Por Luciana CASTELLINA

No soy griega y por eso este domingo no voto. Mucho menos estoy autorizada a sugerir a los griegos qué deben votar. Pero no se me ocurre decir que esta abstención deriva de que estos son asuntos que no tienen que ver conmigo. Si hace un año fuimos tantos los que nos reencontramos para defender (mejor, construir) una lista que se llamó «Otra Europa con Tsipras» no fue por causa de una extravagancia de modernos, porque Syriza estaba ganando y nosotros en Italia no. Fue porque comprendimos que el partido que Alexis estaba jugando con los monstruos del euro capitalismo era también nuestro partido.

Por esto hoy, al menos de forma virtual, votamos también nosotros. El cómo termine el asunto griego incumbe a todos los europeos. Porque el gobierno de Syriza ha abierto, finalmente, un contencioso de carácter general sobre lo que debe ser o no debe ser la Unión Europea, un asunto que está destinado a marcar nuestro futuro y por tanto a todos nos importa.

Por Guillaume DUVAL

«No son concebibles nuevas negociaciones», opinaba Sigmar Gabriel, vicecanciller de Alemania y presidente del SPD, el partido social-demócrata socio de los cristianos demócratas en el gobierno presidido por Angela Merkel, tras la victoria masiva del no en el referéndum griego del pasado 5 de julio. «Ni mil millones más para Grecia», titulaba el martes siguiente el gran diario popular Bild  acompañado de una imagen de Merkel con un casco prusiano donde le pedía que actuara como una «canciller de hierro» frente al gobierno de Tsipras.

El referéndum ha llevado al paroxismo los sentimientos anti-griegos que frecuentemente se venían expresando en la política y en los medios alemanes desde hace largos meses. Las profundamente irracionales reacciones que suscita esta crisis en el otro lado del Rhin son, más allá de la cuestión griega, el síntoma de  la gran dificultad de Alemania para encontrar su lugar en el seno de una Europa cooperativa y solidaria. Una dificultad que podría seguramente ser fatal para el mismo proyecto europeo. Si queremos superarla hay que entender los resortes de la misma. Explicación en tres tiempos.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

La “tragedia, nunca mejor dicho, griega”, parece a punto de consumarse. No sé lo que pasará el domingo pero mucho me temo que sea cual sea el resultado de las urnas el futuro de Grecia se presenta cada vez más negro.

¿Cómo se ha llegado a esto? Una parte es lo ya sabido. Desde 2010, cuando el nuevo Primer ministro Yorgos Papandreu anunció que el déficit griego era muy superior al reconocido por el anterior Gobierno, (un 12,7% en vez del 3,7%) se han ido sucediendo los rescates por parte de la Troika a cambio de políticas de austeridad basadas en la reducción salarial a funcionarios y pensionistas, el despido de muchos funcionarios y el aumento de los impuestos, políticas de austeridad que han provocado un brutal descenso del PIB griego que justifican el nombre de “austericidio” con el que son frecuentemente conocidos. A la postre estas medidas no solo han supuesto enormes sacrificios para la población griega sino que han debilitado su economía de tal forma que cada vez está más lejos la posibilidad de que los acreedores cobren su deuda. La mayoría de los analistas, incluso en el campo de los acreedores, opinan que la deuda griega al menos la mayor parte es incobrable. De ahí que muchas voces, dentro y fuera de Grecia hayan reclamado una quita, la anulación o perdón de una parte sustancial de la deuda.

Contrariamente a lo que alguno pudiera pensar esto se ha hecho más de una vez en la Historia, desde los monarcas españoles de la Casa de Austria que declararon varias veces la bancarrota negándose a pagar a los acreedores. Pero no hace falta remontarse tan atrás. En 1953, mediante el Tratado de Londres 25 países acreedores perdonaron a Alemania el 62% de su deuda acumulada desde la I Guerra Mundial. Con esta fórmula hicieron posible la recuperación económica de Alemania, el llamado “milagro alemán”. Por otra parte EEUU, tras la II Guerra mundial aprobaron el famoso “Plan Marshall” mediante el que desembolsaron miles de millones de dólares como ayuda a la reconstrucción a la Europa devastada por la guerra. Cierto que tanto  EEUU como los acreedores de Alemania no obraron así simplemente por solidaridad. Sabían que la recuperación de Europa y de Alemania acabaría beneficiándoles  al final por la multiplicación del comercio y de los beneficios. Pero obraron con “amplitud de miras”, lo contrario de la postura de la troika con Atenas. Grecia no ha encontrado tanta generosidad en sus acreedores. La postura de Alemania y de la Troika en general se ha parecido más a la de Clemenceau cuando al final de la I Guerra mundial dictaminó el “Alemania pagará”. Es lógica la desesperación e indignación de la mayoría de los griegos, sobre todo si se tiene en cuenta que han sido 5 largos años de recesión y austeridad. Y es lógico que en las pasadas elecciones de finales del año pasado dieran el triunfo a Syriza que les prometía acabar con esas políticas.

Entrevista con Steffen Lehndorff, de la Universidad de Duisbourg-Essen

Por  Dominique BERNS

kruppAlemania va viento en popa. Saldrá de la crisis más fuerte que antes, nos asegura. Los alemanes recibirán los dividendos de la Agenda 2010 del antiguo canciller socialdemócrata Gerhard Schröder. Aquellas «reformas estructurales» fueron dolorosas: reducción del estado de bienestar, aumento de la flexibilidad en el mercado de trabajo y estancamiento de los salarios. Pero aquellas reformas explicarían los actuales procesos, que dominan en un entorno europeo retraído. El «modelo alemán» se pone como ejemplo. Steffen Lehndorff, economista de la universidad de Duisbourg-Essen, rechaza este análisis en la obra colectiva que acaba de publicarse, A triumph of failed ideas: European models of capitalism in the crisis, (“Un triunfo de las ideas que han fracasado: modelos europeos de capitalismo en la crisis”, editado por ETUI, el instituto sindical europeo de la CES ). «¡Desconfiad del modelo alemán!», nos dice.

Se pone como ejemplo a Alemania pero usted pone en cuestión el nuevo «milagro» alemán. ¿Por qué?

La historia del éxito alemán (success story) se basa en un modelo empresarial (business model) cada vez más unilateral. Nuestra industria exportadora es muy fuerte. Esto no es nuevo. Lo nuevo, por el contrario, es que esta locomotora está cada vez menos integrada en un entorno institucional que permita a la mayor parte de la misma economía y de la sociedad beneficiarse de ese éxito. A lo largo de los últimos decenios, y de forma mucho más notable desde las llamadas “reformas del mercado de trabajo” del gobierno Schröeder, hemos asistido a un aumento dramático de todo tipo de empleos precarios y con bajos salarios. En consecuencia, Los salarios medios se estancaron durante el ciclo coyuntural que precedió a la crisis —lo que es más bien inhabitual y excepcional entre los países europeos. De tal manera que el mercado doméstico se estancó lo cual limitó las posibilidades de los otros países europeos para exportar a Alemania y ello condujo a un enorme superávit de cuenta corriente alemán frente a al resto de la zona euro. Teniendo en cuenta la primordial importancia que tiene el comercio entre los países europeos, este modelo empresarial unilateral  es un lastre para el resto de la zona euro. Para decirlo sin rodeos: Alemania hace recaer sobre sus socios la desigualdad social que explota en el interior de sus fronteras.