Por Javier ARISTU

Estamos en vísperas electorales y el panorama no ha terminado de aclararse si hacemos caso de los sondeos electorales que, como ya nos dice la experiencia, no aciertan del todo o se resbalan estrepitosamente como también demuestran algunas últimas elecciones.
Hasta entonces me voy a abstener de adelantar vaticinios y dejaremos que las fuerzas políticas que se van a presentar desarrollen sus propuestas y sus alternativas a la actual situación. Una situación nada fácil que va a producir a partir de ese 20D otro ciclo político. No creo, sin embargo, que vaya a ser acontecimiento similar al bing-bang; va a sustanciar en clave parlamentaria la modificación social que viene produciéndose desde 2011 pero no va a ser una revolución.

Por Alain SUPIOT

La Fundación 1 de Mayo acaba de publicar el discurso que Alain Supiot dio en noviembre de 2012 para celebrar su entrada como profesor en el Collège de France, prestigiosa institución académica francesa, con notable presencia de investigadores sociales. Con el título de Grandeza y miseria del Estado social, Alain Supiot desarrolla una exposición acerca de la situación actual del mismo, tras la crisis industrial de los años 70 del pasado siglo y en pleno caos financiero, analizando sus causas y abriendo vías y perspectivas muy interesantes de las nuevas formas de solidaridad. Recomendamos la lectura del texto completo en el sitio de la Fundación [DESCARGAR] La traducción ha sido realizada por Pedro Jiménez Manzorro y Javier Aristu Mondragón.  Mientras, ofrecemos un breve extracto del mismo.

 

Solidaridad en su sentido más amplio designa eso que solidifica a un grupo humano, sin prejuzgar la naturaleza y la composición del aglutinante que mantiene juntos a los miembros de ese grupo. Tiene así una generalidad y una neutralidad que no poseen ni la noción de caridad (y menos aún su avatar contemporáneo: el cuidado, care), ni  la de fraternidad (que reclama un ancestro mítico). Esta es la razón por la que el concepto de solidaridad, a pesar de un empleo delicado, conserva un gran valor heurístico para estudiar la condición del Estado social en el contexto de lo que, con un término tan impreciso como omnipresente, se llama globalización.