto de un proceso que concluirá con las legislativas de junio y que convendrá analizar una vez haya concluido. Algunas enseñanzas/conclusiones se pueden sacar de este primer acto que ha venido a sancionar la descomposición del sistema político francés. Soplan vientos preocupantes, no solo en Francia, que tienen que ver con los profundos cambios sociales que han ido transformando nuestras sociedades, dejando a un lado sectores cada vez más importantes de las mismas que se sienten abandonados y perjudicados por el sistema.

Por José GARCÍA GARCÍA

“Una vida francesa no tiene más valor que la de un niño en Palestina, Siria o Irak” (Frederick Kanuté).

Estas palabras, puede que para algunos no sean políticamente correctas. Arguyendo que es necesaria la unidad de los demócratas, que no deben de surgir fisuras contra la barbarie, que lo único importante es acabar con los asesinos.

Pero ¿a que jugamos? ¿Por qué seguir ocultando la verdad? o ¿es que lo cotidiano, a fuerza de serlo, no produce dolor? Sinceramente considero que todo es un continuo y calculado ejercicio de hipocresía. Y vuelvo a referenciarme en Kanuté, “Si no ocurre en América o Europa, es como si no pasara”.

No quisiera extenderme ya que es mucho lo que se escribe, pero si dejar claro dos conceptos para que nadie trate de manipular lo que quiero expresar con mi opinión. Uno, vaya por delante la condena enérgica a todo acto criminal que suponen los atentados terroristas, que causan víctimas inocentes y muestran una crueldad que no tiene justificación alguna. Y dos, la solidaridad con el dolor y el sufrimiento de las víctimas y con los ciudadanos y ciudadanas que se vieron involucrados en los sucesos.

Por Gérard SEBAOUN, diputado socialista en la Asamblea francesa.

Nadie negará la gravedad de la situación tras los atentados innobles y asesinos del viernes 13 de noviembre en el corazón de París y Saint-Denis. Los asesinos estaban decididos a matar y a morir. Su fanatismo escalofriante aterroriza a todos los que quieren vivir en paz en nuestro suelo.

¿Subestimó el gobierno la amenaza como rumorea la derecha? No lo creo de ningún modo, estaba alerta por los servicios de información y el Primer ministro había aludido poco antes del drama al riesgo máximo de nuevos atentados.

¿Eran estos evitables? No hay evidencia de ello, el riesgo cero no existe.

Por Javier FLORES FERNÁNDEZ-VIAGAS

            He leído recientemente Sumisión, la polémica novela de Michel Houellebecq que se presentaba en París a principios de este año, justo el día en que se produjo el sangriento ataque terrorista contra Charlie Hebdo. Una novela cautivadora que se lee de una sentada y refleja la agonía del hombre postmoderno. Marine Le Pen, mucho más inteligente que su padre, ha sabido rodearse de unos compañeros de viaje capaces de influir en la sociedad de un modo determinante, protagonizando escándalos, abriendo debates, creando opinión…

            Los planteamientos políticos propuestos por Houellebecq en Sumisión son una proyección de las falacias que el Frente Nacional y Riposte Laïque (su correa de transmisión) jamás se han cansado de repetir, a saber: un supuesto proceso de aculturación promovido por las autoridades republicanas, con la pretensión de islamizar el país, y un conflicto civil latente que se presenta como consecuencia de ello. Falacias, sí, pero con ellas han logrado ofrecer a los franceses un relato de lo sucedido en las últimas décadas, del que surgen toda una serie de propuestas que conforman su novedoso programa político. Precisamente en un tiempo en que la ciudadanía necesita, ¡más que nunca!, un relato que explique lo sucedido.