Por Carlos ARENAS POSADAS

No es casualidad, ahora que las alternativas “de clase” parecen insuficientes como alternativas al sistema capitalista en su versión ultraliberal, ahora que se intuyen alternativas protagonizadas transversalmente por los “agraviados”, precarizados, trabajadores empobrecidos, clases medias decaídas, jóvenes sin futuro y ancianos agobiados por el futuro de sus pensiones, esto es, por  esa masa crítica que antes llamábamos “el pueblo”, que la derecha se lance con el cuchillo entre los dientes a la descalificación del “populismo”.

Por Carlos ARENAS POSADAS

A pesar de las bufonadas que se le han descrito; es más, gracias a esas bufonadas, Donald Trump ha conseguido ser presidente de los todavía unidos Estados Unidos de América. No cabe duda de que este individuo, antes master chef de un programa de cazatalentos para empresas sin escrúpulos, ha seguido su propio instinto y el asesoramiento de la gente que ha dirigido su campaña para que 60 millones de norteamericanos se hayan sentido seducidos por el mensaje borde y zafio que el truhán de pelo panocha les ha metido en la cabeza.

El tipo, una vez llegado a la Casa Blanca, que es lo que quería, posiblemente reduzca la zafiedad de su discurso y abandone lo más grosero de su casposo programa; se pondrá en manos, como lo han hecho todos los presidentes anteriores, de los poderes fácticos y aquí paz  -espero- y después gloria. El truhán, desde el primer momento, apelando a la unidad de la nación en contra de la fractura social que preconizaba, ya ha abandonado a los suyos y, tirará a la basura, qué duda cabe, las reaccionarias pero sinceras expectativas de muchos de sus votantes.

Por Carlos ARENAS POSADAS

En 1980, Ronald Reagan fue elegido presidente de los Estados Unidos de América; su popularidad como político no se debía tanto a su mediocre carrera como actor de películas de serie B, como a su eficaz aparición como anunciante de crecepelos en la televisión. 36 años después, el más devoto de los clientes de Reagan, Donald Trump, ha llegado a la Casa Blanca. Ha usado para ello el mismo poderoso influjo de los medios, esparciendo a la población  el mismo contenido basura que consume cotidianamente en el plasma del saloncito: machismo, xenofobia, discriminación, amenazas, populismo del barato, etc., etc.

Que  toda esa infamia no era más que la carnaza que se le echa a los perros para que laman tu mano, lo demuestra el discurso que acabo de oírle como futuro presidente: la acritud ha dado paso a la bonhomía, la agresividad en el tono al sosiego  y la xenofobia a la unidad de todos los integrantes de la nación americana.  ¡U.S.A! coreaban los presentes en la sala de celebraciones ante la promesa de que la nación americana volverá a pesar en el mundo, de que construirá escuelas y hospitales aunque no se sabe cómo si todos los contribuyentes siguen su ejemplo de evadir impuestos.